Una pesadilla imborrable; Mexicana 940 a 31 años

Cada 5 segundos, probablemente un avión con pasajeros aterriza, una asistente de vuelo se maquilla los labios, un piloto se uniforma, un controlador toma su taza de café, un estudiante pregunta a un instructor, un técnico en mantenimiento revisa un avión. El significado del tiempo es preciso para la aviación y dentro de ese espacio las decisiones que se toman lo cambian todo… sin vuelta atrás.

Pero hubo un momento en la aviación mexicana donde todo se detuvo, el tiempo dejó de existir, para quedar como un recuerdo en el olvido, como si fuera una fotografía tomada por una Canon A-1, de esas que ya no suelen usarse.

El lunes 31 de marzo de 1986, por la tarde, los periódicos preparaban la portada, las rotativas deberían estar listas para imprimir las líneas de una editorial amarga, dolorosa y con muchas dudas.

Una aerolínea, de las primeras en el mundo, convulsionaba, con ese dolor en el estómago del que siempre es mejor no recordar y que llora desoladamente la pérdida irreparable del que continúa siendo el peor accidente aéreo en México.

Ese mismo lunes, pero a las 8:40 de la mañana, un Boeing 727-264 matrícula XA-MEM de Mexicana de Aviación, era remolcado con mucho esfuerzo por un tractor, en una de las posiciones del Aeropuerto Internacional Benito Juárez; estaba repleto de combustible, el manifiesto indicaba 159 pasajeros y 8 miembros de la tripulación.

Al mando del elegante buque insignia, el Capitán Carlos Guadarrama Sistos, con el peso de más de 15 mil horas de vuelo; a su lado derecho, el Primer Oficial, Pillip L. Piager Rohrer, que tenía 4 años de haber ingresado a la compañía y en la parte de atrás, en ese panel con tantos instrumentos, el Piloto Ángel Carlos Peñasco Espinoza, de 29 años de edad.

Durante la carrera de despegue algo no estaba del todo bien; al trimotor le costó más de lo habitual efectuar la rotación, algo que Guadarrama Sistos advirtió a sus compañeros.

Durante los 31 minutos después del despegue, todo parecía normal, se viraba a la izquierda para interceptar las radiales que llevarían al vuelo MX940, desde la Ciudad de México hacia el Aeropuerto Internacional de Los Ángeles (LAX), con escalas en Puerto Vallarta y Mazatlán respectivamente.

Cada segundo que transcurría, el neumático del tren principal izquierdo se expandía, su temperatura y presión aumentaba debido a que el freno de ese mismo lado, durante la carrera de despegue, estaba activado y esa misma llanta que debería haber sido llenada con nitrógeno, fue inflada con aire.

El avión llegaba a su nivel de vuelo de 31.000 pies, los motores tres motores Pratt & Whitney JT8D-17R, demostraban su poder y todo parecía normal. La frecuencia sintonizaba Centro México que acababa de dar las últimas instrucciones al Mexicana 940; “contacto radar y reporte a nivelar”.

El destino del vuelo cambio en pocos segundos, el neumático no soportó más la presión y el caucho explotó en pedazos, dañando líneas hidráulicas y de combustible, rompiendo cables eléctricos y causando una descompresión en cabina.

El ruido ocasionado por la explosión, debió causar una sensación inexplicable a la tripulación; el avión se volvió ingobernable, perdía altitud, y las alarmas no dejaban de sonar. El Capitán Sistos, debería de reportar a través de la frecuencia lo que vivían.

El controlador preguntó:

– ¿Es correcto, solicita menor altitud? Estática…

– ¡Afirmativo!

– ¿Solicita menor altitud de 280?

– ¡De emergencia Mexicana 940 solicita regresar a México!

– Recibido 940, está a autorizado a descender a 200, directo por la derecha al VOR de México.

– ¡Mexicana 940, Centro México!… (estática) ¡pierdo altura, pierdo altura!

– Mexicana 940, diga si escucha… ¿Mexicana 940?

Fin de la comunicación…

El Boeing 727 bautizado “Veracruz” explotó en el aire y cayó con una fuerza descomunal, sin que sus pilotos pudieran hacer algo durante los insumisos segundos de la caída. El impacto contra el terreno se registró a las 9:11 de la mañana tiempo centro del país, en el cerro “El Calvario” a pocos kilómetros del municipio de Maravatío, Michoacán.

La decisión de los sobrecargos de presentarse al vuelo ese lunes 31 de marzo de 1986, para mí, el escritor de estas líneas me cambio la vida.

La memoria de un niño de 3 años no pudo ser capaz de recordar tal evento. Pero en ocasiones me pregunto ¿qué hubiera sido si algún sobrecargo no se hubiera presentado al vuelo? La respuesta seguramente sería de mucho sufrimiento, ya que mi madre, Haydee Armendáriz, fue sobrecargo de reserva de ese vuelo.

Se dice que no hubo supervivientes y que las 167 almas a bordo del avión se desvanecieron; lo cierto es que el olvido es lo único que mata.

In memoriam.

  • Comandante: Carlos Guadarrama Sistos. PRESENTE
  • Primer Oficial: Pillip L. Piaget Rohrer. PRESENTE
  • Segundo Oficial: Ángel Carlos Peñasco Espinoza. PRESENTE
  • Sobrecargo: Maria Esther Guadaña Macías. PRESENTE
  • Sobrecargo: Maria Emilia Bourlon Cuéllar. PRESENTE
  • Sobrecargo: Ana Leticia Pérez Neyra. PRESENTE
  • Sobrecargo: Rafael Mújica Alarcón. PRESENTE
  • Sobrecargo: Ricardo Zúñiga Escobar. PRESENTE

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