El día que el Escuadrón 201 izó la bandera mexicana en el lejano oriente

Para algunos, hablar del Escuadrón 201 y la participación de México en la Segunda Guerra Mundial, es cosa de ficción o algo que quedó empolvado en el pasado. Sin embargo, su legado va más allá, ya que representaban a una nación, que en otras condiciones habría tendido los brazos a cualquier país del orbe, pero que en Mayo de 1942, sufrió el hundimiento de varios buques con bandera mexicana en aguas del Golfo de México mientras navegaban como país neutral efectuando trayectos al servicio de Petróleos Mexicanos.

Lo más grave de estas acciones bélicas de la Alemania Nazi fue la pérdida de vidas humanas, de marinos pertenecientes a la Marina Mercante y la Armada de México, quienes realizaban su trabajo sin fines militares.

Dichas afrentas obligaron a que el presidente de la nación, General Manuel Ávila Camacho, declarara el Estado de Guerra entre México y los países del Eje en ese aciago año. A partir de ese momento las actividades militares se multiplicaron y llegaron al país los primeros aviones destinados a patrullar nuestras costas.

Como siguiente acción se envió a Estados Unidos de América a diferentes grupos de pilotos, mecánicos y personal especializado para que se perfeccionaran en operar los modelos que se estaban preparando para dotar a la Fuerza Aérea Mexicana, seleccionándose el caza-bombardero Republic P-47, para que el recién creado Escuadrón 201 (1944) apoyara las acciones de los Países Aliados en una etapa crucial del devenir de la guerra.

Una vez entrenado el personal, se hizo una selección de 300 hombres que fueron enviados por barco desde las costas norteamericanas a las Islas Filipinas donde tendría acción el escuadrón mexicano, arribando al Puerto de Manila, de donde se movilizaron en ferrocarril a la Base de Clarck Field, en Porac, lugar que sería el hogar de los militares mexicanos.

Fue así como el 2 de mayo de 1945, los integrantes del Escuadrón de Pelea 201 de la Fuerza Aérea Expedicionaria Mexicana (FAEM), izaron la bandera de México, le rindieron los honores militares y entonaron el Himno Nacional, en medio de la guerra, en una tierra hostil, lejana y con características muy distintas a la nación que los vio nacer.

El improvisado campamento con barricadas y los esenciales servicios fueron puestos en marcha mientas se planeaban las misiones y se recibían los primeros aviones (prestados) que además de muy usados, no se encontraban en condiciones óptimas de vuelo, por lo que el personal de mantenimiento de la FAEM, debió pasar por días muy largos y extenuantes jornadas para tener los aparatos a punto.

Los sacrificios a que debieron someterse los mexicanos implicaban el riesgo de ser atacados, de contraer enfermedades y de que sus aviones fuesen agredidos por aparatos japoneses que , además de avanzados, eran operados por pilotos que estaban decididos a todo, hasta a enfrentar la propia muerte como parte de una filosofía ancestral.

Mayo de 1945 marcó el rumbo de México al iniciar hostilidades contra un enemigo poderoso y dispuesto a entregar todo a cambio de sus ideales costumbres, y considerando que era la primer y hasta ahora única vez que nuestro país participaba en una guerra.

El abastecimiento de armamento resultaba vital para que los P-47 “Thunderbolt” de la FAEM cumplieran sus misiones, muchas de ellas protegiendo convoyes marítimos, otras, de ametrallamiento contra posiciones japonesas, y las más devastadoras, las involucradas con el bombardeo de puntos vitales, resultado de trabajos de inteligencia que coordinaban los mandos Aliados.

En total cinco pilotos perdieron la vida en diferentes acciones, lo que nunca doblegó el espíritu del grupo y que los llevó a tener una destacada participación en la contienda. El General Antonio Cárdenas Rodríguez, junto con los líderes de las escuadrillas, planeaban las misiones que debían hacer cada día y el personal de mantenimiento y abastecimiento preparaba los aviones para tenerlos a punto cada día, para cualquiera de sus misiones.

Cabe destacar que de los pilotos que formaron parte de este agrupamiento, el Coronel Carlos Garduño Núñez destaca por ser el último piloto latinoamericano al servicio de los Aliados que aún vive. A sus 97 años de edad, cumplidos el pasado 12 de mayo, Garduño es un símbolo de una generación de pilotos de combate que debió innovar las técnicas existentes, penetrando las líneas enemigas con ataques en picada, no desarrollados para un avión de combate tan potente y pesado como lo era el P-47. Con este texto, la SMEAL hace un homenaje a esos héroes de la aviación mexicana.

Por: Alfonso Flores – Vicepresidente de SMEAL

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