¿Qué estabas haciendo hace 16 años a las 8:46 a.m.?

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Había salido temprano de clases de la escuela de aviación. Desde ése entonces y ahora me pregunto ¿por qué tuvo qué morir tanta gente para que la aviación comercial se hiciera más segura? ¿Fue una conspiración? ¿Un verdadero ataque terrorista? ¿De quién? ¿Al-Qaeda? ¿Saddam Hussein? ¿Sabía el gobierno americano de la amenaza? ¿Qué hizo colapsar las torres? ¿Por qué no había vehículos militares en tierra en los 102 minutos que pasaron desde el primer impacto? ¿Por qué todavía permanece un millar de víctimas sin identificar? ¿Qué fue grabadoras de datos y voz de los aviones?

Recapitulemos: El vuelo 93 de United Airlines, operado por un Boeing 757, cubría el trayecto entre el Aeropuerto Internacional Libertad de Newark (New Jersey) y el Aeropuerto Internacional de San Francisco, en los Estados Unidos. El avión fue tomado por 4 secuestradores y fue el único que no llegó a su objetivo.

Luego, el vuelo 77 de American Airlines, el tercer vuelo secuestrado como parte de los atentados y estrellado deliberadamente contra El Pentágono, sede del Departamento de Defensa de los Estados Unidos. El avión, que cubría el enlace del Aeropuerto Internacional Washington-Dulles, cerca de Washington D. C., y el Aeropuerto Internacional de Los Ángeles en la ciudad homónima, fue secuestrado por cinco saudíes yihadistas cuando llevaba 35 minutos de vuelo.

Los saudíes entraron en la cabina del avión y obligaron a los pasajeros a dirigirse a la parte trasera del mismo. Hani Hanjour, uno de los secuestradores, asumió el control del vuelo como piloto.

Ahora, el vuelo 11 de American Airlines. El avión fue utilizado por sus secuestradores para atacar la torre norte del World Trade Center, en Nueva York.

El vuelo cubría la ruta desde el Aeropuerto Internacional Logan en Boston, Massachusetts, y el Aeropuerto Internacional de Los Ángeles. El avión fue secuestrado por cinco hombres durante los primeros 15 minutos de vuelo, tras herir, por lo menos, a tres personas e introducirse en la cabina de vuelo asesinando al piloto y copiloto.

Por último, el United Airlines 175, un vuelo que partió del Aeropuerto Internacional de Boston, Massachusetts, con destino el Aeropuerto Internacional de Los Ángeles. El vuelo fue secuestrado por cinco miembros de una asociación Islamista, presumiblemente Al-Qaeda, y voló hasta su impacto en la torre Sur del World Trade Center en Nueva York.

Los secuestradores entraron a la fuerza en la cabina de mando, tras unos 20 minutos de vuelo. Los controladores de tráfico aéreo supusieron que la aeronave presentaba algún problema técnico, y, que a raíz de ello, se debía el corte en las comunicaciones.

Algunos pasajeros y parte de la tripulación a bordo efectuaron llamadas telefónicas desde el avión, para proporcionar información acerca de los secuestradores y la condición de los pasajeros y miembros de la tripulación.

Sobra decir que sigue sin haber una versión oficial sobre los atentados del 11 de septiembre de 2001. No hay más que una versión gubernamental recogida en un informe presentado por una comisión presidencial.

El profesor David Ray Griffin, autor de una obra de referencia en la que estudia ese informe, encontró en ese texto 115 mentiras en su obra “Omisiones y manipulaciones de la Comisión Investigadora del 9/11”.

Tuve la curiosidad, por no decir morbo, de conocer el “9/11 Memorial” en una visita en un muy nublado y posteriormente nevado día de febrero. Fui con un par de compañeras de trabajo que tampoco conocían el lugar y mi obligación era sacarlas de su círculo consumista en Nueva York -aunque después de dicha visita se fueron de shopping porque salieron “muy deprimidas”- para llevarlas a ése complejo que recuerda a las víctimas de la tragedia del 11 de septiembre de 2001.

Se ha convertido en una solemne, muy triste, pero necesaria atracción turística que, aparte de rendir tributo a las casi 3 mil personas fallecidas, busca crear un espacio de belleza y paz en el mismo sitio donde se originó una de las tragedias aéreas y humanas más grandes de nuestro tiempo; y que yo, no sé ustedes, aún enfrento en mis pesadillas.

La tragedia está ahí, a flor de piel. Y ni los seres queridos de los desaparecidos lo han olvidado, ni tampoco quienes no teníamos a ningún conocido, pero nos sentimos hermanados con los tripulantes de ésas aeronaves.

Cualquiera que visite el Memorial notará que en el lugar vive la tristeza y se respira en el aire, viendo las cascadas que forma el agua de las dos gigantescas fuentes y en las placas de bronce que llevan grabado el nombre de los desaparecidos y fallecidos. Miles de ellos.

En el interior de las instalaciones la gente se conduce mayormente con respeto, con silencio solemne mientras los pasos hacen eco junto con los audios y videos que hemos escuchado y visto hasta el hartazgo de esas escenas de horror, incertidumbre, incredulidad y pánico en los medios de comunicación posibles.

Haya sido una conspiración del propio gobierno del ex presidente George W. Bush o un ataque terrorista perpetrado por alguna organización, el 11 de septiembre marcó el trágico inicio de esta primera década del siglo XXI.

En mi opinión, fue un fallo del gobierno en general. Un ataque relativamente simple, demostró la ineficacia de aquel momento.

¿Se ha aprendido la lección?atentados_911_t1200-01 atentados_911_t1200-02 atentados_911_t1200-03 atentados_911_t1200-04 atentados_911_t1200-05 atentados_911_t1200-06 atentados_911_t1200-07 atentados_911_t1200-08 atentados_911_t1200-09

Foto/portada: (AP Photo/Chao Soi Cheong/FILE)

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