Mexicana de Aviación; 9 años sin respuestas y menos soluciones

Cuando se habla de la quiebra de Mexicana de Aviación, –quiebra declarada por la Juez Edith Alarcón el 4 de abril de 2014-, se olvida que el agente económico que representaba la aerolínea fue utilizado como caja chica por parte de su último dueño, Grupo Posadas. No fueron las aerolíneas de nueva creación, como tampoco el gobierno en turno quienes cesaron a la aerolínea.

Si bien se puede llegar a acusar al gobierno de no haber ayudado o intervenido para que el cese de operaciones no se concretara, tenemos un problema en la misma ley de aviación civil que impide, salvo causas de fuerza mayor, la requisa de la o las aerolíneas en México según el Artículo 83 de la Ley de Aviación Civil.

Es perfectamente entendible que los empleados de Mexicana de Aviación luchen por defender los activos que le queden a la Aerolínea.

No olvidemos que se dejaron de pagar jubilaciones, sueldos y todas aquellas prestaciones a la que Grupo Posadas estaba obligado ante el Gobierno, porque fue ese grupo empresarial y nadie más, quienes adquirieron la concesión de la aerolínea siendo sujetos de obligaciones para con el Estado. 

Se entiende que los empleados y jubilados pidan a la autoridad judicial que se les pague el usufructo de las rutas que operaba Mexicana y que otras aerolíneas actualmente explotan al haber sido regresadas al gobierno como titular de estas.

Las rutas que operaba Mexicana no son, bajo la óptica del artículo 14 de la Ley de Aviación Civil, propiedad de las aerolíneas sino concesiones del estado; privilegio que cesa al no explotarlas por las razones escritas en ese Artículo.

Las aerolíneas, como agentes económicos sujetos a la ley de concursos mercantiles, deben obligarse a que, durante el concurso mercantil, se busque la preservación de la empresa y el cumplimiento de las obligaciones o en su defecto, bajo la tutela del Instituto Federal de Especialistas en Concursos Mercantiles, dependiente del Consejo de la Judicatura Federal, buscar la mejor liquidación de esta.

Ambas premisas no se han cumplido en el caso de Mexicana de Aviación.

En un acto de justicia, se debe de liquidar y en su caso, seguir otorgando las jubilaciones a los empleados según se estipule la prelación de pagos.

Sin embargo, según los registros periodísticos, no se alcanza a juntar el total del dinero para estos fines porque se tenían asegurados (hasta el año pasado) $138 millones de pesos mexicanos, dinero que equivale al 40% del total de los derechos de la quiebra que no de las liquidaciones.

Quedan pendientes también el acuerdo entre los sobrecargos jubilados y los activos, respecto a las obligaciones y también la venta del MRO que sin duda, ha generado resultados positivos.

¿Podría volver a volar Mexicana de Aviación?

Esta pregunta resurgió hace unas semanas dentro de las conferencias de prensa de la Presidencia de la República.

La respuesta fue vaga. Se dejó entre ver que el Estado mexicano podría actuar “hasta donde se pueda” (cita textual).

La viabilidad técnica de operación estaría del lado de Mexicana si el estado absorbe los pasivos, los adeudos y ofreciera toda la capacidad del gobierno para acelerar los trámites necesarios, es decir, tener una aerolínea operada por el estado.  

En pleno siglo XXI, esa fórmula es improbable dadas las condiciones de competencia y libre mercado.

Sin embargo, nadie puede asegurar que en México no se pueda dar el caso de que, así como en el pasado, Mexicana pueda ser nuevamente una empresa paraestatal con participación de capital mixto.

Ante ese escenario ¿Qué aerolínea o aerolíneas dejarían de operar en México?

Los Gobiernos vecinos ¿permitirían la entrada a sus espacios aéreos a una empresa subsidiada por el estado mexicano sin intervención de competencia?

Este es un gran tema ya que al menos y solo por dar un ejemplo, en México estamos ejerciendo ya las libertades del aire suscritas en los convenios internacionales y los cuales están al nivel de la Constitución Mexicana según la pirámide de Kelsen.

La aviación es una industria que genera miles de empleos y le da al estado un ingreso a través del Producto Interno Bruto muy considerable, por supuesto paga impuestos y deja dividendos.

México necesita más aviación, mayor conectividad regional, internacional y competencia de precios.

Si el Gobierno de México pudiera (con números) asegurar la viabilidad financiera de Mexicana de Aviación y permitiera el ingreso de capital privado, inversión de fondos, de Afores e ingresarla a la Bolsa de valores, no habría duda de que esta aerolínea podría volver a volar.

Foto: Wikimedia Commons – Eddie Maloney

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