Estos fueron y son los aviones presidenciales en México

La aviación presidencial y sus aeronaves tienen una añeja historia en nuestro país. Fue desde el inicio mismo de esta actividad en México que desde el gobierno se le prestó atención.

Tanto Porfirio Díaz como Francisco I. Madero vieron las ventajas de estos novedosos aparatos, por lo que aprobaron la adquisición de éstos con fines militares y así llegaron los primeros aviones provenientes de la fábrica Moisant, de Estados Unidos en el año de 1912 (De hecho, el presidente Madero pasó a los anales de la historia como el primer Jefe de Estado en el mundo en viajar en un avión el 30 de noviembre de 1911).

Durante la Revolución Mexicana la aviación tuvo actividad en diferentes frentes y bandos, las primeras instalaciones fabriles fueron creadas bajo la tutela y apoyo del presidente Venustiano Carranza y el General Plutarco Elías Calles, quien no solo apoyó su uso, sino que voló para observar posiciones y atacar al enemigo con la sorpresa que la aeronáutica puede ofrecer como beneficio de quien la posee.

Más adelante, con fines civiles, el gobierno de Álvaro Obregón expidió en el año de 1921 la primera concesión a una empresa privada para explotar el servicio de transporte de personas, express y carga por vía aérea, fue el inicio de la aviación comercial con el nacimiento de la Compañía Mexicana de Transportación Aérea con la ruta Ciudad de México–Tuxpam, Veracruz–Tampico, Tamaulipas, empresa que tres años después se transformaría en Mexicana de Aviación, la aerolínea más antigua del país hasta el cese de sus operaciones en agosto de 2010.

En aquélla época los presidentes se movían por tierra en virtud de que no existían aviones con cualidades y avances tecnológicos que los hicieran confortables y seguros, sin embargo, Plutarco Elías Calles subió a un Fairchild de Mexicana de Aviación durante la visita de Charles Lindbergh a México en el mes de diciembre de 1927.

Para la siguiente década el propio Calles, Álvaro Obregón y su sucesor, Lázaro Cárdenas del Río usaron el novedoso medio de transporte para trasladarse a distintos puntos de la geografía nacional y cumplir con sus obligaciones, dejando de lado el afamado “Tren Olivo” que se utilizaba para misiones presidenciales y que fue objeto de tantos eventos históricos en sus largos años de servicio.

Durante la Segunda Guerra Mundial, tras declaratoria del Estado de Guerra entre México y los países de Eje Berlín-Roma-Tokio, por parte del general Manuel Ávila Camacho, la aviación militar se modernizó con la llegada de novedosos aparatos, los más desarrollados en la época y en los cuales, tanto los militares como sus altos mandos, se movilizaron por todo el territorio en aeronaves de mayor peso, potencia y alcance que los que existían entonces en el país.

Fue así como llegaron los primeros aviones que formaron la columna vertebral de los transportes aéreos del gobierno, tanto así que a la llegada a la presidencia del veracruzano Miguel Alemán Valdéz, una de las primeras acciones de su equipo fue la incorporación de un Douglas C-47, versión militar del reconocido Douglas DC-3 para ser acondicionado como aeronave del presidente, aparato que recibió el nombre de “El Mexicano” y que hoy en día se conserva como monumento en el Hangar Presidencial, en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM).

A partir de ese momento otros modelos similares y de mejor rendimiento se fueron convirtiendo en las primeras unidades de transporte del Poder Ejecutivo Federal. A la lista se suman un Convair 240, los Douglas C-54 y DC-6, hasta la llegada de los primeros aviones a reacción cuando el presidente Adolfo López Mateos los empleó para giras a Estados Unidos y Sudamérica, viajando a bordo de un De Havilland Comet de Mexicana de Aviación y de los Douglas DC-8 de Aeronaves de México.

Y en esta ruta, la Presidencia de la República compró aparatos turbohélice Fairchild F-27 con los que el presidente López Mateos se movía en el interior del país, hasta que se llevó a cabo la adquisición del primer avión “Jet” durante el gobierno de Luis Echeverría Álvarez (1970-1976) al que siguió un avión rentado Bac 111 durante la transición presidencial a favor de José López Portillo, gobierno en el que se compran los primeros aviones propios de gran calado: dos Boeing 727-100 con los cuales el presidente viajó por todo el mundo gracias a los tanques adicionales de combustible que se adaptaron a las dos aeronaves.

Pero fue en el gobierno de Carlos Salinas de Gortari que se da un brinco –y vuelco– al adquirir el gobierno anterior un Boeing 757-200 el cual se criticó por ser un gasto excesivo y un avión demasiado grande para transportar al presidente.

Sin embargo, las críticas de entonces serían superadas en nuestros tiempos, cuando el pasado gobierno de Felipe Calderón anunció la compra de un Boeing 787-9 “Dreamliner” que fue recibido por el gobierno actual de Enrique Peña Nieto y cuya adquisición ha sido denostada por los altos costos del avión a precio comercial.

Pero este aparado en realidad formó parte del programa inicial de Boeing para dicho modelo y que sirvió como avión de prueba durante el proceso de certificación del 787, mismo que tuvo fuertes tropiezos por problemas técnicos.

Finalmente, durante el actual sexenio, se han demostrado las ventajas que tiene el uso del avión a pesar de los costos que conlleva un aparato de sus características y que en el entorno presente parece un aparato de lujo en comparación con los que tienen otras naciones del orbe.

Por: Alfonso Flores

Vicepresidente de la Sociedad Mexicana de Estudios Aeronáuticos Latinoamericanos

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