VASP 375, el casi ’11 de septiembre’ brasileño cumple treinta años

Hace exactamente treinta años, el 29 de septiembre de 1988, los periódicos y redes de televisión brasileñas tenían un único titular en circulación: El secuestro de un Boeing 737 de la Viação Aérea São Paulo (VASP) por el Joven Raimundo Nonato, que armado con un revólver, tenía un único objetivo, asesinar al Presidente de la República.

El secuestro digno de producción hollywoodense tenía como fondo un país con una situación económica caótica, una fuerte recesión, desempleo y alta tasa de inflación. Habiendo perdido su empleo en la construcción civil, el nordestino Raimundo Nonato Alves da Conceição decidió castigar el responsable de la situación del país impactando un avión en contra el Palacio del Planalto, sede del gobierno brasileño.

Durante la mañana de este día, un jueves, Nonato decidió poner su plan en práctica adquiriendo un pasaje para abordar al VP375, vuelo rutinario que conectaba a Porto Velho, en el extremo norte del país, a Río de Janeiro con escalas en Brasília, Goiânia y Belo Horizonte, en dicha ocasión, operado por el Boeing 737-300 matrícula PP-SNT. Y fue en el último tramo que el secuestrador-justiciero decidió actuar.

Como en aquella época los aeropuertos no tenían grandes estándares de seguridad y no había aparatos de rayos X ni detectores de metal, alrededor de las 10:00LT (GMT-3) de la mañana, armado con un calibre .32, Nonato abordó el vuelo sin mayores dificultades para totalizar 98 pasajeros en el corto vuelo hacia Río de Janeiro. Además, siete tripulantes a bordo, liderados por el Capitán Fernando Murilo de Lima y su Primer Oficial Salvador Evangelista.

Finalizado el embarque y demás procedimientos previo al vuelo, a las 10:42LT el Boeing despegó del Aeropuerto Internacional de Belo Horizonte-Confins -más tarde nombrado como Presidente Tancredo Neves, quien venció la elección con Sarney como Vicepresidente, pero falleció antes de tomar posesión- en dirección al Internacional de Río de Janeiro-Galeão.

Veinte minutos después del despegue, ya en espacio aéreo fluminense (de Río de Janeiro), Nonato se levantó de su asiento y caminó hacia la parte delantera de la aeronave, donde se localiza el baño y la galley frontal. Con el revolver ocultado en la cintura debajo de su camisa, forzó la puerta de la cabina queriendo entrar. Al observar la situación, un sobrecargo decide ayudarlo creyendo que había confundido la puerta de la cabina con la del baño.

Al acercarse, Nonato saca el arma de la cintura y dispara contra la cabeza del sobrecargo, que afortunadamente el proyectil sólo dejó un raspón en la oreja. Nervioso, continúa forzando la puerta, pero sin éxito. Entonces empieza a disparar contra la cerradura. Los tiros golpean el panel de la aeronave y alcanzan la pierna de un mecánico de la aerolínea que viajaba en jump seat.

Frente a la situación, el Capitán Murilo decide abrir la puerta para negociar con Nonato, que ordena desviar el Boeing a Brasília; paralelamente, el capitán cambia el Transponder para 7500, código para la situación de secuestro, sin que el secuestrador pudiera percatarse. Al percibir el cambio, el control de tráfico aéreo pide que la tripulación confirme el secuestro.

Fue cuando el Primer Oficial Evangelista, que se bajó para recoger el micrófono que había caído en medio de la confusión y confirmar la situación a bordo, fue alcanzado fatalmente en la cabeza por un disparo de Nonato. Posteriormente, apuntó el arma a la cabeza del Capitán y ordenó que él desviara inmediatamente a Brasília – o sería la próxima víctima.

Sin poder de acción y sobre la mira de un revolver, el Capitán Murilo inicia la desviación hacia Brasília y contesta al secuestrador sobre su intención. Más claro, imposible: Lanzar el avión en contra el Palacio del Planato para asesinar al presidente. Dos horas después de su despegue, la aeronave se acerca al espacio aéreo de la capital brasileña. A la espera de ellos, cazas Mirage III de la Fuerza Aérea Brasileña.

Pero había un pequeño problema… combustible. La aeronave llevaba más de dos horas en el aire después de haber despegado con una natural autonomía para un vuelo de corta duración, pronto se quedaría sin combustible. El Capitán Murilo muestra a Nonato los indicadores de combustible y después de mucha resistencia, el secuestrador autoriza un aterrizaje de emergencia. Sin embargo, no en Brasília ni en la Base Aérea de Anapólis, cerca de allí. Pero en Goiânia, a 202 kilómetros de distancia.

Pero el Capitán es enfático: No hay suficiente combustible. En los tanques le quedaban sólo para continuar volando por lo menos 15 minutos de vuelo. Pero el secuestrador no retrocede en la decisión y ordena Murilo desviar a Goiânia. Minutos más tarde, con los motores a punto de apagarse, el Capitán observa el Aeropuerto Santa Genoveva a su frente. Sin embargo, Nonato retrocede en su decisión y ahora exige una desviación hacia a São Paulo.

