#DíaDeLaMujer | Sobrecargo: evolución de un trabajo con tintes sexistas

En 1975, las Naciones Unidas declararon el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer. Esta fecha se decretó a partir de la conmemoración de la lucha de las mujeres por sus derechos y condiciones laborales en EE. UU que data de 1875. Hoy en día se ha progresado en muchos aspectos, pero aún falta mucho camino por recorrer para lograr una verdadera equidad.

El sector aeronáutico no ha estado exento de las condiciones machistas que la sociedad ha instaurado en la vida en general. En paralelo al desarrollo técnico y crecimiento de la industria, la lucha por mejores condiciones para las mujeres dentro esta también ha avanzado. Como es de imaginarse, estos movimientos comenzaron en los países donde la aviación comercial se desarrolló antes.

Este artículo se ha basado en los puntos principales de la historia de las mujeres en la cabina de pasajeros. Tanto la industria como los movimientos sociales que han ocurrido en países más progresistas se expanden al mundo. En el caso de las luchas por los derechos, lamentablemente a regiones como la nuestra muchas veces suceden con un desfase de casi 40 años.

Cuando alguien menciona la frase “las mujeres en la aviación”, en seguida viene a nuestra mente la imagen de una mujer piloto. Ellas representan la flecha de lanza de la participación femenina en la industria. Han logrado conquistar un lugar que socialmente se ha asociado a los hombres. A lo largo de la historia hemos visto como importantes mujeres se abrieron camino para que hoy cada vez más mujeres puedan tomar el mando de una cabina de vuelo.

Sin embargo, en muchas ocasiones se olvida mencionar a otro sector que es importante en las operaciones diarias: las Sobrecargos. El papel de las Tripulantes de Cabina es vital pues de acuerdo -al Reglamento de la Ley de Aviación Civil- deben auxiliar al Comandante al mando en el cumplimiento de las disposiciones de seguridad y emergencia en la cabina de pasajeros. Como segunda labor, brinda servicio y atención a los pasajeros del vuelo.  

En este día de conmemoración a la mujer y su incansable búsqueda por la equidad entre géneros, es importante recordar el origen y las luchas de reivindicación que se han dado desde la trinchera de las Sobrecargos. El rol que las tripulantes de cabina han jugado ha tenido múltiples giros que nos han llevado hasta donde estamos y nos encaminan a un futuro más equitativo.

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Para comenzar, hay que destacar que los primeros Tripulantes de Cabina fueron hombres. En una muestra del machismo de la sociedad y la incipiente aviación comercial, las mujeres no tuvieron oportunidad de ser Sobrecargos. La justificación para esa decisión era la creencia de que las mujeres no podían volar debido a los cambios hormonales que presentaban en su ciclo menstrual.

 La primera persona en ese trabajo fue el alemán Heinrich Kubis en la aerolínea alemana DELAG 1912. En aquella época, quienes desarrollaban esta labor eran conocidos como Cabin boys y su función estaba enfocada en funciones de servicio como acomodar el equipaje y servir comidas.

Tuvieron que pasar 18 años para que una mujer pudiera convertirse en Auxiliar de vuelo. La pionera en el ámbito fue la enfermera Ellen Church, quien era una apasionada de la aviación. Su primer objetivo era ser piloto de Boeing Air Transport (antecesora de United Airlines) sin embargo, le fue negada la posibilidad. La siguiente opción para Church fue ser parte de la tripulación de cabina.

Con el deseo de volar, convenció a los ejecutivos de la aerolínea de la necesidad de contar enfermeras capacitadas a bordo de los aviones. Bajo esos argumentos, la aerolínea la contrató para esa función y además entrenar en las nuevas funciones a 7 colegas suyas. Estas 8 mujeres fueron el primer grupo conocido como Sky Girls o The Original Eight.

En un entorno predominantemente masculino -y en una época machista- no transcurrió mucho tiempo para que este nuevo cargo se usara como un atractivo para los pasajeros. A partir de la entrada de las mujeres a las cabinas de pasajeros, se tomaron medidas sobre ellas para poder explotar el género. Fue entonces que se establecieron parámetros para la selección del personal.

De acuerdo con el libro, Feminity in Aviaition, los requerimientos para las Sobrecargos eran ser de tez blanca, no mayores a 25 años, medir entre 1.60-1.65, pesar menos de 60 kg, ser solteras y no tener hijos. Cuando una Sobrecargo rompía con alguno de los últimos tres, era suspendida o incluso, despedida de su trabajo. Con estos lineamientos, se formuló un perfil de mujer blanca y de una clase media que estigmatizaron la profesión.

Estas restricciones sobre el cuerpo de las Sobrecargos no era otra cosa más que la cosificación de las mujeres. Las aerolíneas comenzaron a utilizarla imagen de las Sobrecargos como un atractivo para los pasajeros. Es decir, el valor de estas pasó de ser protección médica para los pasajeros a ser un accesorio a bordo de las aeronaves. Derivado de la objetivación de las Tripulantes de Cabina se formó el que, hasta el día de hoy, es un fetiche para algunos.

