Transporte aéreo ¿Uno de los mayores enemigos del medio ambiente?

El día de hoy 20 de septiembre se registraron en todo el mundo protestas climáticas levantando el interés de los gobiernos en torno a estas preocupaciones y afectando a la industria aérea.

Las Naciones Unidas convocarán una Cumbre la próxima semana y para bien o para mal, la aviación parece haber atraído mucha atención. En Europa, por ejemplo, se ha puesto de moda evitar volar con el movimiento flygskam, la palabra sueca que significa vergüenza de volar, la cual busca impulsar la preferencia de medios de transporte alternativos al aéreo, con el objetivo de reducir la huella de carbono.

La industria aérea se ha visto afectada a medida que más personas han comenzado a cuestionarse si todos estos vuelos baratos y los viajes aéreos constantes realmente son algo bueno. Esto se debe a que, según datos de la Agencia Ambiental Europea, un pasajero que viaja en tren con capacidad para 150 personas emite un total de 14 gramos de dióxido de carbono por kilómetro, mientras que si lo hace en un avión de 80 pasajeros, esa emisión será 285 gramos. 

Paralelamente, plantean que los aviones también emiten otros gases de efecto invernadero como el vapor de agua y óxido nitroso, que encima se registran alto en la atmósfera, lo que aumenta sus efectos negativos para el medio ambiente. 

Es así como un número significativo ha comenzado a tomar el tren, incluso para viajes más largos a Europa y otros están cancelando sus vuelos no esenciales. Un estudio en el país sueco reveló que el número de personas que optaron por no volar por razones ambientales el año pasado en un 23%, un aumento del 6% respecto al año anterior y otras más en Suecia han dejado de volar por completo. Inclusive se han sumado celebridades como Bjorn Ferry, un comentarista de televisión que necesita viajar a competiciones de esquí por su trabajo, ha decidido que formará parte del movimiento #stayontheground y solo tomará trenes.

 

La postura que han tomado algunos gobiernos en las reuniones de la Haya no es el prohibir volar, o negar sus beneficios económicos y sociales, sino simplemente pedirle a la industria que desempeñe su papel en la reducción de emisiones, como se le exige a todos los demás sectores. En estas reuniones, una de las principales conclusiones de los ministerios de finanzas en La Haya no fue solo que hubiera una forma de gravar el combustible, sino que la industria está muy ligeramente gravada. Ante esto, Alemania ha anunciado que tiene la intención de aumentar su impuesto sobre los boletos, lo cual impactará en la descarbonización de una forma muy superficial.

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