Lockheed F-104 Starfighter: El “hacedor de viudas” alemán

Para la década de los 50’, antes de la existencia completamente operativa de los misiles balísticos intercontinentales, la defensa de las dos superpotencias de la Guerra Fría se basaban en aviones de intercepción capaces de despegar, ascender y llegar al bloco –bombarderos enemigos-, en corto tiempo.

Uno de los diseños más llamativos de su tiempo fue el Lockheed F-104 Starfighter (Witwenmacher), un avión que a simple vista parece volar rápido, pensado desde un comienzo para alcanzar altísimas velocidades y ser eficiente en su rol de combate en estas condiciones.

La idea era simple: crear un avión más pequeño y liviano, equipado con un motor potente. El fuselaje del F-104 es estrecho y su cuerpo alar comparativamente pequeño –el avión mide 16 metros de largo y tiene un envergadura de apenas 6 metros-, además, su borde de ataque era tan delgado que los equipos en tierra corrían el riesgo de sufrir cortaduras.

Este pequeño paquete, impulsado por un potente motor General Electric J76, creó el avión de excepcionales características, pero que no perdonaba el error del piloto.

La sabiduría alemana

Luego de la Segunda Guerra Mundial, la experiencia de un amplio personal de la Luftwaffe que sobrevivió al conflicto, quedó si lugar donde seguir aplicándose. Los pilotos y personal de mantenimiento no tuvieron aviones ni misiones donde continuar ni acumular horas de experiencia. Desde 1946 hasta 1956 no existió ningún avión militar alemán, ni tampoco organización alguna similar.

Pero con la entrada de la Alemania Occidental al Tratado del Atlántico Norte, se vio la necesidad de equipar a esta nación con un componente aéreo que apoyaría su estratégica posición dentro de la Guerra Fría. Así nació la nueva Luftwaffe –sin relación alguna con la Alemania nazi de la Segunda Guerra-, y poco a poco varios de los antiguos miembros comenzaron a retomar actividades.

Entre los oficiales que volvieron se destacan dos de ellos, Erich Hartmann, el mayo as de combate de la historia con 352 derribos en su haber durante la guerra y Johannes Steinhoff, uno de los pilotos más experimentados de la Alemania nazi, con 176 derribos, experiencia en jets de combate, como el Messerschmitt Me 262 e incluso sobreviviente de un horrible accidente a bordo del revolucionario caza, lo que le dejó cicatrices de por vida.

La voz de Erich Hartmann se opondría en su momento a la introducción del F-104 en el arsenal de la Luftwaffe de la Alemania Occidental. El piloto que en si momento comandó uno de los primeros escuadrones  de combate jet de la Luftwaffe luego de la guerra, manifestó su incomodidad con el avión, juzgándolo de inseguro y poco apto para el combate.

Su sabiduría y experiencia, sin embargo, aparentemente no fue tomada en cuenta. La peligrosa aeronave tomó varios a pocos como: itwenmacher: “hacedor de viudas”; fallfighter: “Caza que cae”; o fliegender sarg “ataúd volador”.

El F-104 en Alemania

Con apenas cuatro años de formada, la nueva Luftwaffe era una fuerza aérea sin experiencia relativa, con poco entrenamiento y capacidades. Cuando el F-104 llegó en 1960 se trataba de uno de los aviones revolucionarios del momento, además de poseer cualidades de vuelo que requerían importantes destrezas adquiridas.

Alrededor de 916 Starfighter llegaron a las filas de la flota de la Luftwaffe de la posguerra, un impresionante número, entendible por el estratégico papel que jugaba Alemania Occidental dentro del contexto de la Guerra Fría.

Pero además de sus especiales características de vuelo, otros factores se sumaron para que las estadísticas del F.104 en Alemania fueran negativas.

Su uso como avión cazabombardero, en contraprestación a su diseño original como interceptor, implicó que se volara bajo y rápido. El F.104 no era un avión maniobrable bajo estas condiciones. Además, para ser efectivo en estas misiones, se le instaló equipo que generó cambios de balance que inevitablemente afectaros su maniobrabilidad.

Mayor carga de trabajo para el piloto, en un avión cumpliendo misiones para las que no fue diseñado, con características de vuelo que no perdonan el erro, dentro de una fuerza aérea con poca experiencia; fueron los ingredientes de este peligroso equipo militar.

De los 916 aviones que operó la Luftwaffe, 292 se accidentaron, resultando en la pérdida de 116 pilotos. Solo en 1965 se presentaron 27 accidentes con 17 bajas. En 1966 en ya General Johannes Steinhoff comandaba la Luftwaffe moderna y ordenó poner en tierra toda la flota restante de los F-104 hasta no encontrar un escenario que redijera los accidentes.

Se solucionaron problemas de fatiga estructural y el entrenamiento mejoró, resultando en un descenso de la estadística de accidentes. El F-104 continúo su vida dentro de la Luftwaffe hasta 1991, esto a pesar de su negativo comienzo.

No dejó de ser un avión complejo. El porcentaje de pérdidas de la Luftwaffe llegó a estar cerca del 20% pero esto no se compara con el casi 45% de pérdidas que tuvo la Real Fuerza Aérea Canadiense. En contraste el Ejército del Aire español no perdió ninguno de sus aviones.

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