Esta opresión no era bien tomada por las Sobrecargos por lo que, en 1945 Edith Lauterbach juntó con cuatro colegas fundaron la Air Line Stewardesses Association. Esta organización fungió como sindicato para las tripulantes. Lauterbach luchó incesantemente para que los requisitos que estaban establecidos para las mujeres fueran cayendo.

Gracias a este y otros movimientos fuera de Estados Unidos, durante las siguientes décadas fueron abolidas restricciones como la edad, el estatus civil y en algunas aerolíneas, el peso. Además, con el paso del tiempo, los hombres volvieron a poder ser parte de las tripulantes en la cabina de pasajeros. Por lo anterior, se buscó quitar la predominancia del término Stewardess –pues es meramente femenino- por el término neutral Flight Attendant.

Sin embargo, faltaba un pendiente en esta búsqueda de libertades y equidades. Las mujeres afroamericanas aún eran rechazadas de las aerolíneas. Los motivos se centraban nuevamente en el cuerpo y si bien no era expresado directamente, el color de la piel era una característica en contra. Fue hasta 1957 que se contrató a la primera Tripulante de Cabina afroamericana: Ruth Carol Taylor. Al ser la primera mujer de raza negra en entrar al mundo de los Sobrecargos, se volvió un ícono de lucha para los derechos civiles de los afroamericanos.

Aún cuando se iban teniendo conquistas sobre las medidas de control sobre las Sobrecargos, las aerolíneas no quitaron el dedo del renglón sobre la cosificación de las Sobrecargos. Incluso las aerolíneas lanzaban campañas con un enfoque sexista donde nuevamente, la función de las Tripulantes de Cabina era vista meramente como ornamental. Ante esto, las Sobrecargos mantuvieron las exigencias de romper con el estereotipo de “modelos” y que fueran valoradas por su profesionalismo.

La lucha por la certificación de la labor, así como por el reconocimiento como fuerza laboral se mantuvo durante más de 50 años. Durante ellos, sucedieron accidentes y actos de interferencia ilícita donde las y los Sobrecargos dieron muestra de su importancia en la cabina. Fue hasta el 2003 -y una vez ocurridos los ataques del 11 de septiembre- que la Administración Federal de Aviación de Estados Unidos comenzó a emitir las certificaciones para las y los Tripulantes de Cabina. Tras la tragedia del 2001, fueron reconocidas como primera línea de seguridad en las cabinas.

Hoy por hoy queda evidenciado que el rol de los Auxiliares de Vuelo nunca debió estar ligado a un género, raza, estado civil y por supuesto, tampoco a características físicas de las personas. El objetivo de seguridad y servicio puede ser cumplido más allá de una cara bonita. Para cumplir con las funciones no debe considerarse -desde la empresa ni de los pasajeros- que sea necesario ser mujer ni deba cumplir con un estereotipo.

Estos hitos históricos parecen lejanos y podrían considerase como una conquista definitiva en el progreso de la aviación comercial mundial. Sin embargo, suele existir un desfase para que estos lleguen a las aerolíneas de todas las regiones. En países menos progresistas dentro de América Latina, Medio Oriente, África y Asia principalmente, estos logros podrían demorar décadas en forjarse.

Dentro de esos últimos aún existe la preponderancia por la belleza exterior sobre las capacidades. De hecho, aún existen aerolíneas donde aún no son aceptados hombres. Y no hace falta mirar al exterior, en México hasta hace dos años, dos de las principales líneas aéreas tenían estas restricciones en sus contrataciones.

Además, a modo de ejemplo, en dos de las más grandes e importantes compañías a nivel mundial -Emirates y Qatar Airways- se piden fotografías de cuerpo y cara sumado a los datos personales, con el fin de comprobar el perfil estético de las y los candidatos. Es increíble pensar que estas condicionantes aún siguen vigentes cuando hace 50 años fueron eliminadas en muchas aerolíneas.

Si bien las sociedades deben evolucionar, el cambio podemos iniciarlo desde adentro. La recurrente frase dentro del gremio de “somos más que una cara bonita”, debe ser cancelada. En ella se devela la interiorización del arquetipo de TCP.  Otro ejemplo de ello es cuando tripulantes se encuentran con sus homólogos de países donde se han logrado abolir los estereotipos. Al notar que estos últimos no deben cumplir con una imagen estética -maquillaje, peinado y en el caso de las mujeres, tacones- suelen presentarse comentarios sobre el “desaliño” de sus colegas.

El papel de los Tripulantes en la aviación comercial ha evolucionado. Pasó de ser meramente masculino a ser exclusivo de las mujeres que cumplían como una atracción para los pasajeros. Hoy, en la búsqueda por más derechos y equidad, debemos buscar cabinas libres de estereotipos. Además, debemos abogar por cabinas más justas donde el trabajo de la mujer sea igual al que puede realizar un hombre y viceversa y no enfocado a un fetiche. La aviación del futuro debe buscar cabinas de pilotos y pasajeros mixtas, donde prevalezca la búsqueda de personas con vocación, amor por la aviación, capacidad y eficiencia. El género y la apariencia física definitivamente no son relevantes.

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    Por: Ingrid Gil

    Sobrecargo de aviación. Licenciatura en Sociología en FCPyS, UNAM. He colaborado en proyectos de investigación en el ColMex y la UNAM.

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