A 88 años del último vuelo de los legendarios Pablo Sidar y Carlos Rovirosa

El reloj marcaba las 05:10 en el llano denominado “Cerro Loco”, en el Estado de Oaxaca, México, cuando los legendarios aviadores Pablo Sidar Escobar y Carlos Benito Rovirosa Pérez, emprenderían ese su último vuelo a la eternidad enmarcado en un sinfín de preparativos militares, vuelo estaría enfocado al enlace de buena voluntad entre pueblos latinoamericanos culminando en la tragedia aquel 11 de mayo de 1930.

Y es que a estos notables aviadores abrían llegado a la cúspide aviatoria egresados de filas castrenses pues les precedía intervenciones en la época post-revolucionaria de México. Sidar había dejado atrás sus hazañas como acróbata aéreo donde era conocido como “El Loco”, pues su formación de piloto militar lo llevó a participar en los movimientos insurrectos de los años 20, de Adolfo de la Huerta,  así como en el movimiento Yaqui que reclamaba invasión de tierras y hasta la guerra Cristera donde el estado jamás ganó una batalla a la iglesia católica.

Mientras Rovirosa venia de participar en la rebelión de José Gonzalo Escobar con incursiones en vuelos de vigilancia coincidiendo con el Coronel Sidar posteriormente cuando ambos intervinieron en la guerra cristera, misma donde Rovirosa fuera derribado en Silao, Guanajuato, salvando la vida y guerra misma, donde ambos establecieran un gran vinculo y que el destino los uniría creando esa gran dupla de distinguidos pilotos aviadores.

Pero una vez tranquilizadas las turbulentas aguas revolucionarias, Sidar emprendiera en agosto de 1929 trascendental vuelo militar originado en los llanos de Balbuena en la Ciudad de México para cruzar centro y Sudamérica hasta el caribe en un biplano militar Douglas O2M bautizado “Ejercito Mexicano”  donde se hizo acompañar solo de su mecánico militar Arnulfo Cortes obteniendo como distinción la medalla “reconocimiento al mérito aeronáutico de primera clase” dado el regreso  exitoso.

Fue bajo las órdenes de Pascual Ortiz rubio quien encomendara a Sidar el traslado a nuestro país del Douglas Emsco B3 con motor Wasp C, un raro monomotor seleccionado por el departamento de aeronáutica de la entonces Fuerza Aérea Nacional –hoy Fuerza Aérea Mexicana-  construido y entregado al gobierno mexicano en Los Ángeles, California.

“El loco despega de cerro loco” así rezaba el encabezado de algún diario nacional esa mañana del 11 de mayo de 1930 mismo que hacía referencia del mote acuñado por el Coronel Sidar y del lugar de tan esperado despegue en esa zona oaxaqueña dada su expectativa a nivel nacional.

Sidar y Rovirosa terminaban los  preparativos en ese llano oaxaqueño para el despegue del Emsco B3 con matrícula X-BACO y bautizado como “Morelos” dotado de 5,000 litros de combustible y 200 litros de aceite para una travesía de 40 horas de vuelo con un recorrido de poco más de 4,300 millas náuticas que, tenia de por medio el destino la Ciudad de Buenos Aires, Argentina y siendo las 05:10 horas locales, cuando tras una prolongada carrera de despegue en medio del viento calma y una leve bruma ambos pilotos abandonaban esa tierra mexicana a toda potencia enfilando rumbo hacia latitudes sur.

Sin embargo ese mismo día y una vez caída la tarde, la noticia precedida de rumores se hizo patente con la cruda verdad, una fuerte tormenta tropical que azotaba la costas costarricenses había abatido el pesado monomotor desplomandolo en la playa conocida como “cieneguitas” en Puerto Limón, Costa Rica, acabando de facto con la vida de los ilustres aviadores cuyos restos fueron encontrados en las aun embravecidas aguas de mar.

En la actualidad los restos tanto del capitán español Pablo Sidar y su distinguido copiloto mexicano  Carlos Benito Rovirosa descansan en la rotonda de los hombres ilustres del panteón francés de la ciudad de México dejando legado de orgullo y distinción al medio aéreo.

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