¿Por qué para los políticos todo es blanco o negro?… A propósito del NAICM

Es curioso que el patrón se repita, indefinidamente, en cualquier tema, en cualquier lugar de nuestra América; los gobernantes que provienen del voto popular, siempre presentan las cosas como binarias:

  • Yo o el caos
  • El país se hunde si no me votan a mí
  • Si gana el partido opositor habrá recesión (la que vino después cuando yo estaba se originó en “factores externos”)

Y podríamos seguir con infinidad de ejemplos que muestran siempre opciones contradictorias, jamás hay alternativas, jamás complementariedades, jamás hay otra opción que no sea “fácil”.

¿Es que las cosas de nuestra vida son así? Pensemos por un momento en las decisiones importantes que hemos tomado en nuestra vida, ¿qué estudiar?, ¿dónde vivir?, cambiar de trabajo, tener hijos, asumir la responsabilidad profesional sobre un trabajo ejecutado, y un largo etcétera.

¿Es que en ellas sólo había dos opciones?, ¿sólo teníamos que chequear una variable con posibilidades binarias?, ¿o empezábamos a pensar y pasábamos la noche dándole vueltas al tema?, “…puedo comprar la casa, pero y si varían las hipotecas, si pierdo el trabajo, si alguien de mi familia se enferma, si…, si…”

¿Por qué todo lo que se hace desde los estamentos de la política profesional parece tan fácil cuando la vida real no lo es? ¿Qué posibilidades tienen de que sus planes funcionen?

Carlos Vaz Ferreira, filósofo nacido en Montevideo, Uruguay y con un gran trabajo sobre los problemas y errores del razonamiento, dice que uno de los problemas de los razonamientos falaces es la falsa precisión: “…a veces la gente hasta evita, se defiende, diremos, de que se le den datos que la compliquen, como si tuviera miedo de la complejidad de las cosas, que desconcierta sus juicios, que quita a éstos su simplicidad y su geometrismo…”

También en su Lógica Viva, describe los errores de falsa oposición, lo que se conoce como falacia de falsa oposición. Éste método, a veces involuntario, pero sospecho que muchas veces voluntario, consiste en formar dos polos opuestos con dos ideas que no necesariamente lo son, por el contrario, pueden llegar a ser hasta complementarias, sin embargo se las hace excluyentes mutuamente.

Éste método tiene una ventaja adicional, deja fuera de la discusión todas las demás alternativas que no sean las dos propuestas. ¿Les suena conocido?

Toda esta introducción tiene como objetivo cuestionar la forma en que “la política” zanjó un tema eminentemente técnico como es el Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAIMC).

Hay estudios por demás interesantes, con mucho detalle, que han sido presentados como aporte a la discusión (modestamente presentamos el nuestro, que ha sido publicado por Transponder 1200); y salvo que la pregunta que daba origen al estudio fuera NAICM sí, NAICM no, los demás analizan la complejidad del tema, incluso algunos hemos propuestos soluciones más globales, con más variables incluidas, que llevan a repensar incluso el funcionamiento de algunas áreas que se sirven del transporte aéreo, y no el transporte aéreo como un ente.

¿Por qué se hace un plebiscito tan básico, que excluye la complejidad del problema?

¿Qué resultado trae aparejado esa forma de toma de decisiones?

Se debe recordar, aunque suene antipático, que la mayoría no siempre tiene la razón, sólo fue más hábil una parte para convencer a una proporción mayor de votantes.

Mientras los que votamos no tengamos consecuencias sobre nuestro voto, es decir, que no seamos corresponsables de las decisiones en las que participamos, votar sobre temas que no nos afectan, no debería ser algo válido.

También es cierto que el voto no debe estar basado en el interés puramente personal, para seguir con el caso del NAICM, no voy a votar a favor solamente porque trabajo en una empresa contratista del aeropuerto; el voto debe ser una decisión a conciencia, basada en firmes valores éticos, morales y en el deseo del bien público.

El plebiscito, que el Presidente electo de México tomó como vinculante, en mi opinión, ha condenado a México a elegir entre blanco o negro, cuando tenían la oportunidad de solucionar integralmente muchos problemas, y discutir abiertamente cuál era la mejor opción de uso de dineros públicos, que no son de un ente abstracto llamado Estado, son fruto de impuestos que se cobran, y deudas que se asumen en nuestro nombre.

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