Se cumplen 5 años de la desaparición del Boeing 777 de Malaysia Airlines

A pesar de los esfuerzos principalmente de Australia, Malasia, China y un presupuesto de $200 millones de dólares invertidos en la búsqueda más compleja en la historia de la aviación, no se ha podido revelar cuáles fueron las causas de la desaparición de un Boeing 777-200ER de Malaysia Airlines, con 239 personas, el pasado 8 de marzo del 2014.

En las últimas décadas, la industria aeronáutica ha invertido millones de dólares para preservar la seguridad operacional de cientos de vuelos que surcan el cielo todos los días; la aviación ha demostrado con el paso del tiempo que es el transporte más seguro del planeta, a pesar de las trágicas escenas que podemos presenciar.

Todos los días, pilotos, sobrecargos, controladores, oficiales de operaciones, en fin, todo el personal técnico aeronáutico, se suman a las tareas de capacitación para disponer de todas las herramientas posibles y erradicar los accidentes e incidentes dentro de sus compañías.

El vuelo MH370 se convirtió en uno de los escenarios más complejos de búsqueda e investigación en la historia de la aviación, desde los primeros accidentes aéreos hasta los más recientes, ninguno se compara al hecho, y mucho menos si sumamos la inversión millonaria que se depositó en las misiones de rescate y búsqueda del Boeing 777 matrícula 9M-MRO.

Tan sólo durante el primer mes de búsqueda, se invirtieron 44 millones de dólares, si esa cantidad la multiplicamos por los meses transcurridos nos da un resultado de 1.540 millones, aunque este número –incierto- podría aumentar considerablemente.

El pasado 30 de julio del 2018, a casi cuatro años y 4 meses de la desaparición de la aeronave, el Ministerio del Transporte de Malasia, publicó un informe con 495 páginas, ningunas de ellas concluyentes de las posibles causas de la desaparición de la aeronave.

El informe fue publicado poco después de que la Oficina de Seguridad del Transporte de Australia (ATSB), revelara su informe final durante el 2017 y que también carece de sustentos probatorios y certeros para conocer cuáles fueron las causas.

A lo largo de todo este tiempo y luego de haber recorrido más de 113,000 kilómetros cuadrados en la superficie y lecho marino del Océano Índico, sólo pudieron ser recolectadas 27 piezas, que inicialmente se creyó que habrían sido parte de la estructura de la aeronave matrícula 9M-MRO. Solo tres de ellas podrían ser parte del avión.

El último informe, destaca que luego de la última comunicación que se tuvo por voz de la tripulación de la aeronave, comandada por el capitán Zaharie Ahmad Shah, fue desviada de su curso miles de kilómetros fuera, antes de sumergirse al Océano Índico.

Durante las investigaciones, se había revelado la posibilidad que el capitán habría desviado deliberadamente la aeronave apagando todos los equipos de comunicación por radio y satélite y así evitando un posterior rastreo.

A pesar de las diversas declaraciones y hasta teorías conspiratorias, se pudo revelar con certeza que los antecedentes de la tripulación y sus pasajeros, carecían de antecedentes que pudieran hacer sentido a un ataque terrorista a bordo. Además, se constató el correcto entrenamiento y salud mental de los tripulantes de cabina, sobre todo de ambos pilotos.

Todas las investigaciones, pruebas, grabaciones y datos satelitales, entre otras, no han sido capaces de arrojar datos concluyentes, pero si se logró asegurar que se experimentó una desviación inusual de la aeronave que cubría el vuelo MH370, desde Kuala Lumpur hacia Beijing.

Durante la presentación del reporte, el Jefe del Equipo de Investigación de Seguridad del MH370, Kok Soo Chon, dijo:

Hasta no obtener los restos de la aeronave, se podrá tener alguna respuesta. No somos de la opinión de que el evento pudiera hacer sido cometido por los pilotos. No podemos excluir que hubo una interferencia ilícita por parte de un tercero en la aeronave”.

