¿Me pasa los calzones de mi capitán, por favor?

Después de varias horas de vuelo, la tripulación del Cessna 340 XC-CIY por fin llegó a Zacatecas procedente de Ciudad de México en la última pierna de ese vuelo realizado una noche del año 80, quizá 81, cuando aún se podían ejecutar operaciones de aviación general y ejecutiva en MMMX. El Capitán Manuel DM, licencia 1162 TPI y su copiloto, Enri, llegaron al hotel, se registraron y cada quien fue a su respectivo cuarto. 

El capitán, que era una persona de temple serio pero afable con las personas que estimaba, de temperamento y de fuerte carácter, se encontraba preparando sus cosas para el día siguiente mientras cenaba los alimentos que había pedido que le enviaran a la habitación. 


Enri, por su lado, estaba en la cama de su cuarto acostado mirando la televisión mientras se relajaba tomando una Coca Cola de vidrio, de las chiquitas con letras blancas que tanto le gustaban en esa época, hasta que fue interrumpido por una llamada de teléfono. 

Enri se levantó y atendió el aparato y enseguida reconoció la voz de su capitán con su común tono seco y directo… Aunque está vez sonaba un poco tímido y nervioso. 

“¡¿Cómo dice, Capitán?! Me está tomando el pelo, ¿Verdad?… Ah caray, no, no sé preocupe, ahorita mismo bajo” Enri no podía dar crédito a lo que había dicho su Capitán, pero de todas maneras dejó su Coca Cola en el escritorio, se puso sus zapatos y bajó las escaleras del hotel, salió al lobby y vió el cuarto de su Capitán, hizo cálculos y dibujó una línea recta desde el cuarto del Capitán Manuel hasta el piso de planta baja, caminó hasta ese cuarto y tocó a la puerta, nadie respondía, pero volvió a tocar. 

Eran las 11:30 de la noche y atendió la puerta un malhumorado huésped. ”¡¿Qué quiere?! ¡Qué horas para tocar!” Le dijo el desvelado y recién despertado por la fuerza huésped a Enri. “Disculpe la interrupción, sé que es tarde y no le daría molestias si no fuera algo… ‘peculiar’… Si no fuera mucha molestia, me podría pasar por favor los calzoncitos de mi capitán?” 

El huésped, incrédulo y quizá pensando que seguía soñando tuvo que constatar que había oído bien. “¡¿Qué dice?!, ¿Los qué?”. Enri sabía que no era una petición tradicional, por lo que con toda la calma le respondió “Si, los calzoncitos de mi capitán, creo que son blancos, según me dijo. Mire, el está hospedado 3 cuartos arriba del suyo y es la única muda de ropa que tenemos, pues venimos de vuelo y no teníamos pensado pernoctar aquí en Zacatecas. Mi capitán estaba lavando sus calzoncitos en la regadera y, cómo tenemos vuelo mañana, pues decidió ponerlos a orear en el balcón, pero con este viento se le volaron y cayeron por ahí, ¿Sería usted tan amable?” 

El huésped del cuarto de la planta baja tuvo un repentino cambio de humor al interesarse para saber si la historia era verdad, cerró la puerta y la volvió a abrir a los 2 minutos sosteniendo con su zapato la prenda íntima del Capitán Manuel, soltando una carcajada al entregárselas a Enri y desearle buena noche y buen vuelo. 

“Aquí tiene mi capitán, lo veo mañana para el desayuno y de ahí nos seguimos para hacer el prevuelo en cuanto hagamos el check out”. Le dijo Enri al entregarle la prenda a su capitán, quien solo asintió con la cabeza en forma de confirmación y soltando con lo mismo quizá su más expresivo agradecimiento, que a ojos de cualquiera que no lo conociera distaria de ello, con una cara roja como tomate de la pena, pero una calma que le haría relajarse. 

A partir de esa noche el Capitán Manuel empacaria siempre un par de calzoncillos en su maletín de vuelo, “just in case”, Enri habría ganado un mentor, el Capitán Manuel un aprendiz y ambos habrían comenzado una amistad entrañable.

Anecdotario Aeronáutico
Por: Luis E. Sanders
lesa@ixaviacion.com
twitter.com/luisesanders

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