El 21 de agosto de 1963, un Tupolev Tu-124 matrícula CCCP-45021 propiedad de la aerolínea un Aeroflotun transportaba a 44 pasajeros y 7 miembros de la tripulación, cumpliendo el vuelo que partió del Aeropuerto de Tallin (TLL) en Estonia hasta el Aeropuerto Internacional de Moscú-Vnukovo (VKO).

Inmediatamente después de haber despegado a las 08:55 comenzaron los problemas; los técnicos en el terreno localizaron un perno que se había desprendido de la aeronave. Justo en ese momento la tripulación de pilotos notó que el tren de aterrizaje de la aeronave no se retrajo completamente y estaba atascado en un punto medio. Posteriormente, los pilotos solicitaron autorización para regresar a Tallin (TLL), y realizar un aterrizaje de emergencia.

Las condiciones climáticas no ayudaron, una fuerte y espesa neblina impidió que el avión se aproximara, la baja visibilidad hizo que los pilotos desviaran la aeronave hacia Leningrado (ahora San Petersburgo). La tripulación de vuelo decidió aterrizar en una de las pistas sin pavimentar en el Aeropuerto de Pulkovo (LED) disminuyendo el riesgo de incendio al aterrizar en concreto, reduciendo considerablemente la fricción.

Los equipos de emergencia acudían a Pulkovo (LED), el Tupolev Tu-124 realizaba algunos patrones de espera sobre Leningrado para reducir su carga de combustible. La distancia entre Tallin (TLL) y Vnukovo (VKO) era de 537 millas náuticas (865 km), y el Tu-124 no transportaba demasiado combustible.

En esos momentos el avión arrojaba combustible, y los mecánicos a bordo del avión pensaron en una idea brillante: perforar un agujero en el fuselaje y tratar de arreglar el tren de aterrizaje con un poste.

Casi arreglaron la rueda pudiendo acomodarla en una posición de retracción correcta y fija. Esta acción desencadenó los siguientes problemas en cabina; el avión se estaba quedando sin combustible, pero los indicadores de combustible aún mostraban que los tanques tenían al menos una tonelada. Desafortunadamente para la tripulación, los indicadores estaban fuera de servicio.

A las 12:10 hora local, a unas 13 millas (21 km) del Aeropuerto de Leningrado, el motor izquierdo se apagó cuando se agotó el combustible, aproximadamente un minuto más tarde, el motor derecho se rindió, y el Tu-124 planeaba sobre San Petersburgo. El capitán, Viktor Mostovoy, decidió que la única opción era descender el avión en el río Neva.

El piloto aterrizó suavemente el avión en el Neva, sin embargo, cuando el equipo acuatizó, el fuselaje se rompió y comenzó a entrar agua dentro del Tupolev, lo que hizo que comenzara a  hundirse. Afortunadamente, un remolcador se encontraba cerca. El capitán del remolcador pensó que era una prueba de un nuevo hidroavión, la tripulación de vuelo se dio cuenta de que el Tu-124 se estaba llenando rápidamente de agua.

Rompieron la ventana de la cabina, ató el cable del remolcador a la rueda de del avión. El remolcador llevó el Tu-124 a un muelle cercano, donde todos a bordo desembarcaron sin heridas. Las autoridades locales recuperaron el avión dos días después, según AirHistory, el fuselaje se usó más tarde como marco de instrucción en KAT GA, un colegio de aviación en Kirsanov, Rusia.

Foto: Sergei Vershler

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    Por: Miguel Márquez

    Licenciado en Diseño Gráfico, con más de 15 años en medios de comunicación, editor y productor de medios audiovisuales, espacios radiofónicos y podcast.

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