Escuelas de vuelo y la formación “pilotos al vapor”

Vaya la situación que algunas aerolíneas se tienen que recetar al momento de aplicar exámenes al momento de que los aspirantes a piloto aviador quieren concursar, y es que, gastar millones de pesos en evaluaciones que en su mayoría terminan en los “botes de basura”, deja al descubierto la precaria falta de formación teórica y práctica que tienen estos pilotos construidos “al vapor” y que simplemente no cumplen con las características y estándares que piden las compañías aéreas, por decir lo menos.

Recordarán aquella época complicada para la búsqueda de empleo en la aviación –por ahí de la década de los noventa- donde era un viacrucis obtener una carta para concursar en alguna aerolínea. Ese “pase de abordar”, solamente es concedido por el Sindicato de Pilotos Aviadores de México (ASPA).

Por supuesto los preferidos para concursar y ser evaluados eran los hijos de pilotos, sobrecargos bien amparados y cuates de los aquellos líderes sindicales que, a merced de sus placeres decidían a dedazo quien entraba y quién no.

Los denominados “de la calle”, que significa, persona non grata por no tener sangre aeronáutica, siempre se quedaban “chiflando en la loma”, por la discriminación de un sindicato –y que desafortunadamente lo continúa haciendo- a pesar de cumplir con todos los requisitos requeridos y en algunos casos, un mejor conocimiento que los aviadores de cuna.

Ahora la situación es distinta, el crecimiento y las nuevas oportunidades en la industria aeronáutica nacional hacen que los centros –principalmente de formación- produzcan “pilotos express”, donde las horas de vuelo y teóricas se “reducen” de tal forma que no cumplen con los estándares requeridos, efecto que propone una formación a la mitad, por no decir mediocre.

En ocasiones las aerolíneas se han convertido en escuelas de vuelo, y es que sinceramente sale más barato formarlos como uno quiere y se debe, y de paso ahorrarse varios cientos de miles de pesos en evaluaciones, que desecharlos y esperar en la puerta hasta que lleguen los correctos, y es que sencillamente los tiempos y necesidades no les da.

Horas de vuelo compartidas, de papel, no efectivas, teoría a medias, etc., son algunas de las prácticas que realizan algunas escuelas de vuelo en México, sin que sean sancionados por la autoridad aeronáutica, misma que supuestamente debería de velar dichos estándares, pero desafortunadamente no existe un plan de acción ante tal situación.

Hasta el momento ha sido muy complicado conseguir datos certeros sobre la calidad y nivel de formación de los egresados de las escuelas de vuelo, y es que no existe un órgano garante que evalúe los niveles del que instruye y del instruido, haciendo ambigua la calidad de formación.

Desde el año 2008, la Auditoria Superior de la Federación (ASF), encontró grandes deficiencias, rezagos e incumplimientos de la Dirección General de Aeronáutica Civil (DGAC), dentro de los programas de verificaciones técnico-administrativas y que se realizan cada año dentro de las escuelas de vuelo –entre otras entidades- y que debido a la ambigüedad con la que se realizan las inspecciones y se determinan las sanciones, deja mucho que desear.

Saber que escuelas de vuelo les apuntan a los alumnos en su bitácora “horas de papel” (es decir no reales) es no más que una estrategia para reducir costos de operación y encontrar un “ganar-ganar” entre la escuela y el alumno.

Los rezagos educativos son diversos, aquí algunos:

  • La autoridad no considera evaluar las aptitudes y conocimientos del instructor, lo que convierte al personal en todólogos.
  • No existe una evaluación seria para conocer el nivel de rendimiento y/o académico del alumno y tampoco del instructor.
  • Se desconoce el número “ideal” de aeronaves que debe de tener una escuela para una instrucción adecuada.
  • No existe una adecuada metodología del aprendizaje acorde a las necesidades de la época.
  • No se cuenta con simuladores certificados por la autoridad, en su mayoría son “hechizos”.
  • Existen violaciones a la legislación vigente y reglamentos dentro de las verificaciones técnico – administrativas, por la corrupción imperante entre los inspectores y dueños de los centros.

Por último, en algún momento se pensó que la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y el Instituto Politécnico Nacional (IPN) fueran también formadores y capacitadores de la carrera de piloto aviador, una idea ya no tan descabellada en estos tiempos, donde se requiere de muchos pilotos, y que podría meter en serios problemas a aquellas escuelas de vuelo que no cumplen con los estándares requeridos.

Esperemos que esas escuelas de vuelo “patito” no sean impunes, dejen de operar y que sean sancionadas con todo el rigor de la ley, ante prácticas que llevan en definitiva a la muerte de los estudiantes de formación.

Queda mucho en las manos de los alumnos, elegir la mejor institución y que no les vaya a dar “gato por liebre”. No compres documentos falsos, no permitas horas con otros alumnos, recuerda que la hora de vuelo debe comenzar a contar una vez encendido el motor.

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