¡Te extrañamos y mucho Lodela! La historia de un emporio…

Una moda generacional y que se extraña. El tiempo pasa y las cosas cambian, pero los recuerdos continúan en la mente de los amantes de la aeronáutica y del aeromodelismo que ciertamente acercó a cientos de ellos al maravilloso mundo de la aviación.

Cada quien tiene su historia y el recuerdo del primer modelo armado de Lodela, una marca 100% mexicana que a principios de 1962 comenzó con un emporio, creando una necesidad para todas las edades. Por lo menos en México, comenzaban a existir con otras empresas dentro de esta industria pero que no repuntaron tanto como esta querida fabrica de sueños.

Los primeros aviones fueron inyectados en México gracias a una asociación con la entonces norteamericana de aeromodelismo Revell, quien prestaba los moldes de las primeras series en escala 1/40 y o 1/72 que serían vendidas exclusivamente al mercado mexicano.

El primer modelo fabricando por Lodela fue un P-39 Aircobra, junto a otros aviones como el Fw 190 y el Me 109, que comenzaban a circular a la venta en diferentes tiendas departamentales de aquella época y que dejaban ver detalles increíbles de fabricación a precios asequibles.

Si bien la incursión en el mercado no sólo se centraba en la inyección de aviones de combate de las diferentes Fuerzas Aéreas, también salieron algunos otros modelos como el famoso Orange Crush, unas carcachas que hacían parte de la colección de un pueblo del viejo oeste bastante nutrida.

El visionario de este negocio en México fue Don Apolo López de Lara, que durante las primeras dos décadas hizo una empresa que inyectaba cientos de modelos a escala y a grandes volúmenes, con detalles realmente increíbles y que se agradecían.

Lodela que es el apocope del apellido de LOpez DE Lara = Lodela, según el sitio del Club de Fans, y que desde ahí se relata algunas de las experiencias de una persona que desde la década de los 70’, recuerda sus primeros modelos y el armado de estos.

Todo era coleccionable, desde la misma caja que mostraba el modelo con dibujos a mano por John Steel, las calcomanías impresas con detalles reales, un esqueleto que resguardaba celosamente las piezas del avión y hasta los manuales meticulosamente impresos que detallaban una breve historia del modelo a armar.

Estas joyas del aeromodelismo, tenían diferentes puntos de venta, quizá una de las más atinadas estrategias para Lodela; desde una papelería en la esquina hasta una tienda Sanborns, se podían conseguir los modelos, el ‘cemento’ y hasta algunas de las mejores pinturas de la época, necesarias para su armado. Según algunos especialistas, México tenía lo mejor del aeromodelismo en mundo.

Ya para 1980, y tras la inflación en los Estados Unidos y un declive preocupante en las ventas, Revell –el gran aliado de Lodela-, fue comprado por el grupo francés “Generale du Jouet” (CEJI), una empresa que pretendía mantener la marca de Revell y hacer frente a la subsidiaria alemana.

Este cambio de fichas, le afectó seriamente a Lodela y es que según los expertos en la materia, la calidad de los modelos era muy por debajo de lo ya acostumbrado, se dejaron de hacer los dibujos en las cajas, los manuales estaban mal impresos y con poca información, entre otras, al tiempo de que las dos empresas no pudieron encontrar un punto de equilibro, generando roses entre ambas presidencias.

La década de los ochenta fue un gran tropiezo para la mexicana Lodela, y es que no encontraba un buen aliado con moldes que le proporcionara modelos que inspiraran a los consumidores. Otra empresa llamada Entex y Airfix, fueron aliados, pero es ahí donde los precios por cada modelo se incrementaron al doble, haciendo de este hobbie algo mucho más caro, como es en la actualidad.

Como un último respiro, Lodela decidió comprar sus propios moldes a Heller, y es ahí donde repuntaron nuevamente en el mercado, con aviones más apegados al interés de los aeromodelistas y de donde se extrajeron series como los AT6, Vampire, Mistral, con mejores y originales calcomanías de la Fuerza Aérea de Francia y la Fuerza Aérea Británica (RAF).

Para 1990, Lodela comienza a tambalear, el principio del fin está próximo a llegar, pero comienza a vender aviones que marcan un interés particular en México. Ya no sólo aviones de combate, como los de la Fuerza Aérea Mexicana (FAM), el F-5E Tiger III, los Boeing 737 y algunos otros de combate… comienza la era de la aviación comercial actual.

Los hermoso Boeing 727 de Mexicana de Aviación, con las cromáticas clásicas y de grecas de colores, Boeing 757 y otras aerolíneas que también lucían en las portadas de las cajas, como los Boeing 727 de Aviacsa, Aeroméxico con los DC-10 y los McDonell Douglas DC-9-32, TAESA, y los 747 de PanAm, Swiss, KLM, entre otras.

Luego de la muerte de Don López de Lara, la familia se quedó a cargo del negocio. Algunas versiones apuntan a que fue la nieta quien se quedó con el emporio, pero tras su falta de interés, Lodela dejó de existir aproximadamente en el 2007. Otra fuente consultada por Transponder 1200, asegura que la muerte de Lodela no es tan “romántica”, y que tiene un triste final. 

Sin dada esta empresa de orgullo mexicano nos acercó a este mundo tan hermoso de la aviación y es ahí donde supimos diferencias de un avión a otro, conocer cada detalle que los caracterizaba, de lo emocionante de ir a la tienda y comprar el último modelo, el temor de no echarlo a perder o que las calcomanías que se tenían que desprender con agua, no se fueran a romper.

Recuerdo que cuando tenía 13 años estaba armando un DC-9-32 de Aeroméxico con mucho esmero –como siempre-, pero más recuerdo que se me rompió una de las calcomanías del estabilizador vertical, ¡Como lloré esa maldita tarde! Tuve que ahorrar más domingos para recuperar mi atroz error, ¡Te extrañamos Lodela!

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