¡Más aviación… menos política!

Llama la atención como cada vez más la política se mezcla con la aviación, lo que no necesariamente es una buena receta. Con una industria tan especial y que requiere de muchos conocimientos técnicos, pero más que nada, es compleja de entender, la política sigue interfiriendo o queriendo tener un mayor protagonismo.

Obviamente, una industria que tantos miles de millones de dólares mueve diariamente, deberá tener una conexión con la política, pero esto debe estar limitado a temas muy específicos como por ejemplo, otorgamiento de permisos, acuerdos bilaterales y otros.

El problema ahora nace de ofrecimientos y de interferir directamente con la industria, tal y como está pasando en México con la construcción del nuevo aeropuerto para la capital.

El caso de México

La construcción de un nuevo aeropuerto internacional tendría un gran costo de $13 mil millones para la Ciudad de México, pero todo parece que se cancelará a pesar de que el enorme proyecto de infraestructura se haya completado ya en un tercio del proyecto total.

Alrededor de un millón de personas votaron en un referéndum, que consultó sobre si continuar la construcción de un nuevo aeropuerto en Texcoco o renovar el actual Aeropuerto Internacional Benito Juárez y agregar dos pistas a una base militar en Santa Lucía, a unos 50 km al norte de capital.

La Fundación Arturo Rosenblueth, una institución sin fines de lucro que fue la responsable de contar los votos, dijo que 747,000 votos fueron para la opción de Santa Lucía y que 310,463 para continuar con el proyecto de Texcoco.

Sin embargo, la participación extremadamente baja representó menos del 1 por ciento del electorado de México.

La consulta pública de cuatro días fue lanzada por el presidente electo Andrés Manuel López Obrador, comúnmente referido por sus iniciales AMLO, quien asumirá el cargo el 1 de diciembre de 2018. ÉL argumentó que el nuevo aeropuerto estaba contaminado por la corrupción y sería un problema financiero y una carga para el país.

Aunque el resultado del referéndum no es legalmente vinculante, AMLO ha enfatizado que cumpliría con los resultados de la votación. El nuevo aeropuerto ha estado en construcción en el lecho drenado del lago Texcoco, ubicado al este de la Ciudad de México, desde el año 2015.

Un informe de la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA), publicado en abril de 2018, afirmaba que si el nuevo aeropuerto no se construye, podría significar 20 millones menos de pasajeros por año para el 2035.

Esto se traduce en un impacto negativo de hasta $20 mil millones en la contribución futura del PIB, agrega el informe, y hasta 200,000 empleos menos en México respaldados por la aviación al 2035.

“El aeropuerto actual está a punto de estallar. Sirve a 47 millones de pasajeros, casi el 50 por ciento sobre su capacidad de diseño de 32 millones”, dijo Peter Cerda, vicepresidente regional de IATA para las Américas.

“Un nuevo aeropuerto es vital para permitir que la Ciudad de México se beneficie más de su posición geográfica ideal que une a América del Norte y América Latina”.

La aviación ya apoya un millón de empleos y el 2.9 por ciento del PIB en México, incluida la contribución económica de los turistas extranjeros que llegan por aire.

Según las cifras proporcionadas por Sabre Market Intelligence, Benito Juárez International manejó 45.8 millones de pasajeros en 2017, frente a los 42.8 millones de los 12 meses anteriores. Durante los primeros seis meses de 2018, la cifra fue de 23,4 millones de pasajeros, un aumento del 5 por ciento en el primer semestre de 2017.

El aeropuerto es el más grande de México según la capacidad de salida, según muestran las estadísticas de OAG Schedules Analyzer, que representan el 31 por ciento de la capacidad nacional de ida y el 36 por ciento de los asientos de salida internacionales en 2018.

Este año se ofrecerán en total unos 29.4 millones de asientos en vuelos de salida desde esta terminal.

El caso de Chile

Hace pocos días, la Comisión de la Cámara de Diputados de Chile aprobó que se cambie el tradicional nombre del Aeropuerto Internacional de Santiago.

En este proyecto de ley, se cambiará el tradicional nombre de Arturo Merino Benítez por el del gran poeta Pablo Neruda.

Si bien, no es un cambio que afecte la aviación o la industria como tal, demuestra las “ganas” de la política de intervenir en varios diferentes niveles, en vez de preocuparse por lo que realmente fueron electos.

Cabe recordar, que Arturo Merino Benítez, quien fuese un condecorado militar chileno, es considerado prócer a la aviación de su país y fundador de la Fuerza Aérea de Chile, creador de la Línea Aeropostal Santiago – Arica (predecesora de LAN Chile), primera red de aeródromos y primer Club Aéreo de Chile, por lo que tenía bien ganado su reconocimiento en el principal aeropuerto de este país.

Por este cambio, la Comisión de la Cámara ofreció que mantendrá el nombre de Merino Benítez en la terminal doméstica del Aeropuerto de Santiago, pero dejando en un segundo plano a personaje tan emblemático para la aviación chilena.

Más aviación, menos política

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