La historia de Howard Hughes: La aviación, el cine y las mujeres

Howard Robard Hughes Jr., un ambicioso que conquistó cielos, butacas y corazones. Howard Hughes fue un personaje polémico que ha pasado a la historia por sus excentricidades, atesoró dinero y fama, esto lo ayudó a dedicar gran parte de su vida a construir aviones y a producir cine. 

Nace un 24 de diciembre de 1905 en Humble, Texas. Su padre, Howard Robard Hughes, patentó la broca que permitiría excavar pozos petroleros y que daría a su compañía, Hughes Tool Company cifras muy altas de dólares. Su madre, Alene Hughes, padecía de microfobia, por lo que trataba de aislar al pequeño Howard de todos los gérmenes ambientales, heredándole la fobia a su hijo y causándole un trastorno obsesivo compulsivo.

Howard fue un niño extremadamente inteligente. A los 11 años construyó la primera emisora de radio de Houston y  logró estar en la frecuencia con los barcos que navegaban las aguas del Golfo de México. A los 12 años se volvió noticia en todo Estados Unidos por fabricar una bicicleta motorizada.

La muerte de sus padres siendo él muy joven marcó su futuro. Howard heredó el 75% de la millonaria fortuna que además incluía las cantidades generadas por la perforación de los yacimientos de petróleo. 

Poco después, ingresó en el Rice Institute of Technology de Houston, aunque al conocer a Ella Rice decide abandonar la universidad para casarse con ella. Juntos se trasladan a Hollywood donde Howard, a sus 20 años, tenía la intención de probar suerte y dedicarse a la industria cinematográfica, el sueño de triunfar en Hollywood estaba en ascenso mientras que su matrimonio no tardó en desplomarse. 

Con los pies bien puestos en la industria del cine, Hughes estaba de boca en boca, lo que le puso en la mesa innumerables romances con grandes estrellas de cine, entre ellas Katherine Hepburn, Bette Davis, Joan Fontaine, Rita Hayworth, Gene Tierney, Ava Gardner, Olivia de Havilland, Yvonne DeCarlo, Jane Greer, Ginger Rogers.

Además, contrataba a muchas aspirantes a actriz, a las que recluía para tenerlas bajo su dominio. El joven productor gastaba enormes cifras en regalos, sobornos, fiestas y en proyectos sin futuro y rentabilidad, siempre aplicando su regla de oro: “Todo se compra con dinero”.

Productor de talento, Hughes empezó a financiar sus primeras películas a los 20 años. En 1927 produciría Hermanos de Armas, su primer film.

Su olfato para los negocios le lleva a la compra en 1948 de la RKO pictures, para venderla en 1955. Desde ella, promociona y descubre a actores y actrices de la talla de Jean Harlow, que protagonizará su famosa Ángeles del infierno (1930), en la que invirtió cuatro millones de dólares, o Jane Rusell, de quien se decía que poseía un contrato privado con el productor en virtud del que percibiría una pensión semanal de mil dólares hasta 1975.

Dato curioso, fetichista a la par que hombre de negocios, Hughes inventaría para ambas un sujetador especial que resaltará su busto en las películas.

Pronto se convirtió, en un cineasta de éxito, llegando a lanzar unas cuarenta cintas entre 1926 y 1957.

Este fue el Howard Hughes que probó las mieles de las mujeres, la fama y el dinero más no le era suficiente; dentro de él había un hombre que anhelaba volar.

A los 14 años, había recibido sus primeras clases de vuelo contra el deseo de sus padres. Pero claro, “todo se compra con dinero”, así que su fortuna le permitió diseñar y volar aeroplanos.

Hughes contaba con enormes conocimientos sobre el diseño de aeronaves, esto sumado a las grandes cantidades de dinero y lo intrépido que era como piloto daría el resultado que hoy lo posicionan como el aviador más excéntrico. 

En 1932 fundó la compañía Hughes Aircraft, en un principio para dedicarse a batir récords mundiales volando sus propios aviones; para 1935 diseña el más avanzado tecnológicamente, el Hughes H-1 Racer “Silver Bullet”. Con él consiguió batir el récord de velocidad (305.64kts) y su diseño fue sumamente importante como modelo y la construcción de otros aviones durante la segunda guerra mundial. 

