Santa Lucía: la incongruencia de la 4T

El 10 de febrero fuimos testigos de un evento inaudito. Se realizó con bombo y platillo la inauguración de una pista -sin certificación- de un aeropuerto que aún se encuentra en construcción y está rodeado de polémicas. Se trata del Aeropuerto Felipe Ángeles, coloquialmente conocido como Santa Lucía. No he encontrado ningún antecedente de algo así, en ninguna parte del mundo. No se celebra a ese nivel el mínimo avance en la construcción de un aeropuerto.

¿Por qué hacer un acto como el del pasado miércoles? Se justificó con la celebración del Día de la Fuerza Aérea Mexicana pero el motivo real era otro y lo sabemos. Andrés Manuel López Obrador quería cumplir su palabra cueste lo que cueste, aunque esto viole las normativas aéreas de nuestro país.

Desde octubre de 2019, en una de sus conferencias matutinas, AMLO aseguró que para el 2021 el aeropuerto de Santa Lucía estaría listo. En octubre del año pasado fijó febrero como la fecha para recibir sus primeros vuelos. Esos compromisos no podía romperlos porque, claro, él es diferente a los otros presidentes. Y así fue, Santa Lucía recibió sus primeros vuelos, pero ¿en qué condiciones?

Comencemos revisando la situación de dicho aeropuerto. El Aeropuerto Felipe Ángeles fue la contrapropuesta del presidente al promover la cancelación del Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México (NAICM). Las razones para desechar el proyecto -con todo y sus avances- del aeropuerto ubicado en Texcoco se remontaban a una cuestión de daño medioambiental, la corrupción en la que estaba involucrado y el alto costo que tendría su mantenimiento.

Durante su campaña presidencial anunciaba su intención de terminar con la obra y juzgar a los implicados. Desde entonces calentó los ánimos de la población e incluso compartió un cómic para criticar el NAICM. En él juzgaba la inversión, ubicación y daño ambiental que se generaba con esta obra. Además, indicaba su contrapropuesta: crear una red aeroportuaria en el valle de México. Todo esto a través de reformar el actual Aeropuerto de la Ciudad de México, renovar el Aeropuerto de Toluca y por supuesto, la creación de un aeropuerto civil/militar en la que era la base militar de Santa Lucía.

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Así, el entonces candidato montó el circo para que, una vez siendo presidente, el camino estuviera listo para sus decisiones.  Y así fue, llegó al poder con una mayoría abrumadora y con su partido gobernando ambas Cámaras con mayoría absoluta.

En un intento extraño de consulta popular -porque lo que sucedió no puede ser llamado un ejercicio de democracia- se votó el destino del NAICM y el posible futuro de Santa Lucía. Sí, dos decisiones que debieron ser independientes, condicionadas mutuamente. La cancelación del NAICM bajo los argumentos dados pudo ser justificable. No obstante, el fin de uno no debía determinar la creación de otro. Se pudo cancelar y estudiar a fondo -sin prisas- las mejores opciones para resolver la saturación de tráfico aéreo en el Valle de México.

Fue entonces, entre el 25 y 28 de octubre del 2018, que ambas decisiones se pusieron en las manos de la población. Perdón, pero para que el pueblo fuera quien tuviera la última palabra, era necesario que contáramos con mucha más información de la que había y que se garantizara un referéndum que pudiese ser considerado como vinculante.

Ninguno de nosotros tenemos todo el conocimiento técnico para poder decidir sobre eso. Si alguien debía tomar las riendas en ese asunto, eran nuestros representantes en las Cámaras, basándose en los estudios aportados por los eruditos en cada una de las materias involucradas. Esa es su obligación y responsabilidad como servidores públicos.

López Obrador debía de consultar a cada una de las Secretarías y buscar la opinión de los expertos. Pero tal parece que las palabras erudito, intelectual, estudioso o experto son insultos para nuestro Presidente. Así que tomó la decisión sin presentar fundamentos e hizo responsable a la sociedad mexicana de esta elección. Realmente nunca tuvimos la libertad de elegir, ambas decisiones estaban tomadas.

Todos sabemos el resultado y ahora vemos las consecuencias. Tenemos una obra a medio hacer en Texcoco que generó un tremendo impacto medioambiental y social, el cual es irreversible por el propio avance que tenía al momento de ser cancelado. Se destaparon las maniobras de corrupción, pero no hay nadie juzgado por este delito. Solo restan toneladas de material, un terreno deshecho, comunidades maltratadas y un montón de minas clandestinas abandonadas.

