¿Adiós al Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México y al avión Presidencial?

Esta es la primera vez que el electorado designo a un presidente de izquierda en México. Andrés Manuel López Obrador (AMLO) desde su retórica siempre se ha mantenido a favor de los pobres y en contra de las minorías. Su coalición llamada “Juntos Haremos Historia”, promueve y promete entre varias, reconciliación, paz y erradicación de la corrupción, como misiones prioritarias en su gobierno.

Pero también, desde su campaña electoral fue claro en dos aspectos importantes que, de llevarse a cabo uno de ellos, sin duda será un gran golpe para la industria aeronáutica mexicana. La no construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, representaría un daño incalculable a la industria y se vería un México que será incapaz de responder a las necesidades del crecimiento mundial.

El tema no es nada nuevo y ni siquiera por asomo un capricho político. Desde hace más de una década se alertó sobre la necesidad de contar con un Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAICM), ante una inminente y clara saturación de la actual terminal.

Para cualquier nación, los aeropuertos son una unidad de negocio muy redituable por las aportaciones hacendarias y los ingresos que esto representa para los operadores privados, ya sin contar con la necesidad de los pasajeros de ser bien transportados. Las afectaciones por más son incalculables.

Desde hace años, los políticos le deben mucho a la industria aeronáutica que ha crecido gracias a la iniciativa privada y que sufre cada día de la desamparo de políticas renovadas y sanas para un crecimiento sostenido.

Pareciera que a nadie le importa una industria que genera casi el 3% al Producto Interno Bruto (PIB), y las decisiones que se toman en las cámaras de diputados y senadores, están alejadas de fundamentos, razón y causa. La aviación es estratégica y se requiere que talentos con conocimiento y visión de futuro.

Las proyecciones de crecimiento de los más grandes fabricantes de aviones en el mundo, de organismos internacionales, presionan a que las naciones tengan una infraestructura sólida para atender las futuras operaciones.

Hace falta leer, documentarse y acercase a los que sí saben de aviación. No sólo es lanzar ideas populistas y sin sustento claro. La aviación en México no puede dar un paso atrás, pero es el mismo desconocimiento y desinterés de los actores políticos que la preocupación ahora para la industria es alarmante.

Luego del conteo rápido del Instituto Nacional Electoral (INE), que proyectaba virtualmente como ganador a la presidencia de México al candidato de izquierda, Andrés Manuel López Obrador, dijo en su discurso en el zócalo de la Ciudad de México que los cambios serán profundos, que habrá libertad empresarial y que revisará los contratos para prevenir la corrupción pero siempre actuando dentro de un marco legal en tribunales nacionales e internacionales.

Por más breve que fue en ese sentido, es un claro momento para los actores aeronáuticos, especialistas, colegiados, sindicatos, aerolíneas, etc., de acercarse, de proponer y representar los intereses generales de la industria aeronáutica nacional.

Es tiempo de crear una Agencia Federal de Aviación Civil, que sanee del letargo en el que México vive en la materia. No podemos continuar con una Dirección General de Aeronáutica Civil impune, que sólo ha demostrado incapacidad y corrupción.

También urge la creación de comisiones en el senado, donde expertos en aeronáutica velen por los intereses de los ciudadanos que cada día requieren de más y mejor transporte aéreo y de quienes ejecutan la aviación nacional.

Urgentemente se requiere de enriquecer los escenarios aeronáuticos, el mejoramiento de políticas, actividades legislativas y normativas, que se logrará a través de figuras que tengan facultad y peso en las cámaras de Senadores y Diputados. La aviación no es de quien la imagina, es de quien la vive…. la responsabilidad es de todos.

Por último, la adquisición de la reciente “aeronave de transporte estratégico para uso presidencial y del Estado Mayor”, el Boeing 787-8 Dreamliner matrícula XC-MEX, costó, conforme al presupuesto de egresos del año 2015, un total de $6,983,251,790 pesos.

Este avión servirá por lo menos para seis sexenios y el ahorro operacional que representará en por lo menos 30 años de servicio, lo agradeceremos los contribuyentes.

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