A siete años del asesinato de Mexicana de Aviación

Columna – Viento en Contra

Sin afeitar, cansado, angustiado y encabronado, es todo lo que pude observar esa mañana cuando charlaba con él en los mostradores de la aerolínea, en la Terminal 1 del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México.

Le preguntaba. ¿Qué paso? Poco me sabía decir, por algún momento pensé que me tomaba el pelo, pero tristemente me di cuenta, que ese piloto que alguna vez voló, vivió el glamour de la aviación mexicana que surcó los cielos con el flamante y poderoso Boeing 727 y vivió la transición a la cabina de cristal, ya no estaba; entrevistaba – o eso es lo que pretendía hacer– a un hombre tristemente jodido, que le costaba trabajo hilar ideas, que vivía su presente inmerso en el pasado, y que la primera pregunta que yo le hice… nunca la supo responder.

No sólo existe un día negro para la aviación mexicana, abundan, pero ciertamente uno de los más penosos y dolorosos para muchos, fue ver morir a una de las principales y más longevas aerolíneas en el planeta, la extinta Mexicana de Aviación.

Dejó de existir un 28 de agosto del 2010 a consecuencia de la ineptitud y corrupción de intereses personales de Gastón Azcárraga y Grupo Posadas, y que hasta la fecha, los únicos que han pagado, son los trabajadores de la extinta, quienes perdieron su patrimonio, empleo, sueños… y unos cuantos su vida entera.

Los autores intelectuales del crimen no han pagado, y su condena les seguirá esperando. Así es, la aviación mexicana tan pequeña he insignificante que cualquier perturbación hace grandes turbulencias y deja excesivos contratiempos.

¿Y para que quedarse? La mayoría emigró a otras partes del mundo en busca de mejores oportunidades, ante el criterio reducido de algunos caciques de la aviación nacional que pretenden que en México sólo exista trabajo para los “chafiretes de aviones” “azafatas” y “chalanes”, así sale más barato.

¿Ser víctima o protagonista? Cada uno de ellos eligió su destino, algunos fueron víctimas del sistema y otros protagonistas de sus vidas. La vulnerabilidad de las empresas y los efectos colaterales que puedan dejar son abismales, más cuando se trata de compañías tractoras cómo es el caso.

Pero surgió un efecto positivo para algunas aerolíneas que hoy en día continúan creciendo, sin importar lo que pase o deje de pasar con sus trabajadores bajo el lema “nadie es indispensable”.

Un hecho que a siete años sigue dañando la competitividad del sector aeronáutico mexicano y deja para muchos una etapa que no se deberá de repetir. Quedando de manifiesto la carente gestión de las autoridades y leyes en este muy secundario país, y sindicatos perezosos que no ha podido cumplir y solucionar con sus más mínimas obligaciones y garantías, como la liquidación a los 8,500 trabajadores. 

 Quien no conoce su historia está condenado a repetirla”. Marco Tulio Ciceron.

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