Aeroméxico, entre la recuperación y la quiebra

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El pasado jueves 1 de julio, todos los que vivimos del medio aeronáutico nos fuimos a dormir con esperanzadoras noticias. Delta Airlines estaba ejerciendo su derecho de compra de 185 millones de dólares correspondientes a la deuda que Aeroméxico tuvo que contratar con la financiera, Apollo global Management; esto para evitar que si Apollo ejerce su derecho de convertir la deuda en acciones, no tome el control total de nuestra querida aerolínea bandera.

Aerolínea bandera que cabe mencionar es ¡la última que nos queda! tras la desaparición de la Compañía Mexicana de Aviación hace 11 años. Una pionera al igual que Mexicana, que nos abrió las puertas de Europa y nos posicionó como destino turístico premium en los años 40s, 50s y 60s. Objeto del romanticismo de la era dorada de la aviación comercial e inspiración para innumerables generaciones de jóvenes (Como en algún momento lo fue su servidor) a convertirse algún día en piloto de Aeroméxico y también poder “Volar como las aves” como rezaba su famoso slogan. 

Pero ¿por qué tanta nostalgia? Se preguntarán. Pues la respuesta es porque Aeroméxico está muy lejos aún de estar salvada. En el lado positivo tenemos por supuesto la compra de la deuda por parte de Delta., tenemos también la temporada de viaje de verano que va viento en popa, tan bien incluso que no alcanzaron los aviones y se están arrendando más equipos. Una industria en franca recuperación, con un público viajante motivado a salir, gastar y viajar. Harto del encierro y hambriento de contacto social. Los problemas con el Boeing 737 MAX son cosa del pasado y ya vienen más Boeing 787s nuevos. Los ingresos van al alza y el negocio parece, si no marchar sobre ruedas, al menos en recuperación.

Quisiera en verdad que el párrafo anterior fuera el final de esta nota y poder decir que para Aeroméxico es de aquí en adelante toda miel sobre hojuelas, pero no es así. Los retos que la compañía enfrenta son grandes y potencialmente muy difíciles. Del lado de la deuda, lo que Delta tuvo a bien adquirir representa únicamente el 18.5% de la deuda total con Apollo. En otras palabras, la financiera es aún propietaria de otros 815 millones de razones para tomar decisiones drásticas si llegara el momento.

El momento más atractivo para liquidar un activo es por supuesto cuando se encuentra en camino a números negros. Todavía no es rentable pero su valor se encuentra al alza y Aeroméxico aparenta ir en buena dirección en ese aspecto. Otro problema de Aeroméxico es que Delta tiene la costumbre de liquidar lo que no le sirve. Ha sucedido en varias ocasiones a lo largo de su existencia, siendo el caso más famoso la manera en la que se quedó con las rutas del Atlántico, equipos, terminales y hasta parte del personal ante la quiebra de la legendaria Pan Am sin hacer por rescatarla.

En el tema de la pérdida de la Categoría 1 de la FAA en materia de seguridad aérea, nadie perdió más que Aeroméxico. En el peor de los momentos, cuando dependía de la ampliación de rutas y diversidad de equipos para operar la temporada alta de verano, cae esta maldición cortesía del gobierno actual, el cual famosamente comentó “que no era gran cosa”. Que le diga el señor presidente a los empleados, que hoy se truenan los dedos, que en verdad no es un gran problema.

¡Y ahí vienen los lobos! Y se llaman Viva Aerobus y Volaris. Ambas están presionando muy fuerte en el mercado doméstico por sus bajas tarifas. No es que sean un competidor directo en el modelo de negocios de Aeroméxico, pues el modelo de bajo costo sí ofrece tarifas muy bajas y cobran todo aparte, no hay realmente servicio a bordo más que de venta ni mayor comodidad. Aeroméxico, en cambio, en el precio del boleto incluye cierto servicio a bordo, sistema de entretenimiento, mayor espacio, opción de Clase Premier y programa de lealtad. Y ha procurado ofrecer tarifas de entrada tan restringidas como las de Viva y Volaris pero competitivas.

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VivaAerobus continúa con un crecimiento sólido y con una baja participación de deuda. De acuerdo con sus propios datos, en el último trimestre han cumplido todas sus obligaciones crediticias, sin incurrir en recargos ni adquisición de más deuda derivado de penalizaciones. Su participación en el mercado nacional aumentó al 27.2% en marzo de este año en comparación con el 20.9% con el que cerró el 2020. ¡Son 6.3 puntos de crecimiento en un trimestre! En medio de una pandemia global, es monumental.

Volaris no se puede dejar de lado, es un factor pero en menor escala. La compañía sigue buscando oportunidades de crecimiento pero con más calma porque el mercado étnico con EE.UU. sigue restringido, aún así pidieron 8 aviones adicionales a Airbus este año para seguir creciendo tanto aquí como en sus proyectos de Centroamérica. Aunque Canadá y algunos lugares de Sudamérica están en los planes de ambas, ninguna tiene planes de realizar vuelos de largo alcance por el momento, no es el negocio de las «low-cost» y casi todas las que entran a estos mercados acaban mal.

Así que Aeroméxico, a pesar de su endeudamiento y en medio de una tibia recuperación, tiene todavía como salvavidas a futuro el negocio y la conectividad que le traen los vuelos de largo alcance a Sudamérica, Europa y Asia conforme se vayan recuperando los mercados y se levanten las restricciones de viaje.

Aeroméxico es su gente y en sus empleados no ha quedado, notablemente los empleados sindicalizados han puesto el hombro en gran forma, aceptando ASPA Y ASSA grandes cortes salariales a sus agremiados y modificaciones contractuales con pérdida de beneficios. Los siguientes meses son críticos para la aerolínea, Aeroméxico necesita un cierre fuerte de año y darle a ver a sus deudores que la compañía tiene futuro, que su participación de mercado es sólida y que su nicho de negocios es permanente e irreemplazable. La esperanza más grande es el deseo de continuar invirtiendo por parte de Delta. El tiempo nos dará la respuesta, los pasos tomados por Aeroméxico son los correctos y el camino hacia adelante parece ser “viento calma”, por la salud de nuestro medio, esperemos que así sea.

Foto: Wikimedia Commons

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    Por: Alfonso Vázquez

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