Aeronautas mexicanos desde finales del siglo XVIII al final del XIX (Parte 1)

Por:  Luis Enrique Gaxiola Baqueiro

Miembro activo y representante en Europa de la SMEAL

Introducción

El presente trabajo que se presentará en este espacio, en partes, tiene carácter histórico-informativo, muestra una semblanza y hace el repaso de algunos de los personajes mexicanos más destacados e hitos más importantes alcanzados por ellos en la historia de la aerostación.  

Se lleva a cabo un breve repaso de la situación histórico-política del tiempo en que dichos personajes emprendieron sus aventuras y se analiza a juicio del autor del presente trabajo el impacto de las mismas en diversos aspectos (social, tecnológico, cultura popular, etcétera).  

Los personajes históricos que aquí se incluyen son: José María Alfaro, León Benito Acosta Rubí, Joaquín de la Cantolla y Rico (probablemente el más conocido de todos y el más arraigado en la cultura popular mexicana) y finalmente se hace una sucinta mención a Donaciano Sabino Escarreola.  

Aunque el primer personaje mencionado en esta lista efectuó su vuelo cuando oficialmente México todavía no era una nación independiente de España (México obtuvo su independencia en 1821), vale la pena mencionarlo por la relevancia que su trabajo y avances significaron para la época.  

Si bien, desde el punto de vista técnico, es muy probable que por la naturaleza del vuelo aerostático las aportaciones a la ciencia del vuelo mecánico no hayan ocurrido de manera totalmente directa, sí que es evidente el impacto que los vuelos de los primeros aeronautas mexicanos tuvieron tanto en territorio nacional, como en naciones hermanas, dejando una semilla que posteriormente daría frutos en el despertar de la vocación de pilotos, técnicos e investigadores.

Este trabajo no está orientado en lo absoluto hacia la controversia o la polémica, sino exclusivamente hacia el acercamiento informativo y el interés general, con un matiz anecdótica y en algunos puntos, incluso lúdicos.

Antecedentes históricos de la aerostación

La aerostación es una de las formas más antiguas desarrolladas por los seres humanos para volar. Tiene su fundamento en un principio de física básico: un volumen de gas encerrado en una contención o velamen que lo aísla del aire o gas atmosférico, existiendo una diferencia de densidades entre el aire atmosférico y el gas retenido dentro de la contención o velamen.  

Dicha diferencia entre gases puede deberse a la concentración misma del elemento utilizado por ejemplo, helio o hidrógeno, o a la temperatura (en el caso de calentar el propio aire atmosférico retenido dentro del globo). Cuando el artefacto volador cuenta además con un medio propulsor y capacidad de maniobra se le conoce entonces como dirigible, en caso contrario, se le conoce como globo aerostático.

Los primeros intentos exitosos documentados en la utilización de este principio de la física para vuelos tripulados, son los atribuidos al sacerdote jesuita brasileño Bartolomeu Lourenço de Gusmão (en 1709) y por los hermanos Joseph y Jacques Montgolfier (en 1873). 

Los pioneros en México

José María Alfaro Guiles

Casi diez años después de la demostración pública de 1783 llevada a cabo por los hermanos Montgolfier, se tiene registro de que José María Alfaro Guiles, originario de Tuxpan (en el actual estado mexicano de Veracruz) efectuó un vuelo entre las ciudades de Xalapa y Coatepec (del mismo estado) el 18 de mayo de 1784, iniciando el vuelo desde las llanuras conocidas como “Los Berros” y terminando su viaje en un valle en lo que en aquel entonces era la entrada de Coatepec, recorriendo un total de aproximadamente nueve kilómetros y alcanzando una altura de 800 metros en su nivel más alto.  

El globo tenía aproximadamente 10 metros de altura, y capacidad para transportar a dos personas (Ramírez Rodríguez, 2012).  El viaje lo hizo Alfaro Guiles, no obstante, sin compañía. Desafortunadamente la historia lo tuvo casi dos siglos en el olvido, hasta que, de acuerdo con Ramírez Rodríguez, al hacer una revisión meritocrática de la nomenclatura de las calles de Xalapa, especialistas de la historia local xalapeña rescataron su memoria. De dicha investigación se logró recuperar la información de que tuvo cuatro hijos y que pasó casi toda su vida en la calle que actualmente lleva su nombre en la ciudad de Xalapa.  

La Gazeta de México” (sic) publicó al día siguiente de la hazaña de Alfaro Guiles: “Quedase fabricado en este pueblo un globo aeróstato semejante al que expresan las últimas gacetas de Madrid, trabajado por José María Alfaro: consta como de 18 varas castellanas y se cree tenga el efecto que se desea, según el arreglo y cuidado con que se ha construido, lo que se avisará al público”.

De Alfaro Guiles se sabe, adicionalmente y por lo publicado en aquellos años, que no limitó sus inquietudes exclusivamente a la aerostación, sino a la ingeniería en general, terreno en el cual era también reconocido. Algunos de los encargos que la administración pública le asignó, fueron la reparación del reloj de tecnología inglesa de la Iglesia Parroquial de la Inmaculada Concepción (catedral de Xalapa) y la construcción de estrados y gradas para el festejo de la proclamación de Fernando VII de España.  Se sabe que José María Alfaro murió el 22 de julio de 1813 (Calderón, 2013).