Es cuando en una actitud de desesperación para eludir la situación y frenar al secuestrador, el Capitán toma una decisión: Realizar una maniobra tonneau barril con su Boeing 737; maniobra sin precedentes en la aviación comercial, a excepción de una demostración realizada a bordo de un prototipo del Boeing 707 bajo el mando del renombrado pilotos de pruebas estadounidenses, Tex Johnson. La maniobra consiste en el desplazamiento del avión a 360º grados sobre su propio eje y finalizar parcialmente con un looping para estabilizarlo.

El secuestrador consigue agarrarse en la cortina que separa la galley con la cabina de pasajeros. De nuevo, para derribarlo, el Capitán Murilo realiza otra maniobra: Inclina la nariz del avión, poniéndola en condición de pérdida de sustentación; posteriormente, baja la nariz e inicia un rápido descenso en espiral. Por la fuerza G generada por la maniobra, Raimundo Nonato es lanzado al fondo de la aeronave, que segundo más tarde, pierde el primer motor pero consigue aterrizar de emergencia con seguridad en Goiânia. 

Después de aterrizar en el aeropuerto de Santa Genoveva en Goiânia, la aeronave se detiene en la pista. No tenía más combustible y sufrió daños en los estabilizadores horizontales como resultado de las maniobras evasivas que el capitán había realizado anteriormente. El secuestrador, quien había caído en el fondo de la aeronave, se levanta y sigue en dirección a la cabina, donde ordena que Murilo solicite el reabastecimiento de la aeronave para que puedan despegar de regreso a Brasília. 

En esto, el aeropuerto ya había sido rodeado por militares y toda su operación, suspendida. El secuestrador entonces ordena que el capitán solicite la torre de control, ocupada por los militares, un Mirage III para que él pueda huir. Durante varias horas en medio de la larga negociación, las autoridades, planeando neutralizarlo, le ofrecen un Embraer 110 Bandeirantes de la Fuerza Aérea Brasileña para que pudiera ‘huir’ de Goiânia.

Se aproxima la noche cuando el Embraer aterriza en Goiânia y se posiciona al lado de la puerta del 737. A bordo, un francotirador de la Policía Federal. ¿El plan? Una vez que Nonato saliera del Boeing hacia el Embraer, bajando la escalera del avión, el sniper aparecería y neutralizaría al secuestrador. Pero, parcialmente, el plan no fue tan exitoso como se planeaba.

Esto porque cuando Raimundo fue a cambiar de avión, decidió llevar al Capitán Murilo junto con él, como escudo humano. Descendiendo las escaleras del Boeing 737, Nonato desconfió que las autoridades podrían estar armando un plan para matarlo y después de segundos parado en medio de la escalera, decidió volver al interior del avión secuestrado. Fue cuando el francotirador accionó rápidamente en la puerta del Embraer y disparó contra él, pero falló el primer tiro. 

Nonato, entonces, para vengarse, disparó contra el Capitán Murilo, que fue alcanzado en la pierna por el tiro. Cuando cayó en las escaleras, el agente federal abrió fuego contra el secuestrador, que a pesar de ser múltiples veces herido, sobrevivió. Rápidamente, los militares se aproximaron a la aeronave, rescatando al piloto y al secuestrador, ambos trasladados a un hospital, sin riesgos de muerte. Cuando sería trasladado a la cárcel, misteriosamente, el secuestrador amaneció muerto en su lecho en el hospital. 

Después de su recuperación, el Capitán Murilo decidió abandonar la aviación, pero no por mucho tiempo. Regresó a VASP, donde voló hasta su quiebra en 2005. Posteriormente, se convirtió en profesor del curso de Ciencias Aeronáuticas en una universidad en Brasil, pero nuevamente volvió a la aviación, donde voló en Avianca y por último, en Rio Linhas Aéreas, hasta su jubilación en 2017.

Después del incidente, la aeronave permaneció en tierra por algunos días, posteriormente fue reparada y volvió a volar en VASP hasta diciembre de 1992, cuando se vendió la compañía de leasing financiero Guinness Peat Aviation, que traspasó el avión con matrícula EI-CHD a Morris Air Service, del brasileño nacionalizado estadounidense David Neeleman, fundador de Azul Líneas Aéreas. Dos años más tarde, en 1995, la aerolínea fue incluida en la flota de Southwest y el avión rematriculado como N698SW, permaneció en operaciones hasta el 2013. 

Fernando Murilo, aclamado como héroe por haber evitado una tragedia de gran magnitud, sólo fue homenajeado trece años después del incidente, en octubre de 2001, cuando recibió el trofeo de Destacado Aeronauta por el Sindicato Nacional de los Aeronáuticos (SNA) por salvar la vida de los casi un centenar de pasajeros a bordo y su tripulación. Según él, el Presidente José Sarney nunca le agradeció por evitar un casi atentado terrorista que podría haber terminado con su vida.

Una historia poco conocida, en este aniversario de treinta años, una productora de películas brasileña anunció que el suceso saldrá de las olvidadas páginas de los periódicos y podría verse en la pantalla grande a través de un largometraje que deberá llegar a las salas de cine de Brasil en los próximos años. La película podría ser titulada ‘El Secuestro del Vuelo 375’. 

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