Lo que el mar se llevó no fue sólo un avión

Han pasado 35 meses, 158 semanas, 1099 días, y hasta la fecha, se desconoce el paradero del Boeing 777-200ER que operaba el vuelo MH370 de la aerolínea Malaysia Airlines desapareció de los radares durante las primeras horas del 8 de marzo del 2014 con 239 almas a bordo.

En las últimas décadas, la industria aeronáutica ha invertido millones de dólares para preservar la seguridad operacional de cientos de vuelos que surcan el cielo todos los días; la aviación ha demostrado con el paso del tiempo que es el transporte más seguro del planeta, a pesar de las trágicas escenas que podemos presenciar.

Todos los días, pilotos, sobrecargos, controladores, oficiales de operaciones, en fin, todo el personal técnico aeronáutico, se suman a las tareas de capacitación para disponer de todas las herramientas posibles y erradicar los accidentes e incidentes dentro de sus compañías.

El vuelo MH370 se convirtió en uno de los escenarios más complejos de búsqueda e investigación en la historia de la aviación, desde los primeros accidentes aéreos hasta los más recientes, ninguno se compara al hecho, y mucho menos si sumamos la inversión millonaria que se depositó en las misiones de rescate y búsqueda del Boeing 777 matrícula 9M-MRO.

Tan sólo durante el primer mes de búsqueda, se invirtieron 44 millones de dólares, si esa cantidad la multiplicamos por los meses transcurridos nos da un resultado de 1,540 millones, aunque este número –incierto- podría aumentar considerablemente.

No fueron suficientes los aviones de búsqueda, las mentes más brillantes de investigación, los gobiernos, los submarinos, los satélites en órbita y los millones de dólares destinados para poder conocer el lugar y las causas del accidente. Fue la marea que devolvió sólo algunos restos que supuestamente pertenecen al avión, en las costas de las Islas de Pemba, Tanzania, Sudáfrica, Mozambique y Madagascar.

Desde el conocimiento de la desaparición, salieron a la luz hipótesis y teorías conspiratorias, que, si bien muchas de ellas pueden ser descartadas, otras se convierten en las únicas respuestas al accidente. Los investigadores y expertos en la materia coinciden que después de un accidente aéreo el tiempo para conocer las causas que originaron la tragedia es de 1 año.

A pesar de las ambigüedades en la investigación, piezas clave como los ATSB y los satélites Inmarsat, dotaron de una cantidad significativa de datos de posición, tecnología que fue utilizada casi seis meses después de la desaparición; inicialmente se buscó en un área de 60,000 kilómetros cuadrados en el sur Océano Índico, motivados por los últimos datos de los radares, satélites y las voces de los pilotos que nunca más volvieron a ser escuchadas.

El vuelo que partía del Aeropuerto Internacional de Kuala Lumpur (Sepang) hacía la capital de China, Beijing, perdió contacto aproximadamente a 90 millas náuticas del Golfo de Tailandia. Durante su ruta, el radar primario de los militares de Malasia detectó que el Boeing 777 desvió su curso al noroeste a lo largo del estrecho de Malaca. Justó después, el avión se perdió del radar y los datos habían demostrado un cambió de curso inexplicablemente en dirección hacia el sur.

Intentos fallidos de comunicación vía radio realizadas por Subang Centro a las 01:22L -las cuales nunca fueron contestadas- confirmarían la desaparición de la aeronave dentro del espacio aéreo, esto 40 minutos después del despegue de Malasia cuando se encontraba a un nivel de vuelo de 35.000 pies.

New information from the Thai government bolsters the belief that missing Malaysia Airlines Flight 370 took a sharp westward turn after communication was lost.

Al comienzo, se tenían sólo las grabaciones y los datos del Transponder, que, según el Primer Ministro de Malasia, fue desactivado deliberadamente y que no existía duda de que el avión habría terminado al sur del Océano Índico al oeste de Perth, Australia, gracias a los datos calculados por Inmarsat.

La suma de experiencia es de 21,128 horas de vuelo por los dos pilotos al mando de la aeronave, que, según algunas teorías, como la de planeo, sugiere que, al momento de la pérdida de contacto, los pilotos volaron 100 millas náuticas y se quedaron sin combustible realizando un amarizaje controlado. Este hecho se contrapone con los datos satelitales Inmarsat que muestran un descenso de 15,000 pies por minuto, generando casi 4 gravedades.

Un grupo independiente conformado por 20 pilotos, científicos, ingenieros y expertos en la aviación de EE.UU., Reino Unido, Alemania, Suecia, Francia, Singapur, Canadá, Nueva Zelanda y Hong Kong, se sumaron a la búsqueda de información.

El 9 de septiembre del 2014, revelaron un informe detallado, sobre condiciones meteorológicas, análisis satelital, simulaciones de los hechos y sugerencias de posibles áreas de búsqueda bajo el agua, al mismo tiempo, en un acto de desesperación y buena fe, criticaron y cuestionaron los informes gubernamentales.

Informe Grupo Independiente

Después de 2 años y 10 meses de una labor titánica, desafiante y de haber recorrido 120.000 kilómetros cuadrados al sur de Océano Índico, se anunció el cese a la búsqueda del avión, por falta de pruebas concluyentes.

Lo que se llevó el mar, no fue sólo un avión, sino la vida de 239 personas y sus familiares que hoy en día continúan en busca de una respuesta. No sirvieron las horas de vuelo, de simulador, los cursos de CRM, SMS, CFIT, ALAR, capacidades, exámenes médicos… aparentemente nada, dejando al descubierto que aún hace falta perfeccionar, evitar y cuestionar. ¿Para qué ocurrió esto?

Desde esta redacción, en alguna parte del mundo, exigimos sean reactivadas las labores de búsqueda, pues en la aviación no pueden existir misterios.

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