Un 13% de pilotos de aerolíneas estadounidenses sufre depresión

De acuerdo con una investigación publicada en la revista Enviromental Health, donde se consultó a un grupo de más de 3,485 pilotos de aerolíneas de ambos sexos acerca de su salud mental; se concluyó que aproximadamente un 13% de los pilotos en servicio de aerolíneas padece depresión, pero se rehúsan a buscar o recibir ayuda profesional por miedo.

El estudio fue impulsado después de lo acontecido con el accidente del A320 de la aerolínea alemana Germanwings en marzo de 2015, donde el copiloto Andreas Lubitz (quien sufría depresión y por ello le fue negada su aptitud dos veces) deliberadamente impactó la aeronave contra los Alpes Franceses, matando a los 150 ocupantes.

La depresión es un padecimiento común y los pilotos de aerolíneas no son inmunes a éste desequilibrio, cuyas etapas son muchas y pueden pasarse por varias de ellas; la más leve puede ser simple como incapacidad de conciliar el sueño, y la más extrema puede ser la comisión del suicidio o tener el constante pensamiento que “sería mejor estar muerto”.

Gran parte de los casos están basados en estudios y opiniones subjetivas de los especialistas, quienes evalúan los síntomas de su paciente (ansiedad, impotencia, irritabilidad, paranoia, etc.,) los cuáles afectan y modifican su comportamiento, pero se ha comprobado que no todas las personas deprimidas son suicidas.

Una de las causas de la depresión es el estrés constante, un factor al que los pilotos están sujetos dentro y fuera de la aeronave.

A menudo, la depresión no tiene una sola causa, sino que proviene de una serie de factores y aunque la depresión es tratable, los pilotos de aerolínea necesitan darse cuenta del problema y empoderarse para solucionarlo, pues es peor no hacer nada al respecto.

Joseph G. Allen, uno de los autores del reporte, asegura: “volar es seguro y éste estudio no modifica eso”.

Los expertos del tema dentro de la industria, recomiendan fomentar programas para prevenir y tratar la depresión entre los trabajadores, sin socavar la confiabilidad del público con respecto a las habilidades y capacidades para llevar a cabo su trabajo.

En 1997, un hecho similar al de Germanwings se presentó en el vuelo 185 de la aerolínea Silk Air, cubriendo la ruta Jakarta-Singapur. El vuelo, operado en un recientemente adquirido Boeing 737 y 104 personas a bordo, se estrelló en el río Musi, en Sumatra; la investigación que duró tres años, fue liderada por el El Comité Nacional de Seguridad en el Transporte de Indonesia (NTSC) y la Junta Nacional de Seguridad en el Transporte de los EE.UU., (NTSB).

La conclusión de la NTSC fue que:

“la evidencia recabada no era concluyente por lo cuál la causa del accidente del Silk Air 185 no se pudo determinar”.

Por su parte, la NTSB concluyó que:

“La evidencia era compatible con una manipulación deliberada de los controles de vuelo, presuntamente por parte del piloto al mando Tsu Way Ming, quien puso el avión en una posición de nariz abajo (vertical), provocando el accidente”.

Hasta el momento, no se ha confirmado ni descartado si el piloto Tsu Way Ming al mando del Silk Air 185 cometió suicidio, o si el accidente fue causado por algún fallo de la aeronave.

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