Se despide el peor CEO de la historia de Boeing, Dennis Muilenburg

Las pifias que se acumularon desde que llegó al puesto de CEO nunca en la historia del fabricante habían sido tantas y consecutivas.

Primero el penoso asunto de las baterías en los primeros Dreamliners y lo más reciente, las tragedias en dos aeronaves B737 MAX. Es en este momento donde Boeing tiene la oportunidad de cambiar desde lo profundo y si es necesario recertificar al MAX por otra aeronave que no se llame 737, deberán de hacerlo.

Es la sobrevivencia de la empresa la que está en juego y no hablamos siquiera de la seguridad de los usuarios y Pilotos que lo vuelan. En el comunicado de Boeing donde se anuncia la salida de Muilenburg, no se le otorgan las gracias políticas que frecuentemente se les da a los caídos en desgracia.

Es tal el peso de la lápida, que mejor decidieron escribir los nombramientos en las direcciones y no mencionar más al estólido Dennis Muilenburg. Queda al frente de una empresa deteriorada moral, fiscal y tecnológicamente David Calhoun nuevo CEO y presidente.

Tiene (nada más) la encomienda de restaurar la confianza y credibilidad de Boeing, así como saldar el daño con la autoridad aeronáutica mundial en el tema de regulaciones. Creo que esto será posible si -y sólo si- David Calhoun entiende muy bien la preponderancia de Boeing en la fabricación de aeronaves y no solamente como una caja de hacer dinero, que, de eso, Muilenburg supo muy hacer muy bien, pero con resultados fatales, incluso podemos decir que no solo en su conciencia llevará a los fallecidos en los dos accidentes del MAX sino el daño posible a quienes siguieron operando el 737 MAX después de los accidentes bajo el ocultamiento de la información.

Que duerma bien si puede Señor Muilenburg, la verdad es que no se le va a extrañar nada en la aviación.

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