Boeing 737 MAX, un monumento a la corrupción

Esta semana se llevó a cabo la desafortunada comparecencia del ex presidente de Boeing, (ahora solo director) Dennis Muilenburg en el Senado de los Estados Unidos. Y digo desafortunada porque alguien que se precie a dirigir una compañía que se dedica a fabricar aeronaves, con el peso específico de la marca Boeing, no puede presentarse a confesar y mucho menos ocultar, lo que Muilenburg y su equipo hicieron.

A raíz de las pifias detectadas posterior a los accidentes de los Boeing 737 MAX, quedaba la duda si en algo pudo haber fallado el fabricante, pregunta que no se hacía desde los años 50 cuando la industria de fabricación de aeronaves revolucionó el mercado aeronáutico y los accidentes sucedían solo por fallas mecánicas múltiples, o error en vuelo.

No sólo fueron las fallas en los chips internos de las computadoras del sistema MCAS, no sólo fue que el sistema no le fue explicado en su totalidad a los operadores, tampoco fue sólo que el tiempo de reacción a una falla en el sistema no daba tiempo a los Pilotos para reaccionar, es que el sistema mismo debía haber sido considerado como nuevo y Boeing decidió engañar en la etapa de certificación del MAX a la Administración Federal de Aviación (FAA) a quien nunca le mencionó que el sistema MCAS no solo actúa independiente al estabilizador sino que su comportamiento agrava la situación en caso de falla del estabilizador.

Por si fuera poco, a una semana de la comparecencia de Muilenburg en el Senado, el Seattle Times dio a conocer la conversación entre dos Pilotos de prueba del MAX donde ponen de manifiesto que, desde las pruebas del simulador, el sistema MCAS no estaba operando como esperado y decidieron guardar silencio al respecto.

Además de la complicidad del silencio, el fabricante decidió no escribir en los manuales de entrenamiento de Pilotos al respecto del MCAS y qué esperar de ese sistema durante una falla.  

Nunca esperaron que los componentes del sistema MCAS completo fallaran, llevando con ello a la desgracia a dos de las aeronaves.

Nadie ha mencionado la palabra, pero lo sucedido en Boeing debe ser analizado como premeditado en aras de vender un producto que, de entrada, no merecía haberse llamado Boeing 737; se trataba desde el inicio de otra aeronave completamente diferente.

Boeing no quiso perder más tiempo, quiso a toda costa sacar un avión errático, con fallas y que no cumplía con los mínimos estándares de seguridad y lo peor de todo es que lo sabían. De este grave error no sólo aprenderán, le costará mucho trabajo a Boeing recuperar lo que ya han perdido, pues a todas luces y al otro lado del Atlántico, alguien ya les ganó.

¡Vuelos seguros para todos!

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