Ahora tenemos un proyecto de terminal aérea en la base militar de Santa Lucía del cual poco se sabe. Todo lo relacionado con este aeropuerto y su construcción ha sido clasificado hasta 2024. Al igual que aquellos que “votaron” en la mal llamada Consulta Popular, carecemos de información suficiente para ejercer una comparativa y emitir un juicio.

Los dos únicos estudios que se encontraron acerca del aeropuerto de Santa Lucía fueron uno sobre la viabilidad desde el enfoque del espacio aéreo y otro sobre el impacto medioambiental. En uno de ellos se encuentra como pie de página la siguiente leyenda:

La evaluación se enfoca en la viabilidad técnica de operar MMMX y MMSM simultáneamente solo desde el punto de vista del diseño del espacio aéreo. Este documento no provee una conclusión definitiva sobre la viabilidad de convertir la base militar aérea de Santa Lucía (MMSM) en un aeropuerto civil/militar y operar MMMX Y MMSM simultáneamente para incrementar el rendimiento del tráfico aéreo global. NAVBLUE hace hincapié en que esta evaluación debe ser complementada con otros aspectos como una evaluación económica, conectividad, experiencias del pasajero, infraestructura, sistemas ATM y dotación de personal y que cualquier decisión que se tome con relación al proyecto de recaerá solamente en este estudio”

Como bien indica la acotación, esto no es suficiente para aprobar una obra de esta dimensión. Todo aquello que podría confirmar la viabilidad de AICM+Santa Lucía está en las sombras. De todas formas, ya es tarde para hacer las comparaciones, al igual que lo fue cuando se decidió cancelar el NAICM. En su momento se buscaba comparar ambos aeropuertos, como si no se llevara completado más del 30% de uno de ellos. Esto cambiaba todo.

Los párrafos anteriores buscan contextualizar lo que desarrollo más adelante. Es la falta de transparencia sumada a la necia insistencia por parte del Gobierno Federal lo que puso a Santa Lucía en la mira de todos. Tenemos tres años escuchando defender un proyecto que el miércoles 10 de febrero tuvo su presentación. La expectativa era muy alta pues era el momento para demostrarle al país lo que este gobierno planea dejar como patrimonio a los mexicanos.

El día de la inauguración del aeropuerto era donde todo lo que se ha conjeturado debía ser acallado. Toda la información en papeles, que no se han hecho públicos, tendría que ser volcado a la realidad. No obstante, desde acá empezamos mal. El primer gran evento fue algo inesperado. No se inauguraba el aeropuerto, sino un porcentaje similar al que tenía el NAICM cuando se canceló.

El evento fue avisado desde el 4 de este mes, pero nunca se informó un itinerario ni la forma en la que se iba a realizar. No fue sino un día antes que se comenzó a dar más información sobre el acontecimiento que en palabras del presidente “era un día muy importante”.

Rompiendo con lo acostumbrado, el evento al que se ha dado relevancia desde Presidencia era para inaugurar solo una pista, seis hangares y la base aérea. Una pista y una base aérea que fueron tirados y construidos en una nueva ubicación dentro de las expandidas instalaciones de Santa Lucía.

Ahora bien, uno supondría que se inaugura algo que está listo para usarse. Para sorpresa de todos, la pista está construida mas no tiene ninguna de las certificaciones que le permita operar. Para ello se requiere la autorización de la Agencia Federal de Aviación Civil (AFAC), que depende de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes. Sin embargo, aún no se cuenta con ella o al menos no se ha hecho pública.

De acuerdo con el Artículo 89 del Capítulo 16 de la Ley de Aviación Civil:

Las infracciones a lo dispuesto en la presente Ley cometidas por el concesionario o permisionario, según se trate, serán sancionadas por la Secretaría de acuerdo con lo siguiente:

III.  Operar aviones en aeródromos y aeropuertos no autorizados, salvo causa de fuerza mayor, con multa de un mil a ocho mil salarios mínimos.”

El día 10 no ocurrió ningún evento de fuerza mayor. No había motivo para que aterrizaran aeronaves comerciales en esta pista. Sin embargo, gracias al consentimiento de López Obrador, la persona que cita constantemente la Constitución, se decidió ignorar el valor y exigencia de las leyes y se permitió el aterrizaje de aviones civiles. La AFAC no dijo ni ha dicho nada. Parece que nadie quiere contradecir la palabra del Presidente en estos tiempos, aun cuando se equivoca o no posee los conocimientos necesarios.

Volvamos al día del improvisado evento. Como mencionamos, no fue sino hasta la noche anterior que se comenzó a divulgar información sobre horarios y participantes de la inauguración. Cabe aclarar que esto nunca se hizo de manera oficial. Una señal de la falta de organización.

