¿Podría México experimentar un “Turbosinazo”?

Con el gusto de saludarlos, les deseo lo mejor para este 2017.

En México, la prensa tradicional suele utilizar la extensión “azo” a todo aquel adjetivo que se refiere a un impacto social o accidente de algún medio de transporte. Por ejemplo: “avionazo” o “gasolinazo” en referencia al impacto social al alza del precio en el combustible de autos y diesel.

Así sucedió desde hace unas semanas cuando se anunció la liberación del precio en la gasolina refinada que se expende de manera exclusiva, por la única empresa que constitucionalmente tiene esa facultad: Petróleos Mexicanos, conocida como “Pemex”.

Pemex es la encargada también de suministrar el gas avión y turbosina dentro de la red aeroportuaria nacional; en México aún no se permite la libre competencia en distribución, almacenaje y venta de estos insumos.

De inmediato, al anuncio del alza en combustibles para autos y camiones, algunos pensaron que también el precio de gas avión y turbosina subirían como consecuencia de la liberalización de precios y con esto, la aviación nacional sería impactado por la decisión del Gobierno Federal en el tema de libre precio.

No fue así.

El precio del combustible para aeronaves no sólo no ha subido, sino que se ha mantenido desde 2014.

Recordemos que, cuando por allá de 2008 surgió la pandemia de influenza y gripe aviar, el Gobierno mexicano, tomó una acción de emergencia para contener el alza en el precio de combustibles para aviación y dicha medida, hasta este momento se ha mantenido.

Lo anterior se explica así: el precio de la turbosina se han estabilizado a nivel mundial, por tanto, las empresas de aviación se han visto favorecidas por el comportamiento positivo del precio y han podido incrementar sus flujos de efectivo.

Recordemos que un gran volumen de turbosina en Mexico es importada; solamente en el primer semestre de 2016 se importaron 881 millones de litros, según la Secretaría de Economía Federal.

Los datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), arrojan que durante el 2015 los boletos de avión, subieron tan solo el 2.08 por ciento.

Para poner lo anterior en contexto, pongamos como ejemplo a la aerolínea de participación preponderante en Mexico; esta empresa dedicó el 25.4% de sus costos al pago de combustible durante 2015. Es decir, las aerolíneas están haciendo dinero.

Son los diferentes impuestos quienes no permiten abaratar los precios de los boletos.

Desde que se concesionó  la red aeroportuaria, cada aeródromo tiene la facultad de manejar diferentes tarifas por costo de aterrizaje, plataforma y despegue, no tanto así del combustible, pues como ya lo comentamos, eso solo es potestad de Pemex.

Aeropuertos y Servicios Auxiliares (ASA) la encargada de suministrar combustible en la red aeroportuaria y aeródromos concesionados, y vende al año más de 3,800 millones de litros de turbosina. Tan solo el pasado año 2016 suministró más de 4 mil millones de combustibles.

  • ¿Qué factores podrían desestabilizar la industria de la aviación en Mexico?

Como siempre, eso sería el mal manejo de la economía interna (relación peso-dólar), los factores sociales que, al igual de la aviación, van de la mano con la política nacional e internacional; algún nuevo ataque terrorista en la escala del 9-11 y/o la voluntad de los empresarios, al querer mejorar los ingresos de las compañías y hacerlas más atractivas para una muy una posible sociedad con aerolíneas extranjeras, como lo están pensando Aeromexico e Interjet con Delta y American respectivamente.

En la siguiente entrega, platicaremos de por qué las aerolíneas podrían absorber un alza en el precio de la turbosina si se llegara a necesitar incrementar el precio de este insumo, siempre y cuando, claro está, no quieran trasladar el alza a costo del usuario.

¡Vuelos seguros para todos!

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