“Mayday, necesitamos vectores hacia el mar, por favor […] vamos a amarizar, amarizar…”

Ilegible, por favor dilo de nuevo. ¿Necesita vectores para aterrizar o vaciar combustible?” 

Transcripción del diálogo entre el control aéreo portugués y la tripulación…

Imagínese usted, la posición de un controlador de tráfico aéreo. Una aeronave en emergencia, con problemas en los controles de vuelo. Siguiendo lo que debería hacerse ante la situación, y atendiendo la solicitud de la tripulación, inicia un vectoreo para traerlo de vuelta al aeropuerto de origen. Cuando, de repente, es sorprendido con la frase que encabeza el título de esta nota.

Estas fueron las palabras que una controladora del tráfico aéreo portuguesa oyó durante la tarde de este domingo 11 de noviembre, cuando la tripulación del Embraer 190 matrícula P4-KCJ de la aerolínea Air Astana, perdió los controles del equipo poco después de haber despegado de la Base Aérea de Alverca. La aeronave se convirtió prácticamente ‘ingobernable’ en los cielos del área metropolitana de Lisboa.

Con la aeronave desestabilizada, registrando una gran variación en su velocidad y altitud sobre una región considerablemente habitada y sin una perspectiva de eludir la situación a corto plazo, la tripulación kazaja en un acto de destreza y en cierto modo, de heroísmo, previendo la inminencia de un desastre y buscando minimizar eventuales daños colaterales, se decide tomar una acción: Alejarse del terreno en dirección a las aguas del Atlántico, donde intentarían amerizar.

Fueron exactamente sesenta minutos que la tripulación, el control de tráfico aéreo y un piloto de la Fuerza Aérea Portuguesa, volando un F-16 Fighting Falcon, se preparaban para la acción sin margen para errores. Con seis personas a bordo y como recurrentemente reportaban, con la aeronave sin control, el resultado no sería de los mejores. Y tenían pleno conocimiento de ello, incluso, rechazaron un río por no tener espacio necesario.

Afortunadamente, cuando seguían hacia el Atlántico en un vuelo sin retorno, la tripulación consigue recuperar el control del Embraer y estabilizarlo, cancelando su intención de ‘aterrizar en el agua’ (amerizar) y desviándose hacia el aeródromo más cercano en tierra firme, la Base Aérea de Beja, donde aterrizó con seguridad en su tercer intento. De este día, ninguna de las partes implicadas lo olvidarán.

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