Yves Rossy, el hombre avión

La pasión que compartimos por la aviación está totalmente reflejada en las palabras y acciones de Yves Rossy, un hombre que tomó la decisión de librarse de los fuselajes, las superficies de control y las cabinas, y disfrutar del vuelo de la forma más natural posible. Su historia y espectáculo se resumen en una palabra: Jetman.

  • La Génesis

Rossy nació en 1959 y fue piloto de combate, volando aviones Mirage III durante 17 años. Durante aquella época también voló reactores de combate históricos como el Hawker Hunter y el DeHavilland Venom. A su salida del servicio militar ingresó a Swissair, donde voló aviones DC-9 y 747. Hoy en día es piloto de Airbus A320 en Swiss International Air Lines.

En 1993 comenzó su coqueteo con la idea de crear un ala lo suficientemente ligera y rígida que le permitiera volar impulsado por motores jet. Desde entonces y con el método de ensayo y error fue perfeccionando la idea, logrando hitos importantes a cada paso.

En el 2000 el primer prototipo de un ala inflable funciona, tres años después enciende el primer motor jet en vuelo. Un año después comienzan los trabajos en un ala de mayor resistencia y menos peso, haciendo uso de carbono y kevlar.

Para el año el 2005 hace el primer vuelo exitoso con este nuevo diseño y en el 2006 los cuatro motores se integran, comenzando así una nueva y vertiginosa carrera de éxitos y vuelos increíbles.

  • Los tropiezos

No todo fue fácil en el desarrollo del equipo. El principal problema que enfrentó fue encontrar una solución que combinara de manera armónica la rigidez del ala con su ligereza. La empresa ACT Composites, en Ginebra se encargó de la construcción del nuevo prototipo en carbono y kevlar, con lo que Rossy logró acoplar mucho mejor los motores jets que lo propulsan.

Sin embargo todo fue aprendizaje durante estas etapas. De la misma forma que un avión prototipo, Jetman tuvo que aprender a volar su propia invención. Barrenas y vibraciones lo obligaron a soltar el ala antes de tiempo en el aire en dos ocasiones, posteriormente volar a través de su paracaídas y ver destruido su prototipo en el terreno, obligando a invertir más tiempo y dinero.

Pero ahora que Jetman tiene alas, los inconvenientes se presentan con las autoridades. Las características únicas de todo el equipo lo ubican dentro de una categoría totalmente nueva y casi fuera de regulaciones aeronáuticas internacionales, por lo que muchas veces los permisos y papeleo toman más tiempo y trabajo que los vuelos o desplazamientos.

  • Jetman

Pero el largo trayecto finalmente dio sus frutos y con los vuelos exitosos propulsados por cuatro motores, Rossy comenzó a desarrollar maniobras nuevas y a acumular experiencia con el nuevo sistema.

Ya para el año de del 2008 se convierte en el primero en cruzar el Canal de la Mancha con su equipo, dos años después hace el primer vuelo en formación con los Breitling Wingwalkers. Ese mismo año hace las primeras acrobacias, saltando un año después sobre el Gran Cañón del Colorado y volando después en formación con dos jets L-39.

  • Vuelo natural

Los cuatro motores JetCat P200 de 22 kilogramos de empuje cada uno le permiten a Jetman ejecutar sus vuelos con todo el peso del equipo a cuestas: 55 kilogramos en total con combustible y equipo de humo a bordo.

Los dos metros de envergadura y el diseño del ala, sumado a los 30 litros de combustible de capacidad máxima, le permiten alcanzar velocidades en promedio de 200 km/h, 180 km/h en ascenso y hasta 300 km/h en descenso. Todo esto en máximo 13 minutos de vuelo.

Rossy debe alzar vuelo a bordo de una aeronave y luego lanzarse al vació, activando los motores de arranque automático y controlándolos mediante mandos ubicados en sus manos. De ahí en adelante todo es natural y el control de vuelo se hace a través de las contorsiones y movimientos del cuerpo a través del aire.

El humo sirve para dar una mejor visibilidad a Rossy, que se convierte en un pequeño punto en el cielo cuando es visto desde tierra. Sin embargo el equipo de trabajo ha diseñado un sistema de cámaras que transmiten en vivo los vuelos a una pantalla gigante ubicada estratégicamente para que el público pueda compartir con él la fantasía de remontarse de forma tan natural en el aire.

Una vez se agota el combustible o se finaliza el show, acciona un paracaídas France Legend R y desciende a tierra de forma lenta y segura. La seguridad prima ante todo y mucho de trabajo desarrollado por años se enfoca en ofrecer sistemas que le permitan sobrellevar cualquier emergencia con facilidad.

En caso de un inconveniente con el ala o los motores, Rossy dispone de un sistema de liberación que apaga el motor y abre automáticamente un paracaídas de rescate para el ala.

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