Llegó el 10 de febrero y el Presidente se dirigió de Palacio Nacional al AICM para hacer lo que nunca: viajar en un avión oficial. A bordo del Boeing 737-800 de la Fuerza Aérea Mexicana, AMLO, gente de su gabinete y otras importantes figuras públicas -todas de su partido político- hicieron un viaje de 11 minutos y 45 km para llegar al aeropuerto de Santa Lucía. Insólito.

De aquí surge una importante cuestión ¿por qué tomar un avión para un vuelo tan corto si siempre suele transportarse en tierra? Esta era una oportunidad para mostrar el avance en la conectividad terrestre del próximo aeropuerto Felipe Ángeles. Si era por ser el primero en aterrizar en la nueva pista, ha traicionado sus principios por satisfacer su ego. La autodenominada 4ta Transformación y la austeridad republicana que profesa quedaron de lado.

Una vez en el aeropuerto de Santa Lucía, siguieron las muestras de la falta de organización. La delegación aterrizó a las 09:11. Desembarcaron, el mandatario supervisó la maqueta y rindió honores. Después asistió a un desayuno y al concluirlo emitió un mensaje a los presentes. A las 11:45 cortó el listón de la Base Aérea Militar No.1. Tras eso, AMLO y su comitiva subieron a la torre de control (aún en obras) para presenciar los aterrizajes de las aeronaves comerciales.

Todo esto sucedió mientras un Airbus A320neo, un A321neo, un ATR72-600 y un Embraer E145 mantenían patrones de espera cerca de la ciudad de Pachuca, al norte de Santa Lucía. Los cuatro habían sido instruidos para despegar desde el AICM poco antes de las 10 de la mañana. Terminaron aterrizando entre las 13:15 y las 13:30, después de tres horas de vuelo. Otro sin sentido más.

Estos vuelos, que pudieron haber durado los mismo 11 minutos que el de la FAM, se extendieron a más de 3 horas y cuarto. Haciendo estimaciones rápidas esto significó alrededor de 18 toneladas de combustible innecesariamente quemado. Una prueba más del egoísmo y egocentrismo que rodea a este gobierno. Ni que hablar de la poca importancia que se le da al cuidado del medio ambiente. Irónicamente un factor clave en la cancelación del NAICM.

Aprovechando la mención de las aerolíneas, es importante resaltar la ausencia del Grupo Aeroméxico, siendo esta la línea aérea con más historia dentro de las que operan actualmente. Si bien es de público conocimiento que Aeroméxico se ha opuesto al proyecto de Santa Lucía desde un inicio, se desconoce si el Gobierno Federal los invitó o si actúo con el resentimiento con el que se ha manejado en otras ocasiones. Hasta el momento, ni AMLO ni ningún representante de Aeroméxico han emitido declaraciones que expliquen su ausencia.

Para sumar a la lista de insólitos, el Agrupamiento de Ingenieros “Santa Lucía” publicó el video oficial del aterrizaje del 737-800 de la FAM en la página aeropuertoaifa.com.mx. Este se compone por la vista simultánea de cuatro cámaras con distintos ángulos de la cabina. En este pudimos observar una falta de sincronía entre las cámaras.

Esto llama profundamente la atención pues uno no esperaría encontrar este tipo de errores en el equipo encargado de una obra de esta magnitud. Estos proyectos no dan lugar a las equivocaciones. Cuando las cosas se realizan de forma improvisada y/o apresurada, el riesgo a cometer errores aumenta. Ojalá las tareas de ingeniería se estén realizando con más cuidado que las de edición.

Esta lista de ejemplos sobre cómo se ha manejado el gobierno y todo lo que rodea la construcción del Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles prende las alarmas sobre cuál será el resultado final de este proyecto. Quizá sea hora de tomar consciencia de que las obras trascienden al gobierno de turno. No deberían ser adjudicables a un presidente ya que se trata de un patrimonio que estamos pagando los mexicanos.

No es un asunto de banderas políticas, hay que poder analizar todo -y a todos- desde la objetividad. Tenemos la obligación ciudadana de exigir que se realicen con responsabilidad, buena planeación y transparencia.

Hay que asumir que Santa Lucía será el nuevo aeropuerto del valle de México. Seguir comparando y discutiendo cuál era la mejor opción ya no tiene sentido. Sin embargo, aún estamos a tiempo de exigir que cesen las improvisaciones, que se dejen de cumplir caprichos y que la voz del presidente no esté por encima de las leyes. El circo tiene que parar.

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    Por: Ingrid Gil

    Sobrecargo de aviación. Licenciatura en Sociología en FCPyS, UNAM. He colaborado en proyectos de investigación en el ColMex y la UNAM.

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