Aeroméxico cumple 83 años de su primer vuelo

Por la módica cantidad de 30 pesos mexicanos cinco pasajeros, se enrolaron en una de las experiencias más importantes de la aeronáutica nacional. Era el 14 de septiembre de 1934, el capitán con estudios en la Escuela Militar de Aviación, Julio Zinser y su tripulación al manando de un Stinson SR-5A matrícula XA-AJI despegaba del Aeropuerto Internacional de La Ciudad de México con destino al paradisíaco puerto de Acapulco.

El motor Lyncoming radial R-680 de 215 caballos de fuerza impulsaba a la aeronave de patín de cola, ala alta y en todos rojos y azules por los cielos de México para aterrizar dos horas después en Playa Hornos, Guerrero uno de sus principales destinos.

Cuatro meses después, Antonio Díaz Lombardo constituyó legalmente, el 7 de noviembre de 1934, Aeronaves de México S.A., con un logo en tonos blanco y azul con un águila al centro; un tanto diferente a lo que hoy conocemos.

Sin duda el Stinson fabricado en 1934, en Wayne Michigan, se convirtió en el primer caballo de batalla de la compañía; Antonio Díaz Lombardo lo adquirió inicialmente bajo la matrícula norteamericana NC14163.

Tan sólo en los primeros tres meses, el avión realizó 45 vuelos redondos entre México y Acapulco, y operó rutas especiales hacia Tehuacán, Puebla, Ometepec y Oaxaca.

Para la década de 1940 Aeronaves de México, comenzaba a incrementar su flota y alcanzaba nuevos destinos. Los primeros aviones de la aerolínea fueron los Beechcraft 17, cuatro Bellenca Pacemaker CH-300, tres Boeing B-247 y cinco Avro Anson, y otros tantos más que volaban principalmente a los estados de Oaxaca, Guerrero, Michoacán, Sinaloa, Sonora y la península de Baja California.

El escudo de Caballero Águila, símbolo mexica de guerreros élite, ha sido el ícono que ha distinguido y posicionado a la marca en todo el mundo. Desde 1934 hasta la fecha, se han diseñado nueve logotipos que han sufrido varios cambios.

De hecho, los dos primeros logos lucían sólo un águila en vuelo, fue hasta 1960 cuando el escudo lució el primer caballero águila, algo parecido a lo que hoy conocemos.

Después de la Segunda Guerra Mundial, las nuevas aeronaves comenzaron a llegar, se trataban de aviones más grandes como los DC-3, DC-4 y Convair 340, que podrán transportar hasta 54 pasajeros, logrando así, la expansión hacia otros destinos.

La década de 1950, sería marcada por la llegada de sus primeros aviones jet, como fue el DC-8, el primer avión de este tipo para la aerolínea y los Bristol Britannia 302 denominado “El gigante silencioso” que fue el avión que realizó el vuelo inaugural y primer internacional entre la Ciudad de México y California el 29 de noviembre de 1957 y un mes después el mismo avión realizaría otro inaugural hacia Nueva York el 8 de diciembre de 1957.

El glamour de la época y el destino neoyorquino hacia que los sobrecargos tuvieran hasta cuatro uniformes diferentes para atender a los 92 pasajeros en el vuelo. El avión estaba dividido en dos secciones, Primera Clase con todo y un salón para fumadores y Clase Turista.

Los alimentos eran preparados a bordo la aeronave y se servía en vajilla y fina cristalería, algo que hoy en día ya no se realiza debido al incremento en el peso en la aeronave y al alto consumo de combustible que representa transportar estos utensilios.

En 1960 Aeronaves de México suma 22 equipos en su flota, volaba a 23 ciudades y ya había transportado cerca de 416,419 pasajeros.

Panamá, Caracas y Bogotá se sumaron al portafolio de destinos y, el siguiente año, el DC-8 completó el itinerario México- Miami-Madrid. Al festejar 30 años de operaciones, Aeronaves de México recorría 45 mil kilómetros para tocar 40 ciudades. Ese año 673,329 viajeros fueron parte de la experiencia.

El 4 de marzo de 1968, el DC-6 voló́ por última vez, siendo la primera línea latinoamericana en presentar una flota integrada solamente por jets.

El nombre de Aerovías de México por Aeroméxico se modificó en el año de 1971, y en ese mismo año llegaba el DC-9, ideal para operar rutas con poca demanda y aeropuertos no adecuados a los jets modernos, al mismo tiempo que ahorraba tiempo y combustible – y el DC-10 – un jumbo, capaz de realizar vuelos transoceánicos.

El resultado fue contundente: en 1974, Aeroméxico viajó con 2 millones 654 mil pasajeros. Bajo el mismo espíritu que buscaba aumentar las frecuencias, diseñar itinerarios útiles para los viajes de negocios, la mirada se fijó́ en las rutas regionales.

 En 1990 nuestra aerolínea compró Aerolitoral (que hoy se ha convertido en Aeroméxico Connect) y para ella destinó seis ejemplares del Fairchild Metro III que pronto llegaron a ser 27.  Se les unieron otros seis Saab 340, de la ensambladora sueca famosa por sus automóviles.

Al año siguiente comenzaría la exitosa relación de Aeroméxico y Boeing. El 29 de mayo, el Boeing 767 realizó el primer vuelo a Europa sin escalas. Se establecieron dos frecuencias semanales: una a Madrid y otra a París. El 13 de abril de 1999, con la llegada del vuelo AM006 de París al Distrito Federal, Aeroméxico completó un millón de operaciones. 

Con capacidad para 277 pasajeros, el Boeing 777, el avión comercial más grande en ese momento completó el 16 de noviembre de 2006 el primer recorrido México-Tijuana-Tokio. Sus dimensiones, innova- ciones tecnológicas – como el sistema fly-by-wire (operado digitalmente) – y el alcance, lo volvieron el estandarte con el que Aeroméxico eligió llegar a Asia. Un año y medio después, esa misma aeronave inauguraba la ruta México-Tijuana-Shanghái.

El legado del Boeing 777 es de responsabilidad y compromiso: ser la aerolínea más moderna del país. La embarcación que recibió la batuta es el 787 Dreamliner. 

Una aerolínea que, sin duda, continuará escribiendo su historia.

Con información de Aeroméxico.

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