Desinformación y amarillismo causa psicosis colectiva en pasajeros aéreos mexicanos

Lo ocurrido la tarde del 31 de julio del 2018, mientras que un Embraer 190AR de la aerolínea Aeroméxico Connect intentaba despegar por la pista 03 del Aeropuerto Internacional de Durango, aún continúa siendo parte de las investigaciones que se lleva a cabo por la autoridad aeronáutica mexicana, algunos miembros del fabricante brasileño Embraer, en cooperación con la Administración Federal de Aviación (FAA).

Al momento han transcurrido 25 días del accidente y aún no se tienen visos de lo que pudiera haber ocurrido en la cabina del avión matrícula XA-GAL, tripulada por el capitán Carlos Galván Meyran y el Primer Oficial, Daniel Dardon Chávez, quienes intentaron despegar el avión con 99 pasajeros a bordo (incluidos dos niños).

La psicosis colectiva que los pasajeros frecuentes (principalmente mexicanos) ha sufrido a consecuencia –y no- de los diferentes incidentes de aeronaves comerciales en las últimas semanas, tiene una génesis donde los “titulares” y las líneas editoriales que varios medios tradicionales han redactado, juegan un papel importante, proponiendo un escenario falso y perturbador de los eslabones de seguridad operacional de las principales aerolíneas mexicanas.

Ciertamente, pudiera ser así, pero la mayoría de las especulaciones con tintes amarillistas y morbosos hacen parte de una desinformación sobre los diferentes incidentes ocurridos. La paranoia continúa aún en las cabinas de pasajeros, donde algunos temerosos abordan las aeronaves preguntando si no se van a “caer”, según me explicaban varios tripulantes de cabina como un escenario que en últimas fechas se ha vuelto “casual”.

Las editoriales de opinión con respecto a este caso deberán de ser tratadas con mucha sutileza y sobre todo con información de primera mano, evitando en todo momento especulaciones que pueden hace mucho daño a todos los integrantes de la industria aeronáutica nacional.

Es precisamente donde entramos los pocos medios serios y especializados en aviación que ciertamente tenemos más acceso a la información y a un trato mucho más benevolente, con razón de causa, porque es precisamente que las líneas que se escriben, son hechas una a una, por personal técnico aeronáutico y periodistas en la material.

Durante este tiempo hemos escuchado en “radio pasillo”, ciertas situaciones, algunas preocupantes y otras no tan fuera de la realidad, pero es necesario tener en cuenta que si bien, nosotros también vivimos de los “titulares”, no es correcto, ni siquiera por asomo lacerar a la industria de la que también nosotros pertenecemos, por un “titular”.

Me sorprende, que con tientes amarillistas y con una profunda desinformación, un periodista tan reconocido y a quien admiro personalmente, tenga la necesidad de escribir una editorial tan banal y a la ligera sobre el vuelo AM2431, y que esa “opinión” haya causado revuelo en las redes sociales, sobre todo a la opinión pública que desconoce del tema, mostrando un atmósfera por demás falsa.

Es así como llegamos a un punto medular y que desde Transponder 1200 y dentro de mis editoriales he escrito hasta el cansancio. La Dirección General de Aeronáutica Civil, tiene toda la culpa, por tratar estos temas con hermetismo y que parecieran parte de un proyecto clasificado.

No es posible que siendo el año 2018, ni por asomo tengan una red social, cuenten con un sitio web, se tenga a la mano datos estadísticos de incidente o accidentes aéreos y publicaciones sobre las investigaciones que se llevan a cabo del caso… “actualizaciones”.

¿Por qué se ha tratado así la información desde la autoridad? ¿Tienen algo que esconder? ¿Tienen a alguien que proteger? El silencio en este caso, no es el mejor aliado y con sobrados ejemplos lo pueden hacer tangible.

Por ejemplo, el primero en informar sobre el impacto en el terreno de un Boeing 727 de AeroSucre en Puerto Carreño en 2016, fue la cuenta de Twitter de Aeronáutica Civil Colombiana. Acción que es un claro ejemplo en la correcta divulgación de información, necesaria para una mejora sustancial en la seguridad operacional, y que por cierto, recientemente publicó el informe final.

Esa información y como ustedes saben, debe hablarse en las aulas de los centros de formación y capacitación del personal Técnico Aeronáutico y recrearse en los simuladores de vuelo en diferentes aerolíneas con el simple objetivo de que estos escenarios no se repitan.

Son ustedes, autoridad aeronáutica mexicana, donde deben trabajar, en un aérea especializada de comunicación social donde a la opinión pública, periodistas en general y especialistas en la materia puedan bien informarse, partiendo del hecho que es información oficial y lo demás podría ser fuera de la realidad.

Es ahora y que por primera vez en la historia de la aviación comercial, evitando claro, el informe del accidente de Mouriño en 2008, que la autoridad tiene la presión de publicar los informes preliminares y finales sobre el accidente de Aeroméxico Connect, y es que en esta ocasión ya no tienen ninguna opción o escapatoria de no informar.

Esperemos que este efecto de “periodicazos” irresponsables y psicosis colectiva despierten a la Dirección General de Aeronáutica Civil, no por una presión si no por una necesidad. Ya no más.

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