Ella es SOFIA, el observatorio volador de la NASA

Tal vez nunca imaginaste que un telescopio que investiga el centro de la galaxia podría estar sobre un avión, tal es el caso de SOFIA, que es el acrónimo que recibe el Observatorio Estratosférico de Astronomía Infrarroja de la NASA, un proyecto en conjunto de ciencia espacial alemán-estadounidense.

Se trata de una ‘Reina de los Cielos’, un Boeing 747SP modificado para transportar un telescopio reflector de 2.7 metros. Al volar en la estratosfera entre 38,000 y 45,000 pies sobre el nivel del mar, por debajo de esta altitud, el vapor de agua en la troposfera dificulta las observaciones en el infrarrojo, lo que permite a los astrónomos estudiar el sistema solar y el espacio profundo de formas que no son posibles con telescopios terrestres.

Gracias a la movilidad del observatorio sobre el Boeing, los investigadores pueden realizar observaciones desde casi cualquier parte del mundo, y permite el estudio de eventos transitorios que a menudo ocurren sobre los océanos donde no hay telescopios. Según datos, la aeronave opera unos 160 vuelos al año, de los cuales, cada uno tiene una duración entre 6 y 10 horas, desde cualquier parte del mundo.

Este avión jumbo tiene su base y es operado desde el Centro de Investigación de Vuelo Armstrong de la NASA en Palmdale, California. La Oficina del Programa Stratospheric Observatory For Infrared Astronomy (SOFIA) se encuentra en el Centro de Investigación Ames de la NASA en Moffett Field, California, que administra las operaciones científicas y de misiones de SOFIA en cooperación con la Asociación de Investigación Espacial de las Universidades (USRA; Columbia, Maryland) y el Instituto Alemán SOFIA (DSI; Universidad de Stuttgart).

Además, este proyecto de NASA y DLR (Centro Alemán para el Viaje Aeroespacial por sus siglas en alemán) fue entregado para su integración en Waco, Texas, en un avión de transporte Airbus Beluga.

En cuanto a su forma de operar, SOFIA está diseñado para observar el universo infrarrojo durante los vuelos. Muchos objetos en el espacio emiten casi toda su energía en longitudes de onda infrarrojas y, a menudo, son invisibles cuando se observan con luz visible. En otros casos, las nubes celestiales de gas y polvo bloquean la luz emitida por los objetos más distantes, pero la energía infrarroja atraviesa estas nubes. En ambos casos, la única forma de aprender sobre estos objetos es estudiar la luz infrarroja que emiten.

En operación, los investigadores recopilan datos para estudiar entre otras cosas: el nacimiento y muerte de estrellas, formación de nuevos sistemas solares, identificación de moléculas complejas en el espacio, planetas, cometas y asteroides en nuestro sistema solar, nebulosas y galaxias, campos magnéticos celestes y hasta agujeros negros en el centro de las galaxias.

A diferencia de los telescopios espaciales, SOFIA aterriza después de cada vuelo, por lo que sus instrumentos se pueden intercambiar, reparar o actualizar para aprovechar las nuevas tecnologías. Debido a que estos nuevos instrumentos pueden ser probados y ajustados, SOFIA puede explorar nuevas fronteras, sirviendo como banco de pruebas para la tecnología que algún día puede volar en el espacio. 

Con información de NASA y DLR

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