El infierno y la gloria; a una década del rollout del 787 Dreamliner

Alta expectativa generó el rumor a inicios de este siglo que el fabricante Boeing se encontraba en la mesa de trabajo, diseñando planos de lo que sería el remplazo del poco ya demandado Boeing 767. La fábrica estadounidense se encontraba preparando el camino de un nuevo avión capaz de transportar a más pasajeros y con costos operativos menores que los widebody de aquél entonces.

Durante los siguientes años, si bien Boeing no tenía en mente el nombre final del avión -inicialmente denominado ‘Sonic Cruiser’-, tenía la intención de competir con los aviones de fuselaje ancho, pero volando a velocidades cerca de Mach 1, casi la velocidad del sonido, un diferenciador dentro del segmento, pero no suficiente para los operadores.

Si bien el mercado no requería –y aún dejan de estar interesado- en un avión comercial sónico; un año después, en 2003, Boeing declina desarrollar una aeronave con esas capacidades y le da un nuevo nombre, el Boeing 7E7, en lo que suponía ya una idea más clara de lo que actualmente conocemos, y consiguiendo así su primer cliente de lanzamiento, All Nippon Airways (ANA), con un pedido de 50 equipos para el año 2004.

En esos años, el innovador diseño ya era más apegado a ser un avión veloz, capaz de transportar más pasajeros, asequible con el medio ambiente y con costos operativos, significativamente menores a los aviones del segmento de la época. Es así como reluce uno de los programas más exitosos de fabricante. En el 2005 se le da el nombre de Boeing 787 Dreamliner oficialmente.

La oferta causó una gran esperanza para los operadores transcontinentales y un particular nerviosismo de su rival, Airbus, que aún no tenía con que competir, y a diez años sigue sin tenerlo, aunque algunos aseguran que el Airbus A350 es la competencia directa del 787 Dreamliner.

El lanzamiento, un 8 de julio del 2007 marcaba el inicio de una nueva etapa para Boeing y la familia de aviones Dreamliner que inicialmente ofrecía dos versiones 787-8 y 787-9 Dreamliner, equipos que revolucionarían y abrirían la puerta a nuevas posibilidades de vuelos non-stop (sin escalas) sin precedentes, algo que resultaría muy atractivo para las aerolíneas.

Los problemas comenzaron con los retrasos de entregas; el avión supuestamente estaría en el año 2008 para entrar en servicio, no ocurrió así. Antes de su primer vuelo comercial, sufrió alrededor de ocho retrasos, en temas como la cadena de suministro, problemas de diseño, huelgas del personal, fallas en los motores Trent-1000, lo que hizo que se entregara hasta el año 2011 al cliente de lanzamiento ANA.

Los tres años de retrasos y cientos de millones de dólares tirados a la basura en pagos por compensación a los nuevos clientes, obligó a los demás operadores a considerar algunos pedidos y observar la evolución y comportamiento del avión. Una vez puesto en vuelos comerciales, surgen nuevas dudas de sus componentes; las baterías de litio un dolor de cabeza para el fabricante.

La Administración Federal de Aviación (FAA) emitió una directiva de aeronavegabilidad, en la que obligaban a operadores estadounidenses y recomendaban a operadores internacionales parar todos los vuelos de sus Boeing 787, hasta que el fabricante solucionara el problema de sobrecalentamiento y combustión de las baterías.

Después de la tormenta, siempre llega la calma, y es que el lanzamiento y la presentación de la última versión de la familia, el Boeing 787-10 Dreamliner, en la planta del fabricante en Carolina del Sur, fue un aliciente después el boom mediático y negativo que sufría el programa a consecuencia de las baterías. Según Boeing, las entregas a los clientes comenzarán a partir del próximo año 2018.

Al 2017, Boeing no ha podido cantar victoria, pero si ha cumplido –hasta cierto punto- las promesas hechas a principios del milenio. Aún continúan los problemas en algunos de los motores Rolls-Royce Trent-1000 por fatiga, corrosión y agrietamiento; si bien éste es un problema sólo atribuible a la marca británica, los daños colaterales también afectan al fabricante estadounidense.

A una década del lanzamiento del 787 Dreamliner, y con la puesta en marcha de un nuevo mercado que inició Boeing, desde su entrada en servicio en 2011, la familia 787 ha transportado a más de 140 millones de personas en 530 rutas en todo el mundo, ahorrando un estimado de 12 mil millones de libras de combustible.

De las tres versiones de la familia Dreamliner, ha generado un total de 1275 pedidos; 681 del 787-8; 425 del modelo 787-9; y 169 de la última versión 787-10.

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