Algunas turbulentas consideraciones…

A partir de lo que pasó con el vuelo de Aerolíneas Argentinas que sufrió un evento de turbulencia severa, quedaron algunas cosas para decir. Aquí, un breve repaso por algunas de ellas.

Los sommeliers del susto

Soy uno de los principales críticos del uso de las palabras “pánico”, “terror” y “miedo” a la hora de hablar de aviación. Si leen seguido, saben que es así. Calculo que a partir de eso es que recibí una importante cantidad de mensajes que recalcaban el uso de esos términos para describir el evento. Y ahí es donde hay que marcar una sutileza.

Me opongo a la venta de un evento común y natural como un missed approach o un compressor stall, que tiene un riesgo menor para los pasajeros, o inclusive en el caso del go around, es un procedimiento que está pensado para proteger la seguridad de los pax.

En el caso de una turbulencia severa, si bien el riesgo de un accidente como tal es bajísimo, cosas que vuelan, gente que se corta y pasajeros con contusiones que terminan en un hospital rankea bastante bien en una escala de eventos que seguramente generarán temor a bordo. A partir de ahí, los medios harán lo que saben hacer mejor: vender un clima de catástrofe inminente. Pero el pánico, terror, susto y demás adjetivos, no estoy en condición de discutirlo.

Como siempre, la pifia de los medios es pasarse de empáticos y tomar la palabra de un “sobreviviente” a pie juntillas: quien declara está plenamente sugestionado por la experiencia, y puede decir literalmente cualquier cosa. Debe haber una instancia necesaria de análisis y de chequeo de lo que está diciendo. Pero no pasa.

Aún así creo que es importante que, más allá de cualquier cosa, la prioridad es ser empáticos con gente que no la pasó nada bien. A partir de la empatía, construyamos lo demás. Desde casa es muy fácil decir “no pasa nada”. Hay que estar.

Más cinturonistas que el cinturón

Suelo repetirme también con una máxima: no importa cuántas veces hayas escuchado la demostración de seguridad, escuchá la del vuelo en el que estás a bordo. Tiene información que está explícitamente agregada para que en algún evento, te sirva. Así es como terminan las máscaras de oxígeno mal puestas, como en una evacuación los pax bajan los carry on, y cómo nadie tiene idea de dónde está la mejor salida de emergencia. Y también, en el mismo briefing, se indica que aún cuando el indicador de cinturones esté apagado, es recomendable tenerlo puesto siempre.

Hay dos extremos en este punto: el pasajero que se sube, reclina el asiento, baja la mesita y no se pone el cinturón (para que minutos después pase un TCP y le haga deshacer todo antes del despegue), y que ni bien deja el piso se suelta el amarre, por un lado. Por otro, el que ante un evento de estos dice “el indicador tiene que estar prendido todo el vuelo, la gente no se puede parar y listo”.

Ni una ni otra. Yo soy más de la idea de estar con el cinturón puesto cuando estoy sentado y si me tengo que parar, obviamente lo suelto. En vuelos largos, conviene caminar un poco, hay que ir al baño, etc. Pero el riesgo de que te agarre una turbulencia de aire claro existe -aunque es mínimo, no es posible descartarlo- y entonces lo mejor es ser prudente.

Tal vez, la mejor aproximación sea ésa: tener el cinturón abrochado incluso cuando la señal está apagada. Si sólo lo recomendaran en el safety briefing mandatorio que se presenta al inicio del vuelo. Oh, wait a minute.

La incidencia del modelo de negocios sobre el desplazamiento del aire (?)

Esta es mortal: me cansé de ver giladas del nivel de “Como es Aerolíneas, no va a salir en ningún lado” “Si era un vuelo de Flybondi, pedían la cabeza del CEO” “Y eso que Aerolíneas no es loucó”. También complementadas por los clásicos “entró en la tormenta porque el avión es viejo/ piloto mal entrenado/ mantenimiento es deficiente / nido de ratas k /nido de ratas pro/ nido de ratas a secas” y “porque no es Boeing /porque no es 777 / porque los de Airbus son más blanditos”, claro.

En el mejor francés que me sale: al fenómeno metereológico que genera las turbulencias de aire claro le importa un soberano carajo qué avión es, qué compañía es o si a bordo sirven sanguchitos gratis o te los cobran. Ningún piloto, de ninguna compañía, de ningún modelo de negocios se mete a una zona de turbulencia que puede ver porque tiene ganas de redecorar las paredes de la cabina con café o sangre de pax. Y por supuesto, tampoco tiene ganas de encontrarse con algo que no puede ver. Son cosas que pasan. Sea AR, Flybondi, Norvilla o Emirates.

Desde el punto de vista técnico, no hay fabricante de aviones que pueda certificar su modelo sin pasar por controles rigurosos de resistencia estructural, y sin una suite de aviónica que le permita tener información metereológica de primera mano para evitar aquello que puede ver. Es decir, los aviones son igual de seguros independientemente de la fábrica que los firme. A partir de ahí, entra la subjetividad de cuál te gusta más o menos. Pero desde la seguridad, son iguales.

La insoportable levedad del play

Anoche recibí un video de 46 segundos filmado a bordo, que mostraba el desastre y además, a una mujer llorando por el evento. Le pregunté a quien me lo pasó si tenía el acceso a quien lo había filmado y le pedí el ok para publicarlo. Le pregunté por la mujer que aparece, y convinimos que lo mejor era blurear la cara, para protegerla.

Es un momento feo, donde seguramente estaba muy vulnerable y pienso en mi propia mujer -que la pasa horrible en botes y barcos-, por lo que decidí editar el video para que ella no apareciera directamente. Además, el comentario del narrador menciona el nombre y hasta medio que la gasta un poco por el miedo. Por lo cual, edité el video y cuando lo iba a subir, me lo encuentro colgado entero en twitter. Y después en algunos medios grandes. Finalmente, decidí no subirlo.

No me arrepiento. Lo haría de nuevo, porque antes que correr atrás del morbo me parece que está la ética. El video aporta claridad de cómo quedó la cabina, sí. La parte donde hay un primer plano a una mujer llorando de angustia, no me parece que sume nada. Con total honestidad, creo que parte del periodismo debería pedir perdón, pero estoy seguro que no lo hará. Lo que importan son los clicks. Y si bien conozco, entiendo y soy parte de la dinámica del tráfico de sitios web, el límite será siempre éste.

Con respecto al incidente -la JIAAC no lo calificó como tal todavía, pero accidente no es-, habrá que esperar la investigación y ver bien que pasó para determinar las causas y encontrar oportunidades de corrección, si las hubiera. Una turbulencia de aire claro es impredecible.

Para el final, mi reconocimiento a la tripulación del AR1303 y a los servicios de asistencia que trabajaron en el suceso. Aún cuando impredecible, se puede trabajar con profesionalidad en las consecuencias y proveer contención y empatía. Bravo.

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