El Fokker F-27, una joya aeronáutica

Una de las reliquias aeronáuticas más relevantes en la historia de la extinta fabrica Fokker es sin dada la familia de aviones F-27; equipo que emergió de la postguerra y que se gestó sobre las mesas de dibujo a principios de los años de 1950.

Las necesidades de conexiones aéreas de corto y mediano alcance entre los países bajos era una necesidad que ayudaba a una población lesionada luego de la Segunda Guerra Mundial. Las principales actividades del avión fue el transporte de pasajeros y correo.

Las características del Fokker F27 son su gran envergadura, aerodinámica y potentes motores Rolls-Royce Dart -desarrollada por la marca británica desde 1940-, hacían más fácil los despegues y aterrizajes en pistas cortas.

Fue en noviembre de 1955 que el Fokker F-27 despegó por primera vez como un prototipo, luciendo un tren de triciclo retráctil, cabina presurizada y con la capacidad de transportar hasta 28 pasajeros.

Debido al éxito del primer vuelo y la necesidad de los operadores de la época, la marca holandesa comenzó a desarrollar varas versiones, al tiempo que ya ganaba algunos clientes en la región, principalmente de Francia e Irlanda.

En ese mismo tiempo, se firmó un acuerdo con Fairchild Engine and Aircraft Corporation con el objetivo de ampliar el mercado y poder fabricar el avión en los Estados Unidos, en el estado de Virgina para ser precisos.

Una estrategia comercial atinada que reducía costos de fabricación y ampliaba el terreno de comercialización. En los Estados Unidos tomaría el nombre de Fairchild Hiller FH-227.

La primera aerolínea en adquirir uno de estos aviones fue la irlandesa Aer Lingus –aún en operaciones- en 1958; al otro lado del Atlántico, también las ventas rendían frutos, otro operador interesado, West Coast Airlines, adquiría el avión en septiembre de ese mismo año.

La historia del F-27 conduce a lugares inimaginables llenos de historia, como aquel suceso que marcaría un fascinante relato de supervivencia, cuando los jugadores uruguayos de rugby impactaron con el Fokker 227 contra Los Andes en 1972.

En total se construyeron 793 aviones hasta 1980, cuando se introdujo la nueva versión el Fokker 50 que compartían ciertas características de diseño, pero sus plantas motrices serían de la marca Pratt & Whitney y con una aviónica más sofisticada.

En México también llegarían estas increíbles máquinas, de hecho fueron dos F-27 aviones presidenciales bautizados “Benito Juárez” y “Morelos”, respectivamente, durante la administración del Lic. Gustavo Díaz Ordaz, quien los utilizaba por sus giras dentro del país.

También, la filial de la extinta Mexicana de Aviación, Aerocozumel, utilizó desde 1987 el Fokker F-27 para realizar vuelos entre las islas y otros destinos en el sureste mexicano; una vez que fuera absorbida por Aerocaribe, también portó los colores.

Y podemos hablar de otras tantas más aerolíneas –desafortunadamente ya extintas- como Aerolibertad, Aerolíneas Oaxaqueñas, AeroMonterrey y AeroMorelos, que utilizaron el polivalente Fokker F-27 como su caballo de batalla.

En la República Mexicana, tuvieron la fortuna los oriundos del bello estado de Morelos de verlo aterrizar y despegar en la pista del ahora Aeropuerto Internacional Mariano Matamoros, siendo de gran utilidad para la aerolínea AeroMorelos que volaba rutas hacia Oaxaca, como Puerto Escondido y Bahías de Huatulco.

Él cese de operaciones de AeroMorelos en 1992, dejó abandonado uno de sus dos Fokker F-227 en los campos adyacentes a la terminal aérea. Posteriormente fue rescatado por los integrantes del Cuerpo de Rescate y Extinción de Incendios (CREI) con el objetivo de hacer simulacros de aeronave con fuego.

Fue hasta el año 2010 que la familia Varela Montiel, motivados por una profunda tradición familiar llena de amor a la aeronáutica, adquirieron este Fokker F-27-100 Fairchield, que guarda una historia ancestral como una de las primeras máquinas construidas en la planta de Holanda, y que volaría por primera vez para la aerolínea Turkish Airlines en 1961 bajo la matrícula TC-KOZ.

En 1974, este mismo avión fue adquirido por Internacional Air, matriculado N90708. Un año después, pasó a manos de Kilo Moto Gold Mining Co; Western Aircraft Sales en 1981; Aerolíneas Trans Mex en 1982; y como penúltimo propietario AeroMorelos en 1991, con matrícula XA-MOW.

La historia de este avión reposa en un lugar muy especial en el municipio de Jiutepec, Morelos, llamado Flayers Snack Bar, un lugar lleno de una atmósfera aeronáutica única. Se puede acceder al avión y tomar una refrescante bebida y contemplar un equipo de más de 50 años de edad.

 

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