¿Qué sucede cuando un rayo golpea un avión?

El impacto de rayos en cualquier superficie de las aeronaves son más comunes de lo que pensamos. En promedio, y según datos de la Administración Federal de Aviación (FAA, por sus siglas en inglés), un avión comercial recibe el impacto de un rayo al menos una vez al año.

Los rayos golpean el fuselaje, y es la corriente que viaja alrededor de la aeronave y sale de nuevo a la atmósfera en otro punto exterior. El avión actúa como un simple conductor de la electricidad o lo que se conoce como “Jaula de Faraday”.

Generalmente, los rayos son producidos por partículas negativas por la tierra y positivas a partir de nubes de desarrollo vertical (cumulonimbus). Cuando un cumulonimbus alcanza la tropopausa, las cargas positivas de la nube atraen a las cargas negativas, causando un relámpago y/o rayo.

La enorme energía del rayo (que libera 1000 millones de voltios, 200,000 amperios y hasta 30000ºC de temperatura) es contenida y transportada a través de la estructura de la aeronave, y es descargada hacia la atmósfera exterior por medio de las “static dischargers” situadas en el borde de salida de las semi-alas y también, en las superficies de control primarias de la aeronave.

Puede escucharse un fuerte ruido y verse un potente destello. El rayo se “une” a uno de los extremos de la aeronave, como la nariz o el cono del empenaje. En la cabina de mando, puede observarse un parpadeo temporal de las luces o interferencia breve en los instrumentos y/o pantallas.

Los “descargadores de estática” son indispensables en la estructura de toda aeronave pues, aunque no reciban el impacto de un rayo, las aeronaves producen electricidad estática a causa del roce con las partículas del aire debido a su desplazamiento a alta velocidad.

Los daños más comunes se producen en plásticos no conductivos, como el radomo. También hay otros daños que pueden llegar a ser catastróficos. Si este punto de entrada se encuentra cerca de un tanque de combustible, se puede dar el caso de que en el interior del mismo existan vapores de combustible, pudiéndose encender y explotar.

Otros daños menos visibles, pero no menos peligrosos, pueden afectar al aparato durante el impacto. Debido a este, se crean potentes campos magnéticos que afectan a la aviónica de las aeronaves, dejándolos parcialmente dañados o incluso totalmente inoperativos hasta el punto de poder dejar el avión en una situación crítica de navegación y vuelo.

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