Perder el empleo de la noche a la mañana…

El vuelo comenzó en la ruta Ciudad de México hacia Ciudad Juárez haciendo escala en el Aeropuerto de León, Bajío. Nadie sospechaba lo que pasaría en menos de cuatro horas. Posterior al despegue de León, Bajío, la tripulación ya daba por hecho que la pernocta iba a ser corta debido a que el vuelo salió demorado desde México por repercusión de demora al haberse observado fallas en sistemas de la aeronave.

Al día siguiente, el despegue debería ser a primera hora de operación, esto es, las 08:00LT (GMT-5) por lo que, si aterrizaban en tiempo local en Ciudad Juárez a las 11:20LT, sumado el trayecto al hotel, la pernocta efectiva sería de menos de ocho horas.

Pero esta práctica se asume normal, pues en la aviación comercial, parece no importar si el descanso es mínimo porque lo que en realidad interesa primero, es cumplir con los itinerarios y satisfacer las proyecciones de la Dirección Comercial. Cuando en aviación comercial una tripulación aduce que una pernocta será corta por cualquier motivo, excepto propia responsabilidad de la tripulación, la respuesta por parte de quienes se encargan de programar los itinerarios es (casi siempre) la misma: “pero el vuelo de regreso es directo y ya descansas todo el día”.

Lo importante no es lo que va a pasar mañana, sino la carga laboral que trae uno desde que se inició el vuelo; pero eso parece entenderlo los involucrados directos en el vuelo, no así la organización-empresa. La sorpresa fue mayúscula al aterrizar en Ciudad Juárez.

Formados en fila solemne, como si recibieran a un Jefe de Estado, se encontraban en la plataforma elementos del ejército, de policía estatal, policía federal, personal del aeropuerto, autoridades de aeronáutica civil y otros más que no pudieron ser identificados de momento.

La aeronave se acercó al punto de estacionamiento donde no había posición de contacto (cosa primeramente extraña si la aeronave salía en menos de ocho horas nuevamente); cuando la escalera móvil hizo contacto y la puerta de la aeronave se abrió, el jefe de estación de Ciudad Juárez irrumpió en la cabina de pilotos y exaltado, con la respiración entrecortada nos lanzó esta cubetada de agua congelada:

Capitanes…. a partir de las cero hora local, ya no tenemos AOC [Certificado de Operador Aéreo]. Nos suspendieron las operaciones, ya no somos empresa y, por lo tanto, tenemos que reposicionar la aeronave fuera del perímetro comercial, en cuanto bajen pasajeros y equipaje, tenemos que desalojar el área”.

Creo que han sido los minutos más largos de silencio que he experimentado profesionalmente. Uno de los compañeros sobrecargos, a lo lejos preguntó: ”¿Pero es temporal… verdad?”; en el fondo sabíamos que no, aunque la necesidad de seguir aferrados a este empleo nos nubló la mente con esa falsa esperanza: “Temporalmente”.

Muy alejados de la zona comercial, con el cansancio del día, el peso de la noticia y arrastrando nuestro equipaje, caminamos largamente desde la aeronave hasta el edificio terminal donde nos esperaba el “comité de bienvenida” del ejército, policías y demás.

Las miradas hacia nosotros no eran de pena como tampoco de empatía, en el ambiente flotaba un “ya se los chingaron”, expresión tan mexicana que dice mucho y no necesita otras explicaciones. En la forma del trato se nos hizo sentir como criminales, como si nosotros hubiéramos generado la crisis y en nosotros estuvo la revocación del permiso de operaciones al no haber actuado correctamente.

Esa noche, nadie pudo conciliar el sueño. Fue hasta las tres de la tarde que nos llamaron al hotel para advertirnos que debíamos correr al aeropuerto, abastecer combustible y regresar a la base de operaciones, debido a que el gobierno nos había extendido graciosamente un permiso temporal para concentración de aeronaves y tripulantes que nos encontrábamos fuera de base.

Como si fuera poco, durante el vuelo de regreso, el Centro de Control México nos advirtió que no era posible que nos recibieran en el Aeropuerto de la Ciudad de México por saturación de la plataforma de la compañía, que deberíamos volar al aeropuerto alterno y ahí esperar instrucciones, cosa que así sucedió.

Nos encontramos a un nutrido grupo de compañeros pilotos en Toluca a quienes también les fue negada la entrada a Ciudad de México. La pesadumbre, miedo, incomodidad, nerviosismo y tristeza nublaron la sala donde nos encontrábamos esperando transportación hacia nuestra base.

Recuerdo perfectamente que los sentimientos descritos anteriormente fueron disfrazados con chistes y un ambiente “cool” ese de “aquí no pasa nada”, como debe ser siempre en una cabina donde se vive una crisis. Sirva esta anécdota personal para acompañar a los colegas y compañeros de Interjet quienes están pasando por una crisis laboral.

Siéntanse acompañados en estos momentos y tengan la seguridad que su profesionalismo los llevará a otros destinos, tal vez mejores, pero seguramente diferentes. Ojalá la aerolínea salga de esta crisis por el bien de la industria, por el bien del país; todo esto pasa a semanas del cambio de sexenio. Vuelos seguros para todos.

Fotos: JetPix/WikipediaPaul Davey/Wikipedia | Torsten Maiwald/Wikipedia

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