La venta del Boeing 757 TP-02, ¿vender por vender?

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El viernes pasado se llevó a cabo la segunda subasta de aeronaves a sobre cerrado, en la Base Aérea Militar número 19, de la que se obtuvieron $125.5 millones de pesos por la venta de tres aeronaves: un Cessna Citation 501SP, un helicóptero Eurocopter France EC225 LP, y el Boeing 757-225 que fungió como avión presidencial de 1988 a 2015.

Este último es, desde luego, el más destacado por lo que representa para el gobierno actual que habla de “derroches del pasado” y de que quiere “devolverle al pueblo lo robado”. ¿Derroches? Era un herramienta de trabajo para el gobierno federal, que él no la quiera aprovechar y prefiera sujetarse a horarios de vuelos comerciales creando dificultades para aerolíneas y pasajeros, es otra cosa.

El avión se compró en 1987 de oportunidad, ya que originalmente era para Eastern Airlines que estaba ya en fuertes problemas financieros. El avión presidencial de entonces era un muy viejo Boeing 727 que no tenía suficiente capacidad y alcance, y había sido de uso comercial previamente, así que tenía el desgaste correspondiente. Ante las críticas que hubo por la compra, el gobierno dijo que no se realizaría la compra del 757, pero luego de un incidente (algunos dicen que fingido) con el avión presidencial, se autorizó la compra del nuevo por seguridad, y llegó a México ya durante el sexenio de Carlos Salinas.

En su momento fue buena compra ya que era un avión de última generación con muy buen alcance, aún así no podía realizar vuelos trasatlánticos directos desde México y debía realizar escalas de reabastecimiento.

Durante el sexenio de Felipe Calderón se consideró el cambio por un avión de nueva generación que tuviera mayor alcance y mayor capacidad, ya que normalmente viajaba también la fuente de presidencia de diversos medios, lo que ayudaba con los costos de operación del avión. Se tomó de excelente oportunidad el Boeing 787 “Dreamliner” que se recibió durante el mandato de Enrique Peña y del que el actual presidente solamente denostó sin conocer realmente nada del avión, sus costos, las necesidades operacionales y decidió que no lo utilizaría. Pero esa ya es otra historia.

A la llegada del Boeing 787, el viejo 757 quedó en desuso y tuvo ya muy poca actividad. De cualquier manera un avión de uso particular no tiene el desgaste de uno de uso comercial, pero de todas formas requiere mantenimiento que, siendo un modelo viejo y fuera de producción, se vuelve cada vez más caro.

Así que venderlo no era una mala idea, de cualquier forma ya no se ocupaba al menos para su propósito inicial. El precio total que ganó en la subasta fue de 65 millones de pesos por el avión y el gobierno festejó que se hubiera recuperado esa cantidad. Pero ¿fue algo bueno?

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¡Por supuesto que no! A pesar de su edad, el TP-02 tenía muy pocas horas de vuelo, un poco más de 9000 de acuerdo con el último reporte que se tiene. Esto es diez veces menos que el promedio de un avión de más de 30 años si hubiera tenido un uso comercial. Con tan pocas horas puede tener una buena demanda, sobre todo como carguero que hoy están muy demandados.

El periódico Reforma sacó una comparación entre el TP-02 con 34 años pero solo 9,258 horas de vuelo se vendió en $65 millones de pesos (3.25 millones de dólares), mientras que un Boeing 757 fabricado en 1991 con más de 81 mil horas de vuelo y convertido en carguero se ofrece en el mercado por CSDS Aircraft Sales & Leasing de Miami, en 13 millones de dólares. Es decir, un avión con 9 veces más horas de vuelo acumuladas lo venden en un precio 4 veces mayor.

¿En dónde estuvo entonces el negocio de esta operación? Malbarataron un avión en una fracción de su valor con tal de decir que “ya lo vendieron”. Eso no es devolverle al pueblo “lo robado”, es robarle al pueblo porque es un patrimonio de la nación por el que no se está obteniendo ni siquiera su valor. Quien lo compró hará el negocio de su vida ganándole con facilidad 5 veces lo que invirtió en él.

Igual que con la “rifa del avión sin avión” en que el gobierno no logró sacar con la venta de boletos ni siquiera el monto de los premios ofrecidos (por eso no los ha entregado a los hospitales que supuestamente los ganaron), el Boeing 757 que fue alguna vez el transporte presidencial se va ahora sin que México obtenga algo bueno a cambio. En lugar de los $65 millones de pesos se lo hubieran dejado al ejército como carguero y podría tener una mayor utilidad para el país.

Foto: Wikimedia Commons

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    Por: Erick Haw Mayer

    Apasionado de la aviación y la industria automotriz de toda la vida, tiene una Licenciatura en Informática y un Postgrado en Comunicación y R.P. Aunque tiene experiencia en empresas del rubro automotriz y en Mexicana de Aviación, su vida profesional se ha dedicado más al periodismo especializado en todo tipo de medios impresos y electrónicos, incluyendo la revista Avión Revue de Latinoamérica.

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