Falta de liderazgo en las aerolíneas; un mal que afecta la seguridad operacional

Para este día, seguramente todos ustedes ya han conocido la historia de una Asistente de Vuelo transmitida en video a través de redes sociales y ampliamente distribuido tanto en medios tradicionales como especializados en aviación como lo es Transponder 1200.

Es un tema muy delicado y en esencia legal, pero hoy lunes, me permito platicar con ustedes una variable que no se ha tratado al calor de la discusión principal, esa variable es tan sencilla como difícil de encontrar, se llama virtud moral.

La definición que quiero tomar de la Real Academia de la Lengua al respecto de la virtud moral dice lo siguiente:

Hábito de obrar bien, independientemente de los preceptos de la ley, por sola la bondad de la operación y conformidad con la razón natural”

Continuamente escuchamos quejas en la industria aeronáutica al respecto del trato que dan algunas aerolíneas hacia sus empleados; falta de reconocimiento profesional, bajo salario, elevadas horas de vuelo y jornada, inconsistencia en el pago de viáticos, incumplimiento de primas vacacionales, Afore, Seguro Social entre otros.

La plática terminaría muy pronto si nos dedicamos únicamente (y con razón) a culpar a las Gerencias y Direcciones de las omisiones anteriores e incluso, de fomentar el terrorismo laboral, cierto, ellos son responsables e incluso culpables, pero, se nos olvida un detalle, las sillas de esas Gerencias y Direcciones están ocupadas por personas que desafortunadamente, en una amplia mayoría, carecen desde la cuna o se les ha olvidado con el tiempo el ejercicio de la virtud moral.

Ahora bien, sería hipócrita no hablar de aquellos quienes ocupan un asiento en las cabinas tanto de Pilotos como de Pasajeros quienes tampoco obran en favor del bien independientemente de lo que los manuales de operaciones, cursos de factores humanos, reprogramación neurolingüística industrial y pláticas motivacionales orienten a hacer, es decir, tratar con un mínimo de decencia al otro.

No me queda claro si es exclusivo en Latinoamérica ese fenómeno tan odiado como lo es el “mareo en el ladrillo”, es decir, aquella persona que es promovida a un puesto o cargo con peso en la estructura de la empresa y que como tarjeta de presentación recurre al amedrentamiento o la violencia gerencial para imponerse en lugar de hacer que el trabajo fluya de manera pacífica.

De lo que si podemos estar seguros es que, para mala fortuna, no se nos ha enseñado a ser verdaderos líderes, no confundamos liderazgo con adoctrinamiento gerencial.

Mucho se habla en los cursos de CRM (Crew Resource Management) del tema de liderazgo y pocos lo reconocemos, pero, hay una carencia evidente de liderazgo en las cabinas, esto es tanto generacional como cultural.

En el bagaje social de un individuo, se incluyen tanto carencias afectivas como estímulos perversos que hacen reacción violenta al tener de repente y sin preparación, un puesto o cargo organizacional de trascendencia lo que afecta en la relación con otros y el ambiente laboral-personal se va enrareciendo al punto de llegar a contaminar la organización completa cuando multiplicamos el número de individuos con carencia afectiva, violencia de acción y palabra que ejercen una función gerencial o directiva dentro del organigrama.

¿Se puede aún salvar una organización (empresa) contaminada por aquellas personas con cultura social deficiente y de nula carga de virtud moral?

Si, en tanto durante la selección de candidatos haya un estudio del perfil social, cultural y ético de la persona que se pretende contratar.

Aunque, sabiendo esto, cuestionemos si de entrada esas empresas donde se violenta la relación laboral y personal, es práctica obligada o impuesta adrede por los empresarios y sus inversionistas para sacar beneficio de algo, porque de la seguridad operacional, estoy seguro de que no.

¡Vuelos seguros para todos!

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