Hughes era un gran piloto y un gran diseñador de aeronaves. Recibió muchos premios como el Harmon Trophy, el Collier Trophy y el Octave Chanute Award. En 1939 fue galardonado con la medalla de oro del Congreso en reconocimiento por sus avances en la aerodinámica. 

Howard tuvo 4 accidentes de aviación, pero la fecha que no olvidaría sería la del El 7 de julio de 1946, cuando sufrió un gravísimo accidente en Los Ángeles cuando efectuaba el primer vuelo prueba experimental del avión espía XF-11 que construía para la Fuerza Aérea de EE.UU.

Hughes logró salir de la cabina pero sufrió lesiones graves, quemaduras en el 70% de su cuerpo, se le desplazó el corazón y su lóbulo cerebral frontal, que rige el centro emocional humano y el control de la personalidad, quedó afectado para siempre.

A partir de ese día dejaría crecer su bigote, marca de lo que él llamaba “el reconocimiento del aviador”. Durante su estancia en el hospital llamó a sus ingenieros para que hicieran una cama a su medida, pidiendo le incorporaran un motor hidráulico manejado por 30 motores eléctricos que le permitirían ajustar su cama. 

Me atrevo a decir que su proyecto más famoso fue quizás el H-4 Hércules, el hidroavión de mayor envergadura de todos los tiempos construido para movilizar tropas en la Segunda Guerra Mundial a través del Atlántico. Sin embargo, la complejidad y el desafío impidieron fuera terminado a tiempo y cuando se concluyó nunca poco alcanzó despegar. 

En 1939, Hughes se hizo del control de la compañía TWA (Trans World Airlines), un capricho que le obligaría posteriormente a vender sus acciones e ir perdiendo poco a poco su capital. 

Un 12 de enero de 1957, Howard se casó con Jean Peaters, segundo matrimonio en el que fracasaría. En 1954 se le toma la última fotografía conocida en vida. Poco a poco se va retirando del mundo. Empieza a transmitir sus órdenes a través de grabaciones, o por breves mensajes escritos. Es el principio del fin.

Obsesionado por la enfermedad, en 1966 vende la TWA, compañía aérea que había adquirido presionado por los bancos –entidades que siempre odió-, y recibe un cheque inconmensurable de $546 millones de dólares. Con él en la mano, se instala en el Desert Inn Hotel, residencia-fortaleza ubicada en Las Vegas, ciudad fantasma que él mismo había colaborado a construir.

Allí se instala frente a enormes pantallas de televisión (se hace con el Canal 8 de la CBS a fin de que transmita más películas diarias). Un grupo de criados mormones especialmente seleccionados se ocupan de su bienestar.

Pasó el tiempo y Hughes empezó a perder dinero y sus trastornos empezaron a hacerse más evidentes, al grado de llegar a recluirse por completo bajo la observación de varios médicos, inducido por el uso de medicamentos y drogas (altas dosis de codeína y valium).

En 1970, en secreto parte junto a su corte de sirvientes rumbo a las Bahamas. Después va a Managua, de donde huye del terremoto que destruye la ciudad rumbo a Londres.

Allí voló en secreto un avión a reacción sin sufrir accidente alguno, tenía 67 años.

Este será su último vuelo al mando. Su destino sería el bello puerto de Acapulco, Guerrero, México, ciudad que no abandonará hasta 1976.

El 5 de abril de 1976, a los 70 años, autorrecluído en una suite de un prestigioso hotel de Acapulco, México, Hughes comenzó agonizar. Fue trasladado a Houston en el que sería su último vuelo y muere entre las nubes. El 7 de abril fue enterrado en el panteón del Cementerio Glenwood de Houston. 

Esta fue un breve recorrido de la vida del aviador más excéntrico, dejo a ustedes la opinión que quieran formarse de él, lo que es irrefutable es que dejó en la aviación una huella a la que debemos mucho, porque así como Howard Hughes, el cielo es de los locos que intentan ir siempre un paso más allá del horizonte.

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