Benito León Acosta Rubí

Originario de la ciudad de Guanajuato, en el estado que hoy tiene el mismo nombre, nació el 10 de abril de 1819 (Rodríguez, 1995), aunque la placa conmemorativa en la fachada de la casa donde nació, así como el autor Luis Caballero Villafranca, mencionan que su nacimiento ocurrió el 11 de abril.  

Al iniciar sus vuelos aerostáticos en el México independiente es considerado por algunos autores como el primer mexicano que ondeó el pabellón nacional desde el aire, una semana antes de su cumpleaños número veinticuatro, el día 3 de abril de 1843, en una incursión aerostática que inició en la entonces Plaza de San Juan (por la Presa de la Olla), para finalizar su recorrido de una manera por demás anecdótica – como ya se explicará más adelante – piloto y nave, en diferentes sitios.

Hijo de José Tomás Acosta y de María Úrsula Rubí de Celis, efectuó sus estudios en la Escuela de Minería de la Ciudad de México. Obtuvo el privilegio del entonces presidente, Antonio López de Santa Anna, de ser por tres años el único aeronauta al que se le autorizasen los vuelos sobre cielo mexicano (Macías Muñoz, 2011).

Su segundo vuelo, que de acuerdo a las fechas expuestas por las fuentes bibliográficas consultadas entra en conflicto cronológico con el primero (y por tanto en el presente trabajo no se cita), fue dedicado en propias palabras del aeronauta “al bello sexo de mi país” (Rodríguez, 1995).

Algunos autores como Francisco Sauza Vega, cronista de Apaseo el Alto, consideran a Benito León Acosta como el pionero de esta disciplina en el México independiente.  En un artículo escrito por Luis Caballero Villafranca en 1993, el autor menciona que Benito León Acosta, antes de realizar el famoso ascenso del 3 de abril de 1843, ya había efectuado cinco ascensos anteriores, aunque cortos en relación al ya antes mencionado.

La nave utilizada por Benito León Acosta, de acuerdo a Caballero Villafranca, era de seda y estaba recubierta por una red del mismo material.  Desde el principio mismo del viaje se adivinó que el mismo sería azaroso, pues el viento le fue contrario y el globo fue llevado sin control, a través de la sierra, con rumbo a Dolores Hidalgo, hasta que Benito pudo divisar un punto donde le pareció factible y seguro iniciar la maniobra de descenso.

Ancló pues el globo amarrándolo a una nopalera, sin haber él descendido, cuando un golpe de viento combinado con la fuerza boyante del globo, arrancaron la parte de la cactácea donde estaba amarrada la nave, comenzando a elevarla nuevamente por el aire. Así pues, como desesperado recurso final, se deslizó utilizando el cordelaje del globo y saltó, por fortuna sin llegar a fracturarse, aunque sufriendo algunas contusiones y arañazos. Mientras tanto, la nave se había vuelto a elevar, perdiéndose en el aire.

Al final, no le quedó otra a Benito León Acosta que “desandar el camino” a pie. En esto estaba cuando se encontró con un grupo de jinetes, quienes con una mezcla de curiosidad y buena voluntad lo acompañaron de vuelta a Guanajuato.

Mientras tanto, en Guanajuato – continuando con la narración de Caballero Villafranca – el jefe político, Don Jacinto Rubio, al enterarse que el aeronauta volvía a la ciudad, se apresuró a acudir a su encuentro y recibimiento.  

Sobra decir que Benito fue considerado y tratado como héroe, organizándose varios festejos en su honor que incluyeron bailes, funciones de teatro y la develación de placas conmemorativas, una de ellas en la casa donde había nacido.

En uno de estos festejos, de acuerdo con el autor antes mencionado, fue coronado por la señorita Margarita Taboada – posteriormente esposa de otro personaje histórico mexicano, Mariano Abasolo – y aclamado por el público asistente como “primer aeronauta mexicano nacido en Guanajuato”.   

Como dato curioso, la nave de Benito León Acosta, una vez finalizado su recorrido sin piloto, terminó en un lugar muy diferente: Río Verde, en el estado mexicano de San Luis Potosí, siendo posteriormente devuelta por las autoridades de dicho lugar.

De Benito León Acosta se sabe adicionalmente que además de su pasión aeronáutica, era también un destacado profesionista del área contable, llegando a ser director del Instituto Comercial y catedrático de Aritmética y Contabilidad en partida simple y doble (Rodríguez, 1995).

Falleció en la Ciudad de México, aunque las fuentes consultadas difieren en la fecha, consignándola una de ellas el 28 de octubre de 1886 (ver Imagen 1), y otra en 1885 (Rodríguez, 1995) sin especificar esta última la fecha exacta.

Deja tu comentario.

También te podría gustar...

PHP Code Snippets Powered By : XYZScripts.com