La última búsqueda llevada a cabo por la compañía de tecnología especializada en la recopilación de datos en alta resolución del lecho marino, Ocean Infinity, llegó a su fin el pasado 29 de mayo del 2018, sin dar resultados.

Fue el mismo CEO de Ocean Infinity, Oliver Plunkett, quien se disculpó con los familiares de las víctimas, ya que a pesar de los esfuerzos y la motivación de todo el equipo el resultado claramente de la búsqueda fue decepcionante.

No fueron suficientes los aviones de búsqueda, las mentes más brillantes de investigación, los gobiernos, los submarinos, los satélites en órbita y los millones de dólares destinados para poder conocer el lugar y las causas del accidente. Fue la marea que devolvió sólo algunos restos que supuestamente pertenecen al avión, en las costas de las Islas de Pemba, Tanzania, Sudáfrica, Mozambique y Madagascar.

Desde el conocimiento de la desaparición, salieron a la luz hipótesis y teorías conspiratorias, que, si bien muchas de ellas pueden ser descartadas, otras se convierten en las únicas respuestas al accidente. A pesar de las ambigüedades en la investigación, piezas clave como los ATSB y los satélites Inmarsat, dotaron de una cantidad significativa de datos de posición, tecnología que fue utilizada casi seis meses después de la desaparición; inicialmente se buscó en un área de 60.000 kilómetros cuadrados en el sur Océano Índico, motivados por los últimos datos de los radares, satélites y las voces de los pilotos que nunca más volvieron a ser escuchadas.

El vuelo que despegó del Aeropuerto Internacional de Kuala Lumpur hacía la capital de China, Beijing, perdió contacto aproximadamente a 90 millas náuticas del Golfo de Tailandia. Durante su ruta, el radar primario de los militares de Malasia detectó que el Boeing 777 desvió su curso al noroeste a lo largo del estrecho de Malaca. Justó después, el avión se perdió del radar y los datos habían demostrado un cambió de curso inexplicablemente en dirección hacia el sur.

Intentos fallidos de comunicación vía radio realizadas por Subang Centro a las 01:22LT -las cuales nunca fueron contestadas- confirmarían la desaparición de la aeronave dentro del espacio aéreo, esto 40 minutos después del despegue de Malasia cuando se encontraba a un nivel de vuelo de 35.000 pies.

Al comienzo, se tenían sólo las grabaciones y los datos del Transponder, que, según el Primer Ministro de Malasia, fue desactivado deliberadamente y que no existía duda de que el avión habría terminado al sur del Océano Índico al oeste de Perth, Australia, gracias a los datos calculados por Inmarsat.

La suma de experiencia es de 21.128 horas de vuelo por los dos pilotos al mando de la aeronave, que, según algunas teorías, como la de planeo, sugiere que, al momento de la pérdida de contacto, los pilotos volaron 100 millas náuticas y se quedaron sin combustible realizando un amarizaje controlado. Este hecho se contrapone con los datos satelitales Inmarsat que muestran un descenso de 15.000 pies por minuto, generando casi 4 gravedades.

Un grupo independiente conformado por veinte pilotos, científicos, ingenieros y expertos en la aviación de EE.UU., Reino Unido, Alemania, Suecia, Francia, Singapur, Canadá, Nueva Zelanda y Hong Kong, se sumaron a la búsqueda de información. El 9 de septiembre del 2014, revelaron un informe detallado sobre condiciones meteorológicas, análisis satelital, simulaciones de los hechos y sugerencias de posibles áreas de búsqueda bajo el agua, al mismo tiempo, en un acto de desesperación y buena fe, criticaron y cuestionaron los informes gubernamentales.

Lo que se llevó el mar, no fue sólo un avión, sino la vida de 239 personas y sus familiares que hoy en día continúan en busca de una respuesta. No sirvieron las horas de vuelo, de simulador, los cursos de CRM, SMS, CFIT, ALAR, capacidades, exámenes médicos… aparentemente nada, dejando al descubierto que aún hace falta perfeccionar, evitar y cuestionar. ¿Para qué ocurrió esto?

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