Ante la encrucijada en que se encuentran la gran mayoría de aerolíneas, muchas (si no es que todas) han tomado la decisión de recortar plantilla laboral y/o reducir flota y/o reducir salarios. ¿Pero esta última acción sirve de algo?

Todavía en febrero de este año, la gran mayoría de las aerolíneas festinaban el estar por encima de la recaudación estimada, pronosticando un 2020 muy fructífero. Es más, Asociación Internacional del Transporte Aéreo (IATA) pronosticó que tanto México como Brasil y Rusia serían las economías con mayor crecimiento en la industria aérea ya que en el reporte anual de IATA, cada pasajero incrementó entre un 4% y 8% las frecuencias de sus viajes.

Entonces, el problema de las aerolíneas no es económico excepto claro, aquellas que ya estaban reportando pérdidas a final de 2019. Pero de estas aerolíneas con pérdidas, fueron pocas al menos en México.

Si la suerte de una aerolínea depende de únicamente del ingreso para el pago de salarios, es evidente que algo no está funcionando en la ecuación.

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Es decir, si una aerolínea pide sacrificar salario a los empleados para que esta siga operando (a pesar de que en este momento no se puede), quiere decir que todo lo que se gana en boletos, carga, sobre equipaje y tarifas extras no están soportando las finanzas de la aerolínea.

¿A dónde va todo ese dinero? Esas “ganancias” van directamente al pago de réditos de los inversionistas, por lo cual, esta aerolínea es débil financieramente y solo alcanza realmente para pagar nóminas, rentas e impuestos, pero la aerolínea no es fuerte porque todo el capital nunca se quedó ahí, ese dinero no existe para apoyar las operaciones en contingencia.

¿De qué sirve entonces que los empleados sacrifiquen su salario si de todas maneras la aerolínea no tiene el soporte necesario para un mes (o  dos) de no operación?

De 2007 a 2010, años en que tuvimos el segundo “crack” más grande en la industria aérea en México, no hubo aerolínea que no pidiera sacrificios a los empleados, pero, aun así, el resultado fue la quiebra.

Luego entonces, la nómina de empleados no es el pasivo más grande que pueda llegar a tener la aerolínea sino el pago de impuestos, arrendamiento, el retorno de capital a sus inversionistas y el pago a los directivos.

Cierto es que el espíritu de una empresa es hacer dinero, pero en las aerolíneas, es el concepto, modelo y diseño de estas las que permiten (o no) subsistir en crisis como la que estamos viviendo.

A pesar de la quiebra que vendrá de algunas aerolíneas, la demanda por transporte es gigante. Algunas aerolíneas surgirán de la quiebra de otras, la oferta actual no satisface la demanda.

Es obligatorio buscar métodos y herramientas económicas de contingencia, asegurarle a los empleados que, de pasar otra crisis similar, sus salarios y empleos están protegidos, porque de lo contrario, la falla no está ni en la crisis, ni en los empleados sino en quien administra la Aerolínea.

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    Por: Guillermo Galvan

    20 años en aerolíneas, instructor teórico aeronáutico, especialista factores humanos en aviación, melómano, cafeinómano.

    Sigue mi Columna ‘Nivel de Vuelo’ todos los lunes.

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