¿Qué es un procedimiento de intercepción aérea?

Poco es conocida la manera en la que operan los acuerdos bilaterales convenidos entre México y Estados Unidos en materia de intercepción aérea, desde luego por ser considerados de secrecía estratégica.

En el verano de 1994 con el nacimiento del entonces Instituto Nacional del Combate a las Drogas (INCD) de la Procuraduría General de la República (PGR), se suscribieron acuerdos de coordinación para la intercepción aérea y fuimos enviados una pequeña comitiva de pilotos y técnicos especializados a participar en la homologación y coordinación de procedimientos destinados a la intercepción de vuelos ilícitos entre ambos países, encabezaba por el entonces Director General de Intercepción, el Ing. Armando Subirats Simón, entre otros denotados personajes del medio aéreo de la época.

 

Dicho evento se llevó a cabo en alguna ciudad del estado de Texas, donde en coordinación con la DEA, se homologaron criterios en la implementación de los procedimientos de rastreo, ubicación, intercepción y captura de vuelos ilícitos.

Este proceso se llevaba a cabo con sofisticados sistemas de radares móviles aéreos, aeronaves de “alerta temprana” conocidos como Hawkeye, y aviones Grumman E2 C –entre otros-, que tienen adosado en la parte superior del fuselaje grandes platos-radar sincronizados a una sofisticada aviónica de detección.

Los aviones despegaban permanentemente de la Florida y hacían un “barrido” desde el Golfo de México a la zona sur del continente para el análisis de todo tipo de vuelo proveniente de ésa área hacia Norteamérica, iniciando así, la detección de este tipo de vuelo para su posterior seguimiento y captura que, muchas veces, terminaba en terreno mexicano, realizado a principios de 1994 y durante 2 décadas por el Grupo “Halcon” de Intercepción Aérea de la PGR.

Las aviones de persecución principalmente utilizados durante esa época fueron los Super King Air y Queen Air, suficientemente veloces y autónomas en vuelo para interceptar todo tipo de aeronave monomotora o bimotora, además de hélice o turbo-hélice, apoyado por los Cessna Citation II modificados, mismos que cuentan con un sistema “flir” en el radomo, que se utiliza  para la detección, rastreo e incluso filmación “portátil” del “airborne”, es decir, de la aeronave en vuelo ilícita, regularmente a bajas altitudes, donde son menos detectables.

Las aeronaves “mayores” y/o reactoras, se persiguen por autonomía, es decir, entre más rápida más rápido se queda sin combustible –más aún en vuelo rasante- por lo que era suficiente su detección, seguimiento y filmación con el Citation II para tal efecto, hasta que esta se queda sin combustible realizando un procedimiento de descenso con aterrizaje forzado en alcance para su inminente aseguramiento. Esto también se lograba con el apoyo de helicópteros y diversa infraestructura multipartita en tierra.

Durante ese lapso existió la intención del Estado Mexicano de implementar al supersónico F-5 de la Fuerza Aérea Mexicana (FAM) como interceptor aéreo, sin embargo, las limitantes técnicas sobre todo a la hora de instalarlo en línea de vuelo y las implicaciones de un aterrizaje de intercepción nocturno, no hacían factible la operación, amén del alto costo operativo, por lo que tras una serie de pruebas ese aparato fue descartado.

En la actualidad y en sustitución de los “Hawkeye”, se realiza tal actividad a través de satélites militares estadounidenses, conocidos como “Orbit Hemispheric Detection Syistem” (OHDS), con sofisticado sistema de rastreo que se basan en el “Principio del Objeto Presencial” es decir,  suficiente que el objeto exista y se desplace a una mínima velocidad y a cualquier altitud -aun rasante- para ser detectado.

Incluso, para su detección el “airborne” no requiere ser necesariamente metálico, dicho satélite es quien hace el rastreo o “barrido” en un radio muy amplio, enviando los datos a buques de detección complementaria de la U.S. NAVY, desplegados en el Golfo de México.

En coordinación con la Armada de México -una vez el posible “blanco” dentro de nuestros litorales- las zonas militares con radares estratégicos coordinados en instalaciones neurálgicas en la Secretaria de Seguridad Pública Federal “Cerebro Iztapalapa”, analizan y ejecutan los procedimientos con aeronaves de la Fuerza Aérea Mexicana, como de la Armada de México con tecnología de punta “flir”.

En la actualidad dichos sistemas son considerados casi ineludibles por su nivel de sofisticación, por lo que el tráfico de drogas vía aérea procedente de Centro y Sudamérica ha descendido considerablemente, luego de las aisladas pero efectivas detecciones y aseguramientos. Sin duda, un sistema sumamente complejo y